LIV Golf no logra asegurar su relanzamiento financiero
Juan José Saldaña
noviembre 5, 2026

El futuro de LIV Golf atraviesa uno de sus momentos más delicados desde su creación. El circuito respaldado por Arabia Saudita no habría conseguido asegurar su continuidad después de que BC Partners, su principal inversor en el proyecto de relanzamiento, decidiera retirar su apoyo financiero. La decisión representa un duro golpe para una competición que buscaba reorganizar su estructura tras declararse en bancarrota en septiembre y que tenía previsto regresar la próxima temporada bajo un nuevo formato.

Según informaron Financial Times y The Athletic, la firma de capital privado se retiró después de encontrar dificultades para convencer a varias de las principales figuras del circuito de comprometerse con el proyecto a largo plazo. La situación se produce en medio de una importante fuga de jugadores, dudas sobre la viabilidad comercial de la liga y un escenario financiero complejo. LIV Golf deberá comparecer este jueves ante un tribunal de quiebras en Trenton, Nueva Jersey, para abordar distintos contratos, arrendamientos y activos de la organización.

La salida de jugadores complica el futuro de LIV Golf

El proyecto de relanzamiento, denominado LIV 2.0, contemplaba una temporada más corta, una reducción en los premios económicos y la posibilidad de entregar participaciones accionarias de la liga a sus propios jugadores. Para poner en marcha esta nueva etapa, BC Partners Credit había comprometido una financiación inicial de hasta 300 millones de dólares. Sin embargo, la propuesta comenzó a perder fuerza cuando varias figuras importantes comunicaron que no continuarían en el circuito. Entre ellas destacan los españoles Jon Rahm y Sergio García, quienes anunciaron públicamente su decisión de abandonar la competición. A esto se suma la incertidumbre sobre Bryson DeChambeau, posiblemente el jugador más importante que todavía mantenía su respaldo a LIV Golf, pero que no ha confirmado su participación en el proyecto.

La salida de deportistas también estuvo acompañada de mayores dificultades para mantener relaciones con otros circuitos. El DP World Tour modificó su política de permitir que los golfistas participaran simultáneamente en sus torneos y en los de LIV Golf, obligando a algunos jugadores a elegir dónde competir. Su director ejecutivo, Guy Kinnings, defendió la decisión y sostuvo que la organización debía protegerse frente a una entidad que, según sus declaraciones, había invertido más de 7.000 millones de dólares con el objetivo de debilitar a sus competidores. Rory McIlroy, uno de los críticos más reconocidos de LIV, expresó una postura similar, respaldando la decisión del DP World Tour y cuestionando la estrategia que utilizó el circuito saudí para atraer jugadores y patrocinadores.

La crisis financiera y el proceso de bancarrota

El retiro de BC Partners representa un nuevo capítulo en las dificultades económicas de LIV Golf, que desde 2022 había recibido aproximadamente 5.000 millones de dólares del Fondo de Inversión Pública de Arabia Saudita (PIF). Sin embargo, el respaldo financiero fue interrumpido abruptamente a comienzos de 2026, dejando al circuito frente a la necesidad de encontrar una nueva estructura de financiación. La organización se declaró formalmente en bancarrota en septiembre, aunque sus responsables mantuvieron inicialmente la intención de reconstruir la competición. Ahora, con la salida del inversor que debía liderar esa transformación, el futuro del proyecto se encuentra seriamente comprometido y se espera que los activos restantes puedan terminar en un proceso de liquidación.

La dimensión del problema también quedó reflejada en los documentos presentados ante el tribunal de quiebras, que revelaron pasivos estimados de entre 500 y 1.000 millones de dólares frente a al menos 1.000 acreedores. Entre las principales reclamaciones aparecen las de Jon Rahm, Bryson DeChambeau y Dustin Johnson, quienes figuran con deudas no garantizadas superiores a los cinco millones de dólares cada uno. En paralelo, McIlroy planteó la necesidad de una reorganización del golf profesional, al considerar que la irrupción de LIV modificó el equilibrio entre los circuitos y otorgó a los jugadores una influencia que no necesariamente beneficia al deporte. El norirlandés describió este periodo como una etapa extraña para el golf y señaló que, pese al aumento de los ingresos para los deportistas, el escenario actual necesita mayor cooperación y negociación entre las organizaciones.