Hay una frase de Luca Corsolini, responsable de la Oficina de Prensa y Medios de Taranto 2026, que quizá explique Taranto 2026 mejor que cualquier eslogan oficial. Los Juegos Mediterráneos, sostiene, no pueden convertirse en un acontecimiento menor condenado a vivir bajo la sombra de los Juegos Olímpicos. Tienen que ser «la opción A, no la opción B». Es una frase sencilla, pero detrás de ella aparece uno de los principales problemas de Taranto 2026. Cómo conseguir que unos Juegos Mediterráneos tengan su propio peso cuando Italia vive al mismo tiempo bajo la enorme atención de los Juegos Olímpicos.
Corsolini conoce el problema desde dentro. Cuando llegó al proyecto, el Comité Organizador ya había perdido un tiempo considerable. Taranto había ganado la candidatura en 2019, pero durante los primeros años, según explica, el Comité no funcionó de manera adecuada. En algún momento existió incluso el riesgo de que los Juegos se desconectaran de Taranto y terminaran siendo trasladados a otra ciudad.
El cambio llegó entre finales de 2023 y comienzos de 2024, cuando el Gobierno italiano eligió a Massimo Ferrarese como presidente del Comité Organizador y comisario extraordinario encargado de hacer realidad las instalaciones necesarias para mantener los Juegos en Taranto. A partir de entonces comenzó una carrera contra el tiempo, con un proyecto que debía completarse en un periodo mucho más corto de lo habitual.
Corsolini se incorporó a la operación de comunicación cuando el Comité Organizador finalmente estuvo en condiciones de concentrarse en la presentación internacional de los Juegos. Se le pidió ayudar a construir un equipo con una estructura italiana y otra internacional. Inicialmente podía seleccionar un grupo más amplio, pero después del control presupuestario recibió autorización para trabajar con seis personas.
La composición del equipo fue deliberada. Tres profesionales con experiencia en el deporte llegaron de distintas partes de Italia, aportando experiencia previa en el ámbito deportivo y en grandes acontecimientos. Los otros tres eran jóvenes de Taranto, muy jóvenes y sin experiencia en grandes acontecimientos internacionales ni en periodismo. Corsolini quería unir ambos conocimientos, combinando la experiencia profesional con el conocimiento directo de la ciudad.
La operación de comunicación no se diseñó simplemente para anunciar lo que estaba ocurriendo. Durante casi dos meses y medio se produjo un boletín semanal destinado a los periodistas de fuera de Taranto, con imágenes, vídeos, historias, comunicados y otros materiales. El objetivo era proporcionar a los periodistas suficiente información para contar historias sobre la ciudad y no limitarse a reproducir información sobre las competiciones.

Taranto 2026 – Equipo de Prensa
Incluso hubo un pequeño detalle en el boletín que terminó convirtiéndose en una broma dentro del equipo. Corsolini se dio cuenta de que las tres últimas letras de newsletter eran TAR, las mismas tres letras asociadas a Taranto. La coincidencia se convirtió en una manera simpática de recordar que aquel trabajo debía hablar de Taranto tanto como de los Juegos.
La misma idea estuvo detrás del nuevo centro de prensa situado en el centro de la ciudad. Para Corsolini, un centro de prensa no es simplemente un edificio con mesas, ordenadores y acreditaciones. Cambia la manera en que trabajan los periodistas locales. De repente, se encuentran junto a colegas de otros países, con experiencias diferentes y distintas formas de mirar la misma ciudad.
Eso crea una situación particular para el periodista local. Tiene la ventaja de conocer su propia ciudad, explica Corsolini, pero pierde parte de esa ventaja cuando tiene que explicar Taranto a alguien que llega desde el extranjero. El periodista internacional puede ver cosas que el periodista local ya no percibe. El periodista local, en cambio, puede explicar cosas que un visitante nunca podría comprender por sí solo.
«No estamos aquí para hablar de los Juegos. Estamos aquí para hacer que ustedes marquen su mejor gol cubriendo los Juegos».
Por eso Corsolini describe la función del equipo de comunicación de una manera poco habitual. La oficina de prensa no debe convertirse en protagonista. Su trabajo consiste en ayudar al periodista a encontrar la historia.
Eso puede significar encontrar un restaurante, establecer contacto con un atleta o resolver un problema práctico. Corsolini reconoce también que no siempre resulta fácil, especialmente cuando algunos Comités Olímpicos Nacionales no están preparados para facilitar el contacto entre sus deportistas y los medios. Aun así, el objetivo de la operación de prensa es intentar eliminar esos obstáculos siempre que sea posible.
