Anna Monta Olek competirá el viernes en el Mundial de Judo de Bakú, en Azerbaiyán, como número uno del ranking de −78 kg y después de haber sido subcampeona mundial y europea en 2025. La judoca alemana de 24 años recuerda cómo recibió aquella primera confirmación de su posición: “Cuando llegué por primera vez al primer puesto, hice capturas de pantalla”, contó a ‘Sport Bild’. Su historia fuera de la competición empezó mucho antes: entre entrenamientos de natación y judo, una aparición televisiva frente a un medallista olímpico y pequeñas piezas hechas a mano para ayudar a niños con cáncer.
En Londres 2012 había visto ganar el bronce a Dimitri Peters, que entrenaba en Hannover. Un año después, con once años, se enfrentó a él en el programa alemán ‘Klein gegen Groß’. No fue un combate: tenían que avanzar agarrándose a las mangas de judogis suspendidos del techo, pasando de una a otra. Anna ganó por 63–51 en una prueba que conocía por sus entrenamientos. “Es un ejercicio que hacemos como parte de un circuito para trabajar la fuerza de agarre”, explicó. El recuerdo permanece en el lugar donde aprendió judo: “Las mangas siguen colgadas hoy en nuestro dojo”.
Los JJOO para superar a su padre
En su casa convivían dos deportes de élite. Su padre, Detlef Knorrek, fue judoca olímpico en Barcelona 1992 y Atlanta 1996 y ganó un bronce europeo en 1991. Su madre, Petra, había conseguido esa misma medalla en el Europeo de waterpolo de 1985. Anna acompañaba a su padre al pabellón desde bebé y empezó a practicar judo a los cinco años, aunque también nadaba. Durante una etapa pasaba de la piscina al tatami con el pelo todavía mojado. “Con once años decidí que mi corazón estaba en el judo”, recordó en una entrevista con la Unión Europea de Judo -EJU-.
Knorrek sigue ayudándola con la preparación física y la táctica, y ambos intercambian impresiones durante las competiciones. “Llegué al judo cien por cien gracias a él”, explicó a la asociación alemana de deporte universitario. Ahora observa un cambio en cómo los presentan: “Antes siempre me presentaban como su hija; ahora a veces ocurre al revés y él es mi padre”, contó a ‘Sport Bild’. Cuando su padre bromea con que ya le ha superado, ella introduce un matiz: “Pero aún me falta participar en unos Juegos Olímpicos. Él tiene dos”. En los Juegos Universitarios de 2025, celebrados en Alemania, pudo reunir a familiares y amigos para verla competir, algo poco habitual en un calendario que normalmente la lleva por distintos países.
Alas para los niños de Hannover
La enfermedad de su abuela la acercó, cuando todavía era pequeña, a la asociación de ayuda a niños con cáncer de Hannover. Elaboraba pequeñas piezas para recaudar fondos relacionados con las ‘Mutperlen’, cuentas de colores con las que los menores representan distintas etapas de su tratamiento. Su participación en iniciativas sociales también incluyó, con ocho años, un proyecto de UNICEF destinado a apoyar la educación de niñas en Nepal. Olek atribuye esa sensibilidad a su madre: “Me enseñó desde pequeña a mirar más allá de mi propio entorno”, explicó en la entrevista de la asociación universitaria.
En 2018 puso en marcha ‘Engel verleihen Flügel’ —“Los ángeles dan alas”—, una iniciativa que recogía donaciones mediante alas hechas a mano para contribuir a financiar un espacio de actividad física en una unidad de oncología infantil de Hannover. También participó en una campaña que registró a 63 posibles donantes de células madre. “Cualquiera puede encontrarse en una situación difícil y también agradecería que le ayudaran”, decía en un reportaje de la federación deportiva de Baja Sajonia publicado en 2019. En 2021 recibió una medalla al mérito de ese estado alemán por su compromiso social.
Estudios, representación y pequeños rituales
Mientras entrena, Olek estudia una carrera que combina ingeniería y gestión empresarial en la universidad a distancia SRH Fernhochschule. Trabaja por módulos, sin semestres convencionales, lo que le permite adaptar los estudios a su calendario. La flexibilidad no elimina el cansancio: reconoce que, después de entrenamientos exigentes, a veces preferiría tumbarse y ver Netflix antes que estudiar. Su objetivo es graduarse antes de retirarse para incorporarse después al mundo laboral. También ha trasladado su interés por ayudar a otros al deporte: en 2025 explicó que quería colaborar en un proyecto para deportistas que quedan fuera de las estructuras oficiales de apoyo. En marzo, la Federación Alemana de Judo -DJB- anunció su incorporación provisional a la presidencia como representante de los atletas, tras la salida de Igor Wandtke.
Fuera del tatami le gusta preparar tartas y dulces, especialmente tarta de zanahoria. Dentro, ha aprendido a gestionar unos nervios que antes aparecían incluso una semana antes de competir. “Ahora, gracias al trabajo con una psicóloga deportiva, me concentro más en lo que puedo controlar y en mí misma”, explicó. Antes de cada combate repasa tres opciones tácticas para disponer de planes alternativos si el primero no funciona. También mantiene algunas costumbres: utiliza la misma camiseta y el mismo pantalón corto bajo el judogi y repite lo que lleva para beber y lo que desayuna. “Siempre llevo las mismas bebidas y siempre como gachas de avena”.
