Matt Stutzman vuelve para intentar lo que ningún arquero ha logrado
Javier Nieto
agosto 9, 2026

“Quiero que los jóvenes deportistas con discapacidad vean que no tienen que aceptar la definición que otra persona haga de sus límites. También quiero demostrar que, cuando entro en el campo de tiro, no soy solo un gran arquero paralímpico: soy uno de los mejores arqueros del mundo”. Así anunció Matt Stutzman su regreso a la competición después de retirarse a finales de 2024. El campeón paralímpico de París 2024 tratará de conseguir la única plaza masculina de arco compuesto de Estados Unidos para los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028, donde esta modalidad debutará mediante una prueba por equipos mixtos. Si lograra clasificarse y subir al podio, se convertiría en el primer arquero con medallas olímpicas y paralímpicas y, según los registros del movimiento paralímpico, en el segundo deportista que lo consigue después del esgrimista húngaro Pál Szekeres. Es todavía una posibilidad lejana: antes deberá imponerse a los principales especialistas estadounidenses y obtener un puesto reservado a un solo hombre.

“Pensaba que ganar el oro en París era el final perfecto para mi carrera”, explicó Stutzman a USA Archery. “Pero cuando el arco compuesto fue añadido al programa olímpico de Los Ángeles, comprendí que mi historia quizá no había terminado. Tengo la oportunidad de intentar algo que nunca se ha hecho y tengo que realizar ese disparo”. Su decisión reabre una trayectoria que había cerrado con otra frase: “El tiro con arco me ha dado el mundo y ahora es el momento del siguiente capítulo de mi vida”. A sus 43 años, ese capítulo vuelve a conducirlo hacia un arco que descubrió por necesidad, después de una infancia dedicada a encontrar su propia manera de hacer aquello que los demás resolvían con las manos.

Una infancia aprendiendo a adaptarse

Stutzman nació el 10 de diciembre de 1982 en Kansas City, Kansas, sin brazos y sin que los médicos encontraran una explicación concreta. Según relató posteriormente, sus padres biológicos recibieron pronósticos que aseguraban que nunca sería autónomo y que sus cuidados costarían millones de dólares. Fue dado en adopción cuando tenía aproximadamente tres meses y pasó los diez siguientes bajo cuidado temporal, hasta que Leon y Jean Stutzman lo adoptaron a los 13 meses. Creció en una granja de Iowa, junto a siete hermanos y dentro de una familia vinculada a la comunidad menonita. Sus nuevos padres aplicaron una idea que él ha conservado durante toda su vida: prepararlo para desenvolverse en el mundo, en lugar de esperar que el mundo se adaptara permanentemente a él. Si necesitaba atarse los zapatos, comer, escribir o completar una tarea doméstica, debía intentar encontrar primero su propia solución. Con el tiempo aprendió a asearse, conducir, alimentar al ganado y reparar maquinaria utilizando los pies.

El tiro con arco no apareció hasta 2010, cuando tenía 28 años, cuidaba de sus hijos en casa y buscaba una forma de contribuir a los ingresos familiares. Después de ver una competición por televisión, escribió en internet cómo podía una persona sin brazos disparar un arco, pero no encontró ningún ejemplo. En una tienda le recomendaron comprar una ballesta porque se utilizaba de forma parecida a un arma de fuego; Stutzman insistió en adquirir un arco compuesto convencional, aunque todavía no sabía cómo iba a dispararlo. Desarrolló una técnica propia: sujeta el arco con el pie derecho, coloca la flecha con los dedos del izquierdo, conecta la cuerda a un disparador fijado cerca del hombro y se inclina hacia atrás para tensarla antes de activar el mecanismo con la mandíbula. Salvo ese dispositivo, ha utilizado esencialmente el mismo material que otros competidores. Cuando alguien insinuó que su primer patrocinador solo lo apoyaba porque no tenía brazos, comenzó a entrenar hasta ocho horas diarias. Dos años después de descubrir este deporte ganó la plata en los Juegos Paralímpicos de Londres 2012.

