La hoja de ruta del COI: dinero, neutralidad y control político del Movimiento Olímpico
Víctor García
julio 3, 2026

Las grandes transformaciones dentro del Movimiento Olímpico no siempre llegan acompañadas de reformas espectaculares o cambios en la Carta Olímpica. En muchas ocasiones se construyen a partir de decisiones aparentemente aisladas que, analizadas en conjunto, revelan una dirección política clara. Es precisamente lo que está ocurriendo en las primeras semanas del mandato de Kirsty Coventry al frente del Comité Olímpico Internacional.

La aprobación del Informe Anual de 2025 durante la 146ª Sesión del COI, las dudas sobre una de las sedes previstas para Brisbane 2032, la negativa a reconocer a Groenlandia y las Islas Feroe como nuevos comités olímpicos nacionales o el regreso de Bielorrusia a las competiciones continentales forman parte de una misma fotografía. Cuatro asuntos diferentes que reflejan cómo el COI pretende reforzar su papel como eje institucional, financiero y político del deporte mundial.

El dinero como principal argumento de legitimidad

Uno de los mensajes más relevantes del Informe Anual aprobado por el COI pasa casi desapercibido entre los datos económicos. La organización asegura haber destinado alrededor de 600 millones de dólares al Movimiento Olímpico durante el primer año del ciclo 2025-2028 mediante contribuciones directas, actividades, programas y proyectos.

La cifra tiene una lectura mucho más profunda que la puramente financiera. En un momento en el que numerosas federaciones internacionales continúan dependiendo en gran medida de la redistribución económica del COI, este mensaje sirve para reforzar la legitimidad institucional de la nueva presidencia.

El COI no sólo regula el Movimiento Olímpico, sino que continúa siendo su principal estabilizador financiero. Una idea especialmente importante para los comités olímpicos nacionales, que mantienen buena parte de sus programas gracias a la Solidaridad Olímpica, y para unas federaciones internacionales cada vez más preocupadas por la sostenibilidad de sus competiciones.

Brisbane 2032 pone a prueba el nuevo modelo olímpico

La revisión del proyecto para celebrar las pruebas de remo y piragüismo en el río Fitzroy demuestra que la flexibilidad prometida por el COI para reducir costes también tiene riesgos. Las preocupaciones sobre la presencia de cocodrilos, las corrientes, las inundaciones potenciales o la igualdad de las condiciones de competición han obligado a World Rowing a revisar la idoneidad técnica de la sede.

Más allá de la anécdota, el debate afecta directamente al modelo de organización de Brisbane 2032. La apuesta por utilizar instalaciones repartidas por diferentes regiones pretende reducir inversiones y aprovechar infraestructuras existentes, pero también puede generar conflictos cuando las decisiones políticas chocan con las necesidades técnicas de cada deporte.

El COI y el reconocimiento de nuevos países

Otra de las decisiones con mayor carga institucional ha sido el rechazo a la petición de Dinamarca para que Groenlandia y las Islas Feroe puedan competir como equipos olímpicos independientes.

El COI ha reiterado que únicamente pueden obtener reconocimiento los estados independientes reconocidos por la comunidad internacional, manteniendo así el criterio establecido desde mediados de los años noventa.

La decisión cierra, al menos por ahora, uno de los principales debates sobre soberanía dentro del Movimiento Olímpico. También evita abrir la puerta a nuevas solicitudes procedentes de otros territorios con distintos grados de autonomía política, un escenario que podría alterar el equilibrio institucional construido durante las últimas décadas.

Neutralidad con decisiones concretas

Después de que el Comité Ejecutivo levantara las restricciones que afectaban a Bielorrusia y de que la Federación Internacional de Voleibol diera el primer paso en mayo, la Confederación Europea de Voleibol se prepara para permitir el regreso de las selecciones masculina y femenina bielorrusas a las competiciones continentales.

El movimiento tiene un valor político evidente. La reintegración deja de ser únicamente una declaración de principios del COI para convertirse en una realidad competitiva dentro de las federaciones continentales. Al mismo tiempo, confirma que el proceso de regreso de Bielorrusia avanza a mayor velocidad que el de Rusia.

En apenas unas semanas, la presidencia de Kirsty Coventry empieza a dejar claras algunas prioridades. Mantener la capacidad financiera del COI como elemento de cohesión, preservar la arquitectura institucional del Movimiento Olímpico, trasladar la neutralidad del plano político al deportivo y demostrar que la flexibilidad organizativa de los futuros Juegos no puede comprometer la seguridad ni la integridad de la competición. Cuatro decisiones distintas que, juntas, dibujan el rumbo que pretende seguir el Comité Olímpico Internacional en los próximos años.