Uno de los proyectos más particulares fue la figurina. Italia tiene una larga tradición de cromos deportivos y los organizadores utilizaron esa cultura para crear una tarjeta oficial de los Juegos Mediterráneos para cada persona que quisiera participar. Los ciudadanos podían enviar una fotografía a la dirección de correo electrónico indicada y recibir en casa su propia tarjeta oficial. Cuando Corsolini describió el proyecto, ya se habían producido más de 1.000 figurine, con la posibilidad de alcanzar una cifra mayor al final de los Juegos.

Centro de Prensa y Medios – Taranto 2026
La estrategia de comunicación también se extendió más allá de los medios tradicionales. Las redes sociales formaron parte del esfuerzo por presentar Taranto, mientras que la cobertura televisiva se reforzó durante los últimos meses de preparación. Corsolini explicó que había existido una falta de cobertura por parte de Rai y que una cobertura televisiva adecuada solo pudo conseguirse durante los dos últimos meses. Al mismo tiempo, el Comité Internacional de los Juegos Mediterráneos estaba produciendo su propio reportaje, ofreciendo una voz internacional al acontecimiento.
Para Corsolini, sin embargo, la comunicación nunca fue únicamente promoción. La comida, el deporte y la cultura fueron deliberadamente unidos. Los medios internacionales fueron invitados a una cena organizada por las autoridades locales, donde la gastronomía se convirtió en otra manera de presentar el territorio. La ceremonia de apertura también conectó los Juegos con la historia de la ciudad a través del Atleta de Taranto, un tesoro histórico conservado en el Museo Arqueológico Nacional local.
La propia ciudad se convirtió en parte de la estrategia de comunicación. En Via d’Aquino, la calle peatonal del centro, se instalaron estructuras para proporcionar sombra durante un periodo de mucho calor. Corsolini pone especial énfasis en algo que no estaba allí. No había grandes mensajes comerciales dominando el espacio. La intención era permitir que los ciudadanos vivieran la experiencia de los Juegos en su propia ciudad sin sentirse rodeados de publicidad. El mismo planteamiento se utilizó en Corso Due Mari, donde bancos y sombrillas llevaban la identidad de los Juegos, pero no publicidad comercial. «Embrace the Future» apareció además sobre el puente giratorio, uno de los grandes símbolos de Taranto.
Detrás de todo esto existe una cuestión mucho más difícil sobre la propia ciudad. Corsolini cree que Taranto ha quedado atrapada durante años dentro de una determinada narrativa, dominada por su historia industrial y especialmente por la industria siderúrgica. No pretende borrar esa historia. Lo que plantea es que Taranto necesita otra dimensión, otra posibilidad y otra opción de futuro.
Aquí adquieren importancia las instalaciones deportivas. Corsolini las describe a través de la idea de «The Great Beauty». El objetivo, según su planteamiento, no es simplemente que los edificios sean atractivos. Tienen que devolver algo a los ciudadanos de Taranto. Si la ciudad puede crear espacios deportivos de alta calidad y convertirlos en parte de la vida cotidiana, entonces el deporte deja de ser únicamente una inversión para un acontecimiento y adquiere una dimensión social.
También ve una oportunidad en las condiciones climáticas de Taranto. La ciudad podría convertirse, en su opinión, en un centro deportivo internacional durante los doce meses del año. No solamente para deportistas olímpicos y equipos de élite, sino también para personas normales. Las instalaciones deberían permitir que la gente practique deporte y que visitantes de otros lugares puedan acudir a entrenarse, competir o simplemente practicar.

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Corsolini insiste en que esto no es solamente una cuestión deportiva. «Es una cuestión social, no solamente una cuestión deportiva». Si las instituciones públicas ofrecen algo valioso a los ciudadanos, sostiene, los ciudadanos pueden responder de manera positiva. La relación entre la ciudad y sus instituciones puede cambiar cuando las personas comprueban que realmente se ha hecho algo por ellas.
También existe una dimensión política en esta historia. Corsolini señaló que el Gobierno central italiano está dirigido por la derecha política, mientras que el Gobierno regional de Puglia está en manos de la izquierda. Sin embargo, los Juegos crearon una forma de cooperación no escrita entre ambas partes. Las diferencias políticas no desaparecieron, pero el proyecto creó una razón común para trabajar juntos. Desde su perspectiva, esa cooperación terminó beneficiando a la población italiana y a los países mediterráneos que participaron en los Juegos.