De las decepciones al oro de París

La plata lo convirtió en uno de los nombres más reconocibles del para tiro con arco, pero su carrera no siguió una progresión sencilla. En 2015 acertó un blanco desde 310 yardas —unos 283 metros— y estableció un récord Guinness de distancia para un disparo preciso, sin distinción entre arqueros con o sin discapacidad. Dos años después ganó el título masculino de compuesto en los US National Target Championships, compitiendo frente a arqueros sin discapacidad, y en 2022 se proclamó campeón mundial de para tiro con arco en Dubái. Los Juegos, sin embargo, se convirtieron en una fuente de frustración: quedó eliminado en octavos de final tanto en Río 2016 como en Tokio 2020. Llegó a Río con una lesión en la pierna con la que dispara y en su última flecha se rompió el culatín; en Tokio descubrió al llegar que su arco había resultado dañado durante el viaje. También reconoció una dificultad mental: “En el pasado, cuando he perdido en los Juegos, ha sido por un obstáculo mental. No puedo creer que haya fallado un disparo, se queda en mi cabeza y entonces vuelvo a realizar otro mal disparo”.

Para su cuarta participación paralímpica modificó la preparación. Llegó a guardar el arco durante dos meses para trabajar únicamente la confianza y recurrió a los saltos en paracaídas para aprender a controlar la adrenalina: disparaba, subía a un avión, saltaba y volvía a entrenar nada más aterrizar, mientras el corazón todavía permanecía acelerado. Su presencia en París tampoco estuvo asegurada hasta el final. Comenzó la última fase de las pruebas estadounidenses en séptima posición y remontó hasta la segunda para obtener la plaza. Su entonces prometida, Jessica Wasson, promovió una campaña con un objetivo de 35.000 dólares para que pudieran acompañarlo los cinco hijos de la familia, sus padres y dos hermanas. Era la primera vez que lo veían competir presencialmente en unos Juegos. Tras clasificarse decimonoveno en una ronda marcada por nuevos problemas con el material, Stutzman avanzó hasta las eliminatorias decisivas, superó dos desempates y derrotó en la final al chino Ai Xinliang con 149 puntos sobre 150, nuevo récord paralímpico. Doce años después de Londres, había conseguido el oro frente a su familia en lo que denominó sus ‘Juegos de los recuerdos’.

Del automovilismo a un último objetivo con el arco

La retirada no significaba que Stutzman fuera a dejar el deporte. Desde niño había querido convertirse en piloto: cuando tenía ocho o nueve años, un conocido entregó a su padre una motocicleta averiada y le dijo que podría quedársela si conseguía repararla. Pasó el verano desmontándola y logró ponerla en funcionamiento. “A la moto no le importaba que yo no tuviera brazos; funcionaba para mí”, recordaría años después. Durante más de una década fue aumentando progresivamente la velocidad de sus vehículos hasta obtener una licencia de la National Hot Rod Association -NHRA-. Su coche mantiene un diseño muy próximo al convencional, pero el volante está situado junto a los pedales. Lo controla con el pie derecho, que también acciona el freno de salida y los paracaídas, mientras el izquierdo maneja el acelerador y el freno. Además, dispone de cables mecánicos para liberar los cinturones, la red de la ventanilla y la puerta; en una prueba de evacuación a ciegas consiguió salir en unos 18 segundos. En 2025 superó las 200 millas por hora, alcanzó 214,69 —más de 345 kilómetros por hora— en Brainerd y compitió en Top Sportsman durante los U.S. Nationals.

Mientras desarrollaba esa carrera, su influencia ya se extendía entre una generación que no existía cuando buscó por primera vez cómo disparar sin brazos. En París participaron cuatro arqueros con esta condición y Stutzman disputó ante el mexicano Víctor Sardina Viveros el primer enfrentamiento paralímpico entre dos de ellos. También asesoró a la india Sheetal Devi, medallista de bronce en la prueba mixta, quien había utilizado sus vídeos como referencia durante sus comienzos. Ahora el estadounidense deberá regresar a la competición nacional e internacional para optar a una prueba olímpica limitada a 12 parejas, con una mujer y un hombre por país. Estados Unidos dispone de una cuota como anfitrión, sujeta a los requisitos de participación, pero Stutzman deberá ganar la selección masculina. La clasificación comenzará en 2027 y la competición se celebrará en el Dignity Health Sports Park de Carson, con la ronda clasificatoria prevista para el 19 de julio de 2028 y las medallas para el día 21. “Nada está garantizado: ni la clasificación, ni la selección y, desde luego, tampoco una medalla”, ha advertido.