Archie Goodburn, el nadador que compite por los ‘Archies del futuro’
Javier Nieto
agosto 1, 2026

Archie Goodburn regresó al mismo lugar en el que había contemplado los Juegos de la Commonwealth de 2014 cuando todavía era un niño. Doce años después, el nadador escocés ocupó una de las calles de Tollcross y recibió una de las mayores ovaciones de Glasgow 2026. Alcanzó la final de los 50 metros braza, registró el mejor tiempo de reacción y compartió la séptima posición con el canadiense Oliver Dawson mediante una marca de 27,42 segundos. También nadó la posta de braza del relevo 4×100 estilos que Escocia terminó en quinta posición. “El sueño era ganar una medalla. No se cumplió, pero sé que tendré recuerdos para toda la vida”, reconoció al finalizar su participación.

La relación de Goodburn con los escenarios comenzó mucho antes de sus primeras competiciones internacionales. Nació en Edimburgo en 2001 y, con doce o trece años, interpretó en solitario ‘What a Wonderful World’ durante el Royal Edinburgh Military Tattoo. Cantó ante unas 10.000 personas cada noche durante alrededor de veinte funciones y posteriormente regresó al espectáculo caracterizado como un picto. En el colegio también formó parte de un equipo de natación que viajó a Londres para disputar la Bath Cup. “Fuimos con una misión: ganar las dos pruebas y batir los dos récords. Lo conseguimos”, recuerda. Las amistades creadas entonces continúan formando parte de una vida que pronto empezó a organizarse alrededor de los entrenamientos, los estudios y las competiciones.

De una décima olímpica a tres tumores cerebrales

Su progresión lo situó entre los principales bracistas británicos de su generación. En 2019 consiguió el bronce mundial júnior en 50 metros braza y subió también al podio europeo de su categoría. Después compitió en Birmingham 2022, se proclamó campeón británico de 50 braza en 2023 y obtuvo una medalla europea en piscina corta. Su siguiente objetivo era París 2024. Sin embargo, durante los meses anteriores a las pruebas de clasificación comenzó a perder fuerza, sentía entumecimiento en el lado izquierdo y experimentaba náuseas y episodios intensos de déjà vu. “Sentía como si mi conciencia se estuviera alejando de mí”, explicaría posteriormente.

Goodburn terminó tercero en los 100 metros braza de las pruebas británicas de abril de 2024, por detrás de Adam Peaty y James Wilby, y se quedó a unas décimas de obtener una plaza olímpica. En aquel momento todavía desconocía que los episodios sufridos durante los entrenamientos eran convulsiones. Una resonancia y una biopsia revelaron en mayo la existencia de tres oligodendrogliomas profundos, inoperables e incurables. Los médicos le plantearon inicialmente un tratamiento con radioterapia y quimioterapia y le advirtieron sobre la gravedad de la enfermedad. Seis semanas después de la intervención regresó a una piscina de competición y ganó los 50 braza del Abierto de Escocia en 28,13 segundos. “Mi cabeza es un lugar bastante ocupado ahora mismo. Solo quería volver a competir por mí”, señaló tras aquella carrera.

Un medicamento para ganar tiempo

El acceso al vorasidenib le permitió aplazar la radioterapia y la quimioterapia. El medicamento bloquea una proteína relacionada con el crecimiento de determinados gliomas y ha conseguido estabilizar la evolución de sus tumores, pero Goodburn evita presentarlo como una cura. “Según los ensayos, el vorasidenib solo me ha comprado cuatro años. Necesito más y no voy a dejar de reclamar cambios mientras pueda hacerlo”, afirmó. Paralelamente recuperó su rendimiento deportivo y, en febrero de 2026, estableció el récord escocés de 50 braza con 27,12 segundos. Aquella progresión le permitió volver a representar a su país en una gran competición internacional durante los Juegos de Glasgow.

La enfermedad también transformó su formación académica. Goodburn comenzó a estudiar Ingeniería Química en la Universidad de Loughborough, pero regresó a Edimburgo después del primer curso para encontrar un equilibrio mejor entre la natación y los estudios. En el último año del grado eligió investigar la utilización de nanopartículas para administrar medicamentos contra el cáncer cerebral. En julio de 2026, pocos días antes de competir en Tollcross, completó con la máxima calificación un máster de Ingeniería Química en la Universidad de Edimburgo después de siete años de formación. “Hubo momentos en los que pensé que nunca llegaría a terminarlo”, admitió. Su pareja, la también nadadora escocesa Ciara Schlosshan, sus familiares, amigos y compañeros han formado la red de apoyo con la que ha mantenido las dos trayectorias.

La campaña que Goodburn considera otro tratamiento

El diagnóstico llevó al nadador a impulsar Brain Cancer Justice, una campaña que reclama aumentar la investigación sobre los tumores cerebrales y facilitar el acceso de los pacientes a tratamientos y ensayos clínicos. Entre sus propuestas aparecen la utilización completa de los fondos públicos comprometidos para la investigación, la extensión de la secuenciación genómica, la creación de una dirección nacional específica y el reconocimiento de un mayor derecho a probar medicamentos experimentales. “Crecí representando a mi país y quiero ver ahora a mi país apoyándome”, sostiene. Goodburn considera que esa actividad pública también puede modificar su propio pronóstico: “Hago campaña por la desigualdad en la atención y la falta de financiación, pero también porque puede cambiar mi futuro. De alguna manera, es un tratamiento en sí mismo”.

En Glasgow tuvo que responder a una pregunta que resume su nueva vida: si se encontraba allí como deportista profesional o como defensor de los pacientes. “Soy las dos cosas”, contestó. Los 50 metros braza formarán parte por primera vez del programa olímpico en Los Ángeles 2028 y Goodburn mantiene esa clasificación entre sus objetivos. Sin embargo, después de la final de la Commonwealth situó otro propósito por delante de cualquier medalla: contribuir a que el cáncer cerebral deje de ser el cáncer que más personas menores de 40 años mata en Reino Unido. “Defiendo estos cambios para intentar prolongar mi vida, pero también por los jóvenes y adultos que atraviesan lo mismo”. Son los pacientes a los que denomina los ‘Archies del futuro’.