FIBA concede a Japón la organización de la Women’s Basketball World Cup 2030 y a Francia la del FIBA Basketball World Cup 2031, una apuesta de la federación internacional por sedes con recorrido organizativo, peso deportivo y capacidad para proyectar el torneo más allá de la competición. Tokio acogerá el Mundial femenino del 26 de noviembre al 8 de diciembre de 2030, mientras el masculino se disputará del 29 de agosto al 14 de septiembre de 2031 entre Lille, Lyon y París, con la fase final en la capital francesa.
La elección deja además una lectura institucional clara. El secretario general de FIBA, Andreas Zagklis, señaló que las candidaturas de la Japanese Basketball Association -JBA- y la French Basketball Federation -FFBB- cumplían con los altos requisitos exigidos para albergar una Copa del Mundo, y definió a ambos países como dos naciones con una relación fuerte con el baloncesto y con capacidad para dar a cada evento un sello propio. En el caso japonés, el torneo femenino tendrá además un valor simbólico añadido, ya que coincidirá con el centenario de la JBA.
Japón y Francia llegan con antecedentes sólidos
En Japón, la designación encaja en una trayectoria ya conocida dentro del ecosistema FIBA. El país organizó la FIBA Basketball World Cup 2006 y también fue sede de uno de los grupos del Mundial masculino de 2023 en Okinawa, de modo que la concesión de 2030 amplía una relación previa con grandes eventos internacionales, aunque será la primera vez que albergue la Copa del Mundo femenina. La combinación entre experiencia reciente y efeméride institucional convierte a Tokio en una elección de continuidad más que de ruptura.
Francia, por su parte, organizará por primera vez un Mundial masculino, pero lo hará sobre una base mucho más amplia que la de un debutante habitual. En los últimos años, Lille fue una de las grandes sedes del EuroBasket 2015, Bourges acogió el FIBA Women’s Olympic Qualifying Tournament 2020, Strasbourg fue coanfitriona del FIBA Women’s EuroBasket 2021 y Lyon-Villeurbanne recibió uno de los torneos clasificatorios para la FIBA Women’s Basketball World Cup 2026. A ese recorrido se suma el precedente inmediato del baloncesto en Paris 2024, que cerró con un récord olímpico de asistencia de 1.078.319 espectadores entre los torneos masculino y femenino.
El impulso de Paris 2024 y la ambición francesa para 2031
Esa herencia olímpica aparece de forma explícita en el discurso de Jean-Pierre Hunckler, presidente de la FFBB. Tras la decisión de FIBA, aseguró que “para el baloncesto francés, esto es algo extraordinario” y vinculó directamente la candidatura al impacto del torneo olímpico del verano pasado. “El baloncesto en los Juegos fue un enorme éxito”, afirmó, antes de añadir que ese precedente permitió comprobar que “podíamos reproducirlo, y por eso decidimos organizar toda la Copa del Mundo”. Hunckler también defendió la configuración entre Lille, Lyon y París como una respuesta a los requisitos de FIBA y a una lógica territorial y medioambiental, al subrayar que “queríamos un evento respetuoso con el medioambiente”.
En esa misma construcción del proyecto francés aparece Victor Wembanyama como referencia deportiva y simbólica. Hunckler explicó que viajó a Estados Unidos en diciembre de 2025 para presentarle la candidatura y relató que el jugador respondió de inmediato: “Presidente, estoy con usted, ¿qué puedo hacer?”. Después remató con una frase que resume bien el peso que la federación atribuye al pívot dentro del horizonte hacia 2031: “Hoy no podríamos esperar una fuerza motriz mejor que Victor”. La elección de Francia no solo se apoya así en arenas, experiencia y legado organizativo, sino también en la proyección de una figura central para el país y para el baloncesto global, mientras FIBA cierra el reparto de sus próximos Mundiales con dos anfitriones que ofrecen seguridad, trayectoria y capacidad de atracción en dos mercados estratégicos.
Dos Mundiales para reforzar mercados fuertes del baloncesto
La doble designación también deja una lectura estratégica para FIBA. Más allá de la organización inmediata, la federación internacional ha asegurado dos mercados con peso propio dentro del baloncesto global. Japón refuerza la presencia de FIBA en Asia con un país que ya ha demostrado capacidad como anfitrión y que llegará a 2030 con el valor añadido del centenario de su federación, mientras Francia consolida el impulso de un mercado europeo que viene de convertir el torneo olímpico de Paris 2024 en un éxito de asistencia y visibilidad.
La decisión encaja así con una lógica más amplia: confiar los próximos Mundiales a dos países que combinan tradición, infraestructuras y atractivo internacional. En esa línea, Andreas Zagklis destacó la capacidad de ambos anfitriones para dar a los torneos “un toque local, único, de excelencia y personalidad”, una idea que resume bien el sentido de la elección y proyecta dos ediciones pensadas no solo para cumplir con los estándares organizativos de FIBA, sino también para reforzar el alcance global de sus principales competiciones.

El impulso de Paris 2024 y la ambición francesa para 2031