El COI define un marco para el uso ético de la inteligencia artificial
Juan José Saldaña
septiembre 28, 2026

El Comité Olímpico Internacional (COI) presentó el primer Marco de Inteligencia Artificial Confiable para el Movimiento Olímpico, una iniciativa que busca orientar a las organizaciones deportivas en la adopción responsable, ética y segura de esta tecnología. El documento establece principios y herramientas prácticas para acompañar a las entidades que comienzan a explorar la inteligencia artificial, así como a aquellas que ya la incorporan en sus actividades, con especial atención a la protección de los atletas, la integridad de las competiciones y la transparencia en la toma de decisiones.

La iniciativa surge en un contexto en el que la inteligencia artificial está transformando distintos ámbitos del deporte, desde la preparación de los atletas y la organización de los Juegos Olímpicos hasta la relación con los aficionados. Sin embargo, su expansión también plantea desafíos relacionados con la privacidad, la equidad y la responsabilidad en el uso de los datos. Para abordar estas cuestiones, el COI desarrolló un marco que busca establecer una base común para que las organizaciones puedan aprovechar las oportunidades de la tecnología sin perder de vista los valores fundamentales del deporte.

El COI establece principios para una inteligencia artificial confiable en el deporte

El Marco de Inteligencia Artificial Confiable se estructura en torno a siete principios que buscan orientar el desarrollo y la utilización de sistemas de IA en el Movimiento Olímpico. Estos abarcan la seguridad, la protección de los datos personales, la confiabilidad, la transparencia, la rendición de cuentas, la equidad y la sostenibilidad. En conjunto, proponen que la tecnología se implemente de manera que respete los derechos de las personas, contribuya a una competencia justa y permita comprender cómo se utilizan los sistemas automatizados en los distintos procesos deportivos.

La propuesta también contempla la aplicación de estos principios durante todo el ciclo de vida de la inteligencia artificial, desde su diseño y adquisición hasta su implementación y uso continuado. En ese sentido, Alejandro Merino-Madrid, jefe de Inteligencia Artificial del COI, destacó que la tecnología debe estar al servicio del deporte y no al revés, subrayando la importancia de proteger los datos de los atletas, garantizar la equidad y asegurar que el funcionamiento de estos sistemas sea comprensible. El marco busca así ofrecer una referencia compartida para que las organizaciones incorporen la innovación sin dejar de priorizar a los deportistas y la integridad de las competiciones.

Una herramienta práctica para evaluar riesgos y fortalecer la confianza en la IA

Para facilitar la aplicación de estos principios, el COI incorporó una lista de verificación de inteligencia artificial confiable que permite a las organizaciones evaluar los riesgos asociados a sus sistemas y definir medidas para mejorar su utilización. La herramienta contempla un proceso de autoevaluación de tres etapas: analizar los riesgos inherentes a la tecnología, revisar cómo se abordan los siete principios y obtener recomendaciones prácticas, recursos y orientaciones para fortalecer la confianza en su implementación. De esta manera, las entidades pueden identificar posibles vulnerabilidades y establecer medidas de seguridad antes de incorporar o ampliar el uso de estas soluciones.

El desarrollo del marco contó con el apoyo de Deloitte, socio consultor en transformación digital del COI, y la colaboración de más de 200 líderes del Movimiento Olímpico, entre ellos atletas y especialistas en tecnología, gobernanza y deporte. La iniciativa también integró la perspectiva de los deportistas, con el objetivo de mantenerlos en el centro de las decisiones relacionadas con la inteligencia artificial. En ese contexto, Sarah Walker, medallista olímpica y miembro del COI, destacó la importancia de que los atletas comprendan cómo se utiliza esta tecnología y participen en los procesos que determinan su aplicación. El documento establece, además, que la responsabilidad por el desarrollo y el uso ético de estos sistemas recae en las organizaciones que los diseñan o implementan.