EL SILENCIO DE LAS FIs
La arquitectura olímpica está cambiando. Pero ¿quién protege el lugar institucional de las federaciones internacionales dentro de ella?
Las federaciones internacionales se reunieron en Lausana en un momento decisivo para el futuro del Movimiento Olímpico.
Hablaron de cooperación, sostenibilidad, tecnología, participación y adaptación. Escucharon la visión de futuro del COI y reconocieron la necesidad de cambiar.
Sin embargo, una pregunta fundamental apenas tuvo presencia en el debate público: ¿quién defiende la posición institucional de las propias federaciones internacionales?
El silencio no es una ausencia de palabras. Es la ausencia de una respuesta colectiva suficientemente visible ante un cambio en el reparto del poder institucional.
Y esa distinción importa.
El COI sabe adónde va
Kirsty Coventry ha actuado con rapidez.
La agenda Fit for the Future del COI está pasando de la consulta a la aplicación. El programa olímpico avanza hacia un marco de evaluación más flexible, basado en disciplinas, en el que la sostenibilidad, la relevancia, el coste y la conexión con el público determinarán las decisiones futuras.
Son objetivos estratégicos legítimos. Los Juegos Olímpicos no pueden crecer indefinidamente y el COI tiene la responsabilidad de proteger su relevancia, su sostenibilidad y su viabilidad a largo plazo.
Coventry parece saber qué quiere de la nueva arquitectura olímpica. Ha actuado con rapidez para conseguirlo. Eso es liderazgo. La pregunta que plantea Lausana es otra: ¿saben las federaciones internacionales con la misma claridad qué necesitan proteger dentro de ella?
El COI ha fijado su rumbo y está ejerciendo la autoridad de la que dispone.
El COI está haciendo su trabajo. La pregunta es si las federaciones internacionales están haciendo el suyo.
El cambio institucional llegó antes de Lausana
La transformación decisiva no comenzó en el Foro de SportAccord.
Ya había empezado con los cambios en la Carta Olímpica y en el marco que regula el programa olímpico.
La eliminación de la lista de deportes olímpicos que antes figuraba en la Carta, junto con la introducción de una evaluación por disciplinas, supone un paso importante en una evolución más amplia hacia una mayor flexibilidad del programa olímpico.
El COI ya disponía de una autoridad considerable sobre el programa. La importancia de los últimos cambios no reside en que esa autoridad haya aparecido de repente, sino en que el marco institucional que determina el futuro de cada deporte y disciplina se ha vuelto más flexible.
Las consecuencias van más allá de Brisbane 2032.
Cuando el programa se vuelve más flexible, la posición futura de cada deporte y disciplina depende cada vez más de las evaluaciones, las prioridades estratégicas y las decisiones posteriores.
Eso cambia los incentivos institucionales.
Cada federación tiene un interés comprensible en demostrar su relevancia, cumplir los nuevos criterios y mantener una relación constructiva con el COI.
Desde una perspectiva individual, ese planteamiento puede ser racional.
Sin embargo, desde una perspectiva colectiva, plantea una pregunta de mucho mayor alcance:
Si cada federación lucha por proteger su propio lugar en el programa olímpico, ¿quién lucha por proteger el lugar de las federaciones en el sistema olímpico?
ASOIF: negociar el proceso, no el poder
Las federaciones internacionales no han permanecido completamente en silencio.
La estrategia 2026–2032 de ASOIF identifica objetivos institucionales importantes, entre ellos unos criterios transparentes para el programa, una participación efectiva en la toma de decisiones y la protección de los intereses colectivos de las federaciones.
En Lausana, ASOIF pidió un proceso de evaluación transparente y basado en evidencias, tiempo suficiente para que las federaciones afectadas comprendieran la metodología y un diálogo efectivo con el COI.
También solicitó trasladar las decisiones correspondientes sobre Brisbane 2032 de diciembre de 2026 a la Sesión del COI de abril de 2027.
Eran peticiones legítimas y de fondo. Demostraron que la representación colectiva de las federaciones olímpicas de verano estaba dispuesta a intervenir públicamente en el proceso.
Pero también pusieron de manifiesto la distinción institucional clave.
ASOIF cuestionó el calendario y las condiciones del proceso. No cuestionó públicamente el reparto de la autoridad para tomar decisiones.
