Glasgow 2026: cuando mejorar significa encontrar el modelo adecuado
Javier Nieto
agosto 6, 2026

Los Juegos de la Commonwealth de 2026 debían celebrarse inicialmente en el estado de Victoria, en Australia, pero su retirada en 2023, después de que las previsiones de gasto aumentaran, dejó a la competición sin sede y volvió a poner en duda su viabilidad. Glasgow aceptó organizarlos con menos de dos años de preparación y Commonwealth Sport destinó al proyecto buena parte de la compensación abonada por Victoria. Lo que comenzó como una solución de emergencia terminó convirtiéndose en la primera prueba práctica del Games Reset. La enseñanza de esta edición podría verse en que crecer no tiene por qué significar siempre añadir deportes, atletas, sedes o pruebas. Para mantener su viabilidad y mejorar la experiencia, algunas competiciones pueden necesitar ajustar cada edición a las posibilidades del anfitrión, conservar un objetivo claro y reforzar aquello que las hace diferentes.

El cambio respecto a las ediciones anteriores fue estructural. Glasgow organizó diez deportes, frente a los 19 de Birmingham 2022, reunió a unos 3.000 deportistas procedentes de 74 países y territorios de la Commonwealth y concentró las pruebas en cuatro sedes principales dentro de un corredor aproximado de ocho millas. No construyó una Villa y alojó a los participantes en hoteles próximos a las competiciones. El gasto ascendió a 162,6 millones de libras, frente a los 543 millones de Glasgow 2014 y los 778 millones del presupuesto oficial de Birmingham. Las comparaciones no son completamente equivalentes porque cada edición incluyó programas e inversiones diferentes, pero permiten entender la magnitud de la transformación. Pese a la reducción, 434.000 espectadores asistieron a las competiciones y, según la organización, más de 630.000 personas participaron si se incorporan las zonas públicas y las actividades del festival. