El cambio climático desafía el calendario y la organización de la Copa Mundial de la FIFA de 2026
Juan José Saldaña
septiembre 9, 2025

El cambio climático ha dejado de ser una amenaza lejana para convertirse en un desafío inmediato para el fútbol mundial. La Copa Mundial de la FIFA 2026, que se celebrará en Estados Unidos, Canadá y México, podría marcar un antes y un después en la historia del torneo: un evento deportivo que no solo convoca pasiones, sino que también expone la vulnerabilidad del deporte frente a un planeta cada vez más extremo. Los riesgos asociados al calor, las lluvias intensas y las inundaciones han puesto en la mesa la posibilidad de replantear calendarios y formatos para garantizar la seguridad de jugadores y aficionados.

Un informe titulado “Canchas en Peligro” revela datos que no dejan lugar a la indiferencia. Diez de las 16 sedes de 2026 enfrentan un riesgo muy alto de sufrir condiciones de estrés térmico extremo, y las proyecciones hacia 2050 son aún más inquietantes: casi el 90 % de los estadios de Norteamérica necesitarán adaptaciones para resistir al calor. El fútbol, que históricamente ha sido un refugio de unión y celebración, se encuentra ahora frente al desafío de adaptarse a la crisis climática sin perder su esencia.

El Mundial frente a la crisis climática

El informe no se limita a advertir sobre la edición de 2026, también analiza los riesgos que amenazan a los próximos torneos: el Mundial de 2030, organizado por Marruecos, España y Portugal, y el de 2034 en Arabia Saudita. Más allá de las cifras, lo que está en juego es la experiencia misma del fútbol. Jugadores como Juan Mata ya lo han expresado con preocupación, recordando cómo fenómenos como las inundaciones en Valencia nos recuerdan que el deporte no puede estar aislado de la realidad climática.

Incluso competiciones recientes, como el Mundial de Clubes en Estados Unidos, han mostrado un anticipo de lo que podría ocurrir. El calor extremo y las tormentas eléctricas obligaron a la FIFA a introducir medidas de emergencia: pausas de hidratación, bancos a la sombra y ventiladores para los equipos. La imagen del fútbol que desafía al clima se vuelve un espejo de la fragilidad humana y del esfuerzo colectivo por resistir.

Más allá de los estadios: un llamado urgente

El problema no solo afecta a los grandes recintos. Canchas de formación en África y Medio Oriente, como las que vieron crecer a Mo Salah o William Troost-Ekong, podrían ser prácticamente impracticables en 2050 debido al calor extremo. Esto plantea un dilema profundo: ¿qué pasará con el acceso al fútbol de base, ese que alimenta los sueños y forja las estrellas del mañana? El clima no discrimina entre la élite y las raíces del deporte, y su impacto amenaza con alterar la esencia misma del juego.

El informe también va más allá del diagnóstico, instando a la industria del fútbol a comprometerse con un plan de acción. Cero emisiones netas para 2040, fondos de adaptación y estrategias reales de descarbonización son parte de las recomendaciones. Y los aficionados parecen alineados: el 91 % de los encuestados en Estados Unidos, Canadá y México esperan que el Mundial de 2026 sea un referente en sostenibilidad. El reto está lanzado: el fútbol debe decidir si será parte del problema o un ejemplo de cambio.

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