Las federaciones pidieron más tiempo y una mayor participación antes de que se adoptaran las decisiones.
Lo que no se expresó públicamente fue una demanda colectiva igual de explícita para reconsiderar el equilibrio de la autoridad institucional dentro del nuevo marco.
Eso no equivale a no hacer nada. Pero tampoco equivale a negociar el poder.
El instinto de supervivencia individual
Un comunicado de la Federación Internacional de Sambo posterior al Foro ofreció un ejemplo revelador.
FIAS explicó que comprender las nuevas prioridades y exigencias del COI le ayudaría a adaptar su estrategia a largo plazo mientras busca la inclusión olímpica.
Para una federación que aspira a entrar en el programa olímpico, es una postura perfectamente comprensible.
Pero el mecanismo que subyace merece atención.
El COI define el rumbo. La federación estudia los requisitos. La federación se adapta.
FIAS no puede representar el comportamiento de todas las federaciones olímpicas. Sus intereses y posiciones institucionales difieren considerablemente.
No obstante, el ejemplo ilustra cómo la incertidumbre sobre la inclusión olímpica puede fomentar la adaptación individual en lugar de la negociación institucional colectiva.
Lo que puede ser racional para cada federación por separado puede resultar peligroso para el conjunto de las federaciones.
Cuanto más se concentre cada federación en asegurar su propio futuro olímpico, más difícil puede resultar establecer una posición común sobre el futuro institucional de las propias federaciones.
SportAccord: otra forma de medir la relevancia
También hay una ironía institucional en torno a SportAccord.
La disolución de GAISF puso fin a una estructura histórica de representación colectiva de las federaciones internacionales. SportAccord asumió posteriormente algunas de sus actividades y mantuvo vínculos institucionales con las organizaciones que agrupan a las FI.
Hoy, sin embargo, su identidad pública pone cada vez más énfasis en las conferencias, los contactos profesionales, las relaciones comerciales y el acceso a quienes toman las decisiones.
Estas actividades pueden ser útiles, pero no equivalen a una autoridad institucional colectiva.
Para una organización que en su día representó poder institucional, aspirar a convertirse en el lugar donde se reúnen quienes todavía lo ostentan no es un nuevo papel. Es una medida de su declive.
Es una valoración institucional, no una negación del valor de sus eventos. La pregunta más amplia es si la comunidad de federaciones internacionales ha sustituido la influencia institucional colectiva que antes se asociaba a sus antiguas estructuras o si simplemente ha encontrado nuevos lugares donde reunirse.
El silencio que importa
Nada de esto demuestra que las federaciones internacionales estén de acuerdo con todos los aspectos del rumbo que ha tomado el COI.
Tampoco demuestra que tengan miedo, sean indiferentes o carezcan de capacidad de respuesta.
No es un juicio sobre lo que las federaciones puedan estar diciendo en privado. Es una observación sobre lo que no están diciendo en público.
La cuestión central no es si las federaciones participan en debates, asisten a reuniones o piden ser consultadas.
Está claro que lo hacen.
La cuestión es si su posición institucional colectiva se está defendiendo con la misma claridad y determinación con la que el COI impulsa su propia estrategia.
El COI tiene todo el derecho a buscar un programa olímpico más flexible y sostenible.
Las federaciones internacionales tienen una responsabilidad igual de importante: definir qué deben significar una colaboración efectiva, la participación institucional y las garantías colectivas dentro de ese programa.
La cooperación es esencial. La consulta es valiosa. La adaptación puede ser necesaria.
Pero ninguna de ellas garantiza automáticamente la influencia institucional.
Lausana ofreció una imagen reveladora de un sistema olímpico en transformación: un COI que avanza con decisión hacia la aplicación de sus planes, unas federaciones que buscan garantías sobre el procedimiento y una cuestión fundamental de autoridad colectiva que sigue sin abordarse suficientemente en público.
Puede que la batalla se perdiera antes de que las federaciones siquiera se dieran cuenta de que aún quedaba algo por negociar.
Pero quizá el mayor peligro no sea que la batalla ya esté perdida.
Es que las federaciones descubran qué necesitaban defender solo cuando la nueva arquitectura se haya vuelto irreversible.
