Las autoridades iraníes habrían detenido a miembros de la familia de Zahra Ghanbari, capitana de la selección femenina de fútbol de Irán, después de que solicitara asilo en Australia. Al mismo tiempo, se informa que la presión ejercida sobre la familia de otra jugadora, Mohadeseh Zolfi, la habría obligado a retirar su solicitud de asilo y reincorporarse a la selección femenina iraní, que actualmente se encuentra en Kuala Lumpur.
De las siete futbolistas que inicialmente solicitaron asilo, solo Atefeh Ramazanzadeh y Fatemeh Pasandideh permanecen en Australia. El club Brisbane Roar FC Women anunció su llegada compartiendo fotografías de ambas jugadoras iraníes y declaró:
“Hoy, Brisbane Roar dio oficialmente la bienvenida a Fatemeh Pasandideh y Atefeh Ramezanisadeh a las instalaciones de entrenamiento del club para participar en las sesiones con nuestro plantel de la A-League Women. Seguimos comprometidos a ofrecerles un entorno de apoyo mientras atraviesan las próximas etapas de su situación”.
Mientras tanto, el medio persa Iran International informó, citando sus propias fuentes, que la solicitud de asilo presentada por Zahra Soltan Moshkekar, integrante del cuerpo técnico del equipo y que, según los informes, utilizaba el alias “Flor”, habría sido realizada a petición de Mohammad Rahman Salari, responsable de seguridad del equipo. Según el reporte, la maniobra habría tenido como objetivo mantener canales de contacto para facilitar el eventual regreso de las futbolistas.

En la estructura deportiva de Irán, el Harasat funciona como una rama del aparato de inteligencia dentro de las selecciones nacionales y federaciones deportivas, supervisando el control político y de seguridad sobre el deporte iraní. Algunos observadores creen que “Flor” podría haber sido en realidad una agente del Harasat que acompañó a la selección femenina de fútbol de Irán a Australia bajo la apariencia de integrante del cuerpo técnico.
La estructura del fútbol iraní es considerada por muchos analistas estrechamente vinculada al aparato de seguridad del país. La Football Federation Islamic Republic of Iran opera bajo la influencia del Islamic Revolutionary Guard Corps, una de las instituciones más poderosas de la República Islámica.
El actual presidente de la federación, Mehdi Taj, también ha sido asociado con el IRGC. Taj ha sido previamente vinculado a operaciones de seguridad en el oeste de Irán durante enfrentamientos con grupos kurdos iraníes, en los que, según se informa, sufrió una lesión en la pierna.
En este contexto, observadores advierten que las jugadoras que solicitaron asilo podrían enfrentar graves consecuencias si regresan a Irán. La estrecha relación entre las instituciones deportivas y los organismos de seguridad del Estado ha suscitado desde hace años preocupación entre atletas y activistas sobre el grado de supervisión política existente en el deporte iraní.
La situación se desarrolla además en medio de un clima político altamente volátil dentro de Irán. La indignación pública se intensificó tras una violenta represión de las fuerzas de seguridad en enero, cuando el Islamic Revolutionary Guard Corps llevó a cabo una amplia operación para sofocar protestas antigubernamentales en todo el país. Diversos informes y estimaciones sugieren que decenas de miles de personas podrían haber muerto durante la represión, aunque la cifra exacta sigue siendo objeto de disputa debido a las restricciones informativas y a un apagón nacional de las comunicaciones.
En este entorno, algunos analistas sostienen que la magnitud de la violencia ha transformado la actitud de parte de la sociedad iraní. Según estos observadores, cada vez más ciudadanos consideran que podría ser necesario algún tipo de apoyo externo para lograr cambios políticos significativos en el país.
