16 años después, España vuelve a ser campeona del mundo. Del gol de Andrés Iniesta en el minuto 116 al de Ferran Torres en el 106. Un centro de Pedro Porro, un cabezazo de fe de Nico Williams y el remate del delantero valenciano para colocar la segunda estrella sobre el escudo de España. 1-0 y en el MetLife Stadium se hacía justicia al partido correoso de patadas, juego sucio y del ‘otro fútbol’ de Argentina que mal llaman a esa práctica que tan poco ayuda a hacer crecer y entender los valores de este deporte.
«¿Por qué dan tantas patadas Argentina?» A mi lado, mi hijo de 5 años me preguntaba esto cada vez que un español caía al suelo o reclamaba una falta. Complicado explicar aquello de jugar al «límite del reglamento» cuando una mente limpia sólo entiende de jugar sin tratar de hacer daño, ya sea física o moralmente. Esa manera de jugar que permite FIFA (y traslada al arbitraje) es la que le ha llevado a dos finales de la Copa del Mundo consecutivas y es lo que ellos ven como un premio al esfuerzo, mientras el resto del mundo mira con perplejidad tal filosofía que se apoya en ráfagas de talento, como la de Leo Messi.
Emiliano Martínez, el Dibu, se convirtió en el jugador clave de la albiceleste. España terminó con 20 remates frente a los dos de Argentina, que no disparó durante los 90 minutos reglamentarios. Insólito, pero es así su fútbol.
Fue una final que enfrentaba a dos maneras casi opuestas de competir, terminó ganando el fútbol. España quiso jugar y Argentina trató durante demasiado tiempo de impedir que se jugara. El partido se llenó de interrupciones, protestas y contactos más allá del límite del reglamento -y eso que sólo Enzo Fernández fue expulsado-. Incluso después del pitido final continuaron los empujones y los enfrentamientos. Lamentable, pero es lo que le han permitido hacer bajo el paraguas de Messi.
Luis de la Fuente lo había advertido antes de comenzar. “El árbitro no puede actuar con permisividad y dejar que se exceda el reglamento. No se puede permitir que se superen esas líneas de la legalidad futbolística”, afirmó sobre el esloveno Slavko Vincic. No era un ataque contra Argentina, a la que el seleccionador aseguró profesar admiración, sino una petición para proteger el partido y el fútbol… El desarrollo de la final terminó dando sentido a sus palabras.
Lionel Scaloni, que había defendido antes del encuentro la actitud de sus futbolistas para interrumpir el juego y llevar cada acción hasta el límite, reconoció después la superioridad española. “Han sido mejores, la verdad. España es una justa campeona”, admitió el seleccionador argentino. También afirmó que sus jugadores “lo dejaron todo”. Era cierto, aunque durante buena parte del partido Argentina utilizó ese esfuerzo para resistir y destruir más que para intentar ganar. Hasta ahora, le había servido para ganar partidos y levantar títulos.
El triunfo de una idea compartida
España no ha ganado el Mundial por una inspiración puntual ni por depender de un futbolista extraordinario. Lo ha ganado porque hace años decidió cómo quería jugar al fútbol y comenzó a enseñar esa idea desde las categorías inferiores. “Tienen una identidad, una filosofía y juegan igual en todos los niveles”, había señalado Thierry Henry durante su análisis en FOX Sports. Los jugadores españoles saben qué hacer porque llevan aprendiendo el mismo idioma futbolístico desde niños.
Francis Hernández, excoordinador de las categorías inferiores de la RFEF, explicó en 2022 cómo la Federación convirtió esa tradición futbolística en un método común. “El tikitaka estaba en el aire y nuestra tarea fue darle forma mediante un modelo de juego y un perfil de jugadores y dejarlo por escrito para todo el que venga detrás de nosotros”, afirmó entonces en un reportaje de Prensa Ibérica.
El estilo dejó de ser una herencia que dependía únicamente del entrenador de turno. España lo definió, lo desarrolló y lo documentó para que todas sus selecciones trabajaran sobre una misma base. “Nosotros hemos trabajado basados en un modelo de juego y lo tenemos almacenado de manera masiva”, explicó Hernández en una entrevista concedida a AS en marzo de 2025.
Cada futbolista que llega a la selección recibe una explicación de lo que pretende el equipo y de cómo puede integrarse en esa idea. También la recibe cada entrenador. Desde las categorías inferiores hasta la absoluta, España intenta dominar el balón, generar ocasiones, defender lejos de su portería y recuperarlo rápidamente después de perderlo. Tan lejos defiende que a Unai Simón sólo le han marcado un gol en este torneo, un récord histórico e increíble.
Luis de la Fuente no necesitaba inventar nada
Luis de la Fuente ha sido posiblemente el seleccionador más fiel a ese trabajo. Llegó a las categorías inferiores de la RFEF en 2013 y creció profesionalmente dentro de esa estructura. Conocía el método, a sus responsables y a muchos de los jugadores desde antes de que se convirtieran en estrellas.
Durante sus primeros meses, aquella trayectoria fue presentada como una debilidad. No había dirigido a un gran club ni gestionado un vestuario repleto de figuras internacionales. Su experiencia procedía de equipos modestos y de las selecciones inferiores. Precisamente por eso terminó convirtiéndose en el candidato perfecto: no llegó para imponer una revolución personal, sino para desarrollar una idea que conocía mejor que nadie.
Una Nations League, una Eurocopa y un Mundial
Su comienzo tampoco fue sencillo. España perdió 2-0 ante Escocia en marzo de 2023, en su segundo partido al frente de la absoluta, y comenzaron las dudas sobre el seleccionador y sobre una generación en la que muchos aficionados apenas reconocían algunos nombres. Tres años después, aquel ciclo ha producido una Nations League, una Eurocopa y un Mundial.
De la Fuente se ha proclamado además campeón del mundo con 65 años, convirtiéndose en el seleccionador de mayor edad que conquista el torneo. Lo ha hecho sin cambiar la naturaleza del fútbol español y sin convertir el equipo en una extensión de su personalidad. Su principal mérito ha sido comprender lo que ya tenía entre las manos y conseguir que los jugadores creyeran en ello.
Una selección por encima de sus estrellas
España cuenta con futbolistas de dimensión mundial y con un Balón de Oro como Rodri, pero no depende de la inspiración de una única figura. Su jerarquía se construye desde el juego, el comportamiento y la capacidad para interpretar lo que necesita el equipo.
Lamine Yamal, Nico Williams, Pedri, Fabián, Dani Olmo, Cubarsí o Ferran Torres pueden decidir un partido. La diferencia es que ninguno necesita apropiarse de la selección para hacerlo. Ferran comenzó la final como suplente y terminó marcando el gol más importante del fútbol español desde el de Iniesta en Johannesburgo. “El destino estaba escrito, es el gol de 47 millones de españoles”, aseguró después.
Esa fortaleza colectiva permitió a España superar durante las eliminatorias a Portugal, Francia y Argentina. En el camino quedaron las selecciones de Cristiano Ronaldo, Kylian Mbappé y Lionel Messi. España no necesitó enfrentar una estrella con otra estrella. Respondió a todas ellas con un equipo.
El Mundial confirma una etapa extraordinaria del fútbol español. Esta generación ha ganado la Nations League de 2023, la Eurocopa de 2024 y ahora el Mundial de 2026. España también es campeona olímpica masculina y campeona mundial femenina. No parece una coincidencia, sino el resultado de una forma de trabajar mantenida durante años. La fórmula estaba definida mucho antes de que Ferran Torres rematara aquel balón en el minuto 106.
