Las primeras sensaciones nunca son inocentes en la Fórmula 1. Mucho menos cuando llegan desde la voz de sus principales protagonistas. Aún sin haberse disputado el primer Gran Premio oficial de 2026, el nuevo reglamento técnico ya está en el centro del debate tras las duras críticas de Max Verstappen y Lewis Hamilton, quienes han puesto en duda la esencia misma de los nuevos monoplazas. La frase del neerlandés —“son como un Fórmula E con esteroides”— ha resonado como un eco incómodo en el paddock.
Las declaraciones llegan en un momento especialmente sensible, con la FIA y Liberty Media defendiendo una normativa diseñada para equilibrar sostenibilidad, espectáculo y control de costes. Sin embargo, lo que debía marcar una nueva era tecnológica ha abierto una grieta emocional: la de pilotos que sienten que el componente visceral de la conducción está siendo reemplazado por una compleja gestión energética que, según ellos, diluye el ADN histórico de la categoría.
La gestión energética en el centro de la crítica
Durante los test de Bahréin, Verstappen fue especialmente directo al describir la experiencia al volante. Para el tetracampeón, el nuevo coche depende en exceso de la administración de energía, hasta el punto de que cada acción del piloto —una reducción, una marcha elegida, el momento exacto de frenar— tiene un impacto desproporcionado en el rendimiento en recta. “Para mí esto no es Fórmula 1”, deslizó, dejando entrever que el disfrute pleno de pilotar al límite ha quedado relegado por cálculos milimétricos.
El neerlandés incluso fue captado realizando reducciones deliberadas en zonas poco habituales del circuito de Sakhir, una estrategia orientada a recargar batería en lugar de recurrir al clásico lift and coast. La imagen simboliza el nuevo paradigma: menos instinto, más optimización. Verstappen reconoce el esfuerzo técnico detrás del reglamento, pero advierte que el nivel de emoción al volante ha disminuido. En una etapa madura de su carrera, asegura buscar también diversión, y no descarta explorar otros horizontes si esa chispa desaparece bajo un reglamento que, además, tiene vocación de permanencia.
Hamilton y la complejidad de una F1 menos intuitiva
En la misma línea, Hamilton también mostró reservas, aunque con matices. El británico describió un monoplaza con menor carga aerodinámica, más ligero y compacto, incluso “divertido” en ciertos aspectos, comparable por momentos a un coche de rally. Sin embargo, subrayó que la complejidad técnica ha alcanzado un nivel difícil de asimilar incluso para los propios pilotos. “Necesitas una carrera universitaria para entenderlo”, ironizó tras una reunión técnica, evidenciando la distancia entre la ingeniería y la comprensión del aficionado medio.
El siete veces campeón del mundo cuestionó especialmente la exagerada gestión necesaria incluso en vueltas de clasificación, donde el lift-and-coast puede extenderse cientos de metros. Para Hamilton, las carreras no deberían depender de cálculos energéticos tan intrincados. Mientras otros pilotos como Russell, Norris o Antonelli se han mostrado más conformes, la coincidencia entre dos referentes generacionales como Verstappen y Hamilton ha desatado una tormenta que va más allá del rendimiento: pone en tela de juicio qué debe ser, en esencia, la Fórmula 1.


