El poder judicial de Irán ha condenado a Majid Abdolhosseini, exintegrante de la selección nacional de kárate y entrenador, a 12 años de prisión. Abdolhosseini fue detenido durante las protestas de enero, cuando las fuerzas de seguridad iraníes perpetraron una masacre en las calles de distintas ciudades del país, causando la muerte de decenas de miles de personas.
A lo largo de su carrera deportiva, Abdolhosseini conquistó numerosas medallas en competiciones mundiales y asiáticas, entre ellas dos títulos de campeón de Asia, en 1995 y 2005. También estuvo al frente de la selección nacional júnior de Irán durante varios años.
Ruhollah Esfandiari, antiguo compañero de equipo de Abdolhosseini y también medallista de oro asiático con la selección iraní de kárate, recordó con orgullo su amistad con él. Calificó de profundamente dolorosa y preocupante la condena de 12 años de prisión impuesta a su antiguo compañero, quien, según señaló, únicamente había participado en protestas pacíficas.
Esfandiari, que emigró de Irán, declaró en una breve conversación con SportsIn que el ambiente dentro de la Federación Iraní de Kárate está marcado por la política y la ideología.
«Para mí, la cuestión principal es la independencia del deporte y el respeto a los derechos de los deportistas. Mi criterio ha sido siempre el mismo, tanto durante mi etapa en la selección nacional como hoy. Los deportistas deben ser seleccionados en función de su capacidad, mérito y rendimiento. Sus opiniones personales, creencias religiosas o afinidades políticas no deberían determinar sus oportunidades de formar parte de la selección nacional».

Ruhollah Esfandiari
Sus declaraciones ponen de manifiesto preocupaciones más amplias sobre la relación entre la política y el deporte en Irán, donde las decisiones de las autoridades han condicionado durante décadas las oportunidades y la participación de los deportistas.
Tras el establecimiento de la República Islámica en 1979, el deporte iraní experimentó profundas transformaciones. Durante una década, las políticas gubernamentales excluyeron a las mujeres de las actividades deportivas. Posteriormente, se les permitió competir en determinadas disciplinas, pero únicamente bajo la condición de llevar el hiyab obligatorio.
«Esfandiari también condenó a la Federación Mundial de Kárate por no defender a los deportistas iraníes y acusó al organismo rector internacional de darles la espalda mientras se enfrentaban a la persecución política, la discriminación e incluso las ejecuciones».
Mohammad Mehdi Karami, Saleh Mirhashemi y Sasan Azadvar figuran entre los karatecas iraníes que fueron ejecutados por el poder judicial del país tras su participación en las protestas.

Majid Abdolhosseini
«Esperamos que la Federación Mundial de Kárate exija formalmente explicaciones a Irán, haga un seguimiento de la situación y la seguridad de Abdolhosseini, y comunique públicamente las medidas que adopte. También debe establecer un canal seguro para que los deportistas puedan hacer oír su voz y denunciar las presiones y la discriminación».
La segregación por sexos, la discriminación religiosa y la injerencia política siguen profundamente arraigadas en el deporte iraní. Pese a los reiterados llamamientos de los deportistas, las federaciones deportivas internacionales no han adoptado medidas concretas, permitiendo que estas violaciones de los derechos fundamentales de los atletas continúen sin freno.
La presión sobre la WKF quedó especialmente patente en febrero de 2026, tras la sangrienta represión de las protestas en Irán. En una carta abierta dirigida a Antonio Espinós, presidente de la WKF, 51 karatecas iraníes pidieron al organismo rector internacional que suspendiera a la Federación Iraní de Kárate.