La cuestión económica constituye otra parte de su argumento. Corsolini insiste en que el gasto destinado a las instalaciones debe separarse del gasto destinado a la organización deportiva. En cuanto a las instalaciones, habla de una inversión de 275 millones de euros para completar los proyectos necesarios, no solo en Taranto sino también en los distintos territorios de Puglia involucrados en el evento. Lo que él subraya no es únicamente la cantidad, sino la capacidad de completar el proyecto a pesar de disponer de menos tiempo del habitual.
Para Corsolini, controlar los costes también es una cuestión de respeto. Respeto hacia los ciudadanos, hacia las autoridades y hacia todas las personas implicadas en el proyecto. Los retrasos de los primeros años no podían convertirse en una excusa para perder el control de la situación financiera. Los Juegos tenían que ser entregados como habían sido prometidos.
Después aparece el problema olímpico. Taranto 2026 se celebra en un año dominado por los Juegos Olímpicos. Corsolini recuerda que algunas personas incluso preguntaban por qué Italia tenía que hablar de los Juegos Mediterráneos cuando acababa de acoger los Juegos Olímpicos. Su respuesta era directa. Los Juegos Mediterráneos no podían aceptar el papel de una segunda opción.
Por eso su frase «opción A, no opción B» adquiere tanta importancia. Los Juegos Mediterráneos no pueden construir su identidad pidiendo disculpas por no ser los Juegos Olímpicos. Corsolini recuerda que Italia ya había organizado ediciones en Nápoles en 1963, Bari en 1997 y Pescara en 2007. Taranto afrontaba una situación diferente porque esta edición coincidía con un año olímpico. La atención del público y de los medios estaba naturalmente concentrada en los Juegos Olímpicos, lo que hacía mucho más difícil conseguir visibilidad para el acontecimiento mediterráneo.

Voluntarios – Taranto 2026
Corsolini señala además otro problema del calendario deportivo internacional. En otro año par, los Juegos Mediterráneos pueden encontrarse con una Copa del Mundo de fútbol. Su conclusión es clara. Celebrar los Juegos Mediterráneos en el mismo año que los Juegos Olímpicos es algo que quizá debería evitarse completamente en el futuro.
Pero el argumento más importante de Corsolini aparece después de la competición. Para él, el 3 de septiembre no representa realmente el final. «The Mediterranean Games are actually starting September 4». Una vez que los atletas se hayan marchado, comenzará el trabajo más difícil. Habrá que gestionar las instalaciones, mantener la energía creada por el acontecimiento y aprovechar las relaciones establecidas durante los Juegos.
En ese contexto menciona incluso el aeropuerto de Brindisi. Taranto tiene que acercarse a Europa, al Mediterráneo y también al resto del mundo. Para Corsolini, las infraestructuras de los Juegos solo tendrán pleno sentido si forman parte de un esfuerzo más amplio para mantener la ciudad conectada después de que los deportistas regresen a sus países.Eso requiere un equipo capaz de continuar el proyecto. El mismo ambiente que existió dentro del Comité Organizador durante la preparación y durante los Juegos tiene que mantenerse después. Las instalaciones necesitan gestión, la ciudad necesita continuidad y el proyecto necesita personas capaces de transformar el esfuerzo realizado en algo que no termine cuando se apaguen las luces de los Juegos.
Ese es probablemente el punto más interesante de la conversación con Luca Corsolini. Él no habla únicamente de cómo organizar los Juegos Mediterráneos. Habla de lo que una ciudad puede hacer con ellos. Los Juegos pueden producir competiciones, ceremonias, historias e imágenes. Pero también pueden convertirse en una oportunidad para que Taranto encuentre otra manera de contar su propia historia.
La prueba, por tanto, no estará únicamente en lo que ocurra durante los Juegos. Estará en lo que suceda después. Si las instalaciones continúan funcionando, si el deporte consigue ocupar un lugar permanente en la ciudad y si Taranto mantiene sus conexiones con el exterior, entonces la inversión habrá adquirido un significado mucho mayor.
Corsolini no presenta esa posibilidad como una garantía. La presenta como una responsabilidad. El verdadero trabajo comienza cuando los atletas se marchan, cuando desaparecen las cámaras y cuando la ciudad vuelve a su ritmo habitual. Ahí estará la verdadera medida de Taranto 2026.
No únicamente en la capacidad de organizar los Juegos en un tiempo limitado, sino en la capacidad de hacer que lo construido siga siendo útil para la ciudad.
