El papel del miedo y su transformación positiva en el salto de gran altura de World Aquatics
Javier Nieto
septiembre 2, 2025

Saltar desde plataformas de hasta 27 metros no solo implica una preparación física impecable, sino también la gestión de un factor invisible pero determinante: el miedo. La canadiense Molly Carlson, doble subcampeona mundial de salto de gran altura, explica cómo esa emoción forma parte inseparable de la competición de la Federación Internacional de Natación -World Aquatics-.

La propia atleta ha admitido que “cuando mi salud mental está en su punto más bajo, no rindo bien. Este año mi ansiedad fue realmente muy alta y terminé novena en el Campeonato del Mundo porque resbalé en la plataforma. Fue un verano realmente aterrador”.

Carlson, que inició su carrera en el trampolín olímpico antes de pasar a la plataforma de 20 metros en Montreal, ha explicado en numerosas ocasiones que “el miedo no desaparece, sino que se transforma en energía para concentrarse y dar lo mejor”. Su experiencia refleja la realidad de un deporte donde la línea entre la superación personal y el riesgo físico es más fina que en otras disciplinas acuáticas.

Miedo, caída y recuperación: episodios que marcan una trayectoria

En Polignano a Mare, una de las sedes clásicas del circuito internacional, Carlson vivió un accidente que describió como “el día más aterrador de mi vida”. Un resbalón desde 22 metros redujo su giro previsto y convirtió el salto en una experiencia traumática que compartió públicamente con sus seguidores. Ese episodio ilustra cómo los errores en esta disciplina pueden tener consecuencias físicas y emocionales profundas, y cómo la recuperación no solo depende de la rehabilitación deportiva, sino de la capacidad de volver a enfrentarse a la plataforma.

La australiana Rhiannan Iffland, cinco veces campeona del mundo, ha confesado que “siente miedo cada vez que sube a la plataforma”, aunque lo utiliza como impulso para mantener la concentración. Su capacidad de transformar la ansiedad en un componente positivo de su rendimiento ha sido clave para explicar una carrera de éxito prolongado, a pesar de haber sufrido lesiones graves en la ingle y en las rodillas tras saltos de gran dificultad.

El valor del miedo compartido en comunidad

Iffland también ha reconocido que, en más de una ocasión, justo antes de saltar se pregunta: “¿qué estoy haciendo aquí otra vez?”. Aun así, describe ese momento como parte de una adicción a superar barreras y convertir el vértigo en motivación. Sus declaraciones permiten entender que incluso los deportistas más dominadores sienten temor, pero lo interpretan como un compañero de viaje que refuerza la disciplina mental.

El papel del miedo en el salto de gran altura no se limita a la experiencia individual. A través de la comunidad digital ‘BraveGang’, Carlson ha conseguido visibilizar cómo la ansiedad, la vulnerabilidad y la presión son parte del día a día de los deportistas. Con más de seis millones de seguidores en redes sociales, su iniciativa busca trasladar un mensaje claro: el miedo compartido puede convertirse en un motor de apoyo colectivo.

Un aprendizaje que trasciende la plataforma

La canadiense Linda Cuthbert, especialista en trampolín, sufrió una conmoción cerebral tras golpear con la cabeza en el aparato durante un salto, un accidente que la llevó a evitar repetir durante un tiempo ese mismo ejercicio. Su caso, aunque en una disciplina distinta, refleja cómo una experiencia traumática deja huella en la confianza del atleta y en su forma de encarar la competición.

Más allá de estos nombres propios, la historia del salto de gran altura recoge episodios extremos: Randy Dickison, que se fracturó gravemente en un salto desde 53 metros; Olivier Favre, que se rompió la columna tras lanzarse desde 54; o Sergei Chalibashvili, que falleció en 1983 tras un impacto con la plataforma. A ello se suman lesiones comunes como conmociones, esguinces de tobillo o daños cervicales. Este contexto evidencia que, cuando ocurre un accidente en esta disciplina, el miedo a volver no solo es lógico, sino que el hecho de regresar a la plataforma constituye un acto de valentía excepcional.

La historia de Carlson en Saint-Raphaël, donde debutó en salto de gran altura en 2021, refleja otro ángulo de la relación entre el miedo y la autoaceptación. La propia atleta reconoce que fue en ese momento cuando dejó atrás años de problemas con la imagen corporal y descubrió en este deporte un espacio para reconciliarse consigo misma.