El fallo de la FIA en Malasia expuso una de las contradicciones más incómodas de la Fórmula 1 moderna: mientras la categoría intenta consolidar una nueva era tecnológica y defiende el atractivo de su actual reglamento, un problema de software fue capaz de dejar a varios monoplazas prácticamente sin capacidad de respuesta durante las vueltas previas a una carrera. El episodio ocurrió bajo condiciones de lluvia en Sepang, con los pilotos circulando lentamente detrás del coche de seguridad, y terminó obligando a retrasar la largada mientras el organismo rector trabajaba contrarreloj para implementar una actualización que permitiera poner nuevamente los autos en movimiento.
El problema adquirió una dimensión mayor porque no se trató simplemente de un inconveniente mecánico aislado. La gestión de la potencia en los actuales motores híbridos, cada vez más condicionada por sistemas electrónicos y software, quedó expuesta cuando una combinación de bajas revoluciones, poca adherencia y velocidades extremadamente reducidas activó una situación que no había sido contemplada durante las pruebas. Max Verstappen fue uno de los primeros en reportar la pérdida de potencia, mientras Lewis Hamilton llegó a detenerse por completo y otros pilotos describieron una sensación inusual en el pedal del acelerador. La escena, con varios monoplazas incapaces de avanzar con normalidad, llevó incluso a los propios pilotos a bromear sobre lo ocurrido mientras esperaban una solución.
La lluvia reveló una falla que los ensayos de la FIA no habían contemplado
De acuerdo con la explicación entregada por Nikolas Tombazis, director de monoplazas de la FIA, el origen estuvo en un software desarrollado por el organismo junto con los equipos durante varios años. El sistema contempla una reducción de la potencia eléctrica a 250 kW en determinadas condiciones de lluvia, pero no había sido probado en una situación como la que se produjo en Sepang: monoplazas circulando a velocidades excepcionalmente bajas, agrupados detrás del coche de seguridad y con constantes variaciones de ritmo. Algunos autos entraron en una especie de bucle que impedía que la potencia volviera a desplegarse, dejando a los pilotos sin una respuesta normal al acelerador.
La particularidad del problema hizo que sus efectos no fueran idénticos en toda la parrilla. Algunos monoplazas alcanzaron velocidades suficientemente bajas para activar el fallo, mientras otros no llegaron a entrar en esa condición. El denominado efecto acordeón producido por los cambios de ritmo detrás del coche de seguridad generó diferencias incluso entre autos que utilizaban unidades de potencia del mismo fabricante. Para los pilotos, la experiencia resultó especialmente desconcertante. Oliver Bearman explicó que nunca había experimentado algo similar y que el pedal parecía haber dejado de estar conectado, mientras que la FIA todavía analiza por qué el problema terminó afectando también a la percepción de funcionamiento del motor de combustión interna.
Una solución de emergencia que permitió reanudar la carrera
Con la carrera detenida, la FIA tuvo que encontrar una respuesta en cuestión de minutos. El organismo identificó rápidamente la relación entre las velocidades extremadamente bajas y las restricciones de potencia y desarrolló una actualización que eliminó esas limitaciones en los minisectores donde se había activado el fallo. Los equipos tuvieron que instalar el software modificado antes de volver a pista, generando un retraso considerable, pero permitiendo finalmente que la competencia pudiera comenzar. Tombazis defendió la velocidad de reacción de los técnicos, aunque reconoció que la actualización no pudo ser sometida a las pruebas habituales debido a la falta de tiempo.
El episodio, sin embargo, dejó abierta una discusión mucho más amplia sobre el grado de dependencia tecnológica de los actuales monoplazas. El software había sido probado previamente por varios equipos, pero nunca en las condiciones concretas que se dieron en Sepang. La propia FIA admite que ese escenario no fue contemplado de manera suficiente, pese a que una carrera bajo lluvia hace especialmente probable la aparición de un coche de seguridad y, por lo tanto, de velocidades reducidas. Ahora el organismo deberá revisar junto con los equipos y fabricantes de motores no solo el fallo puntual, sino también los procedimientos utilizados para validar sistemas que intervienen directamente en la entrega de potencia de los autos.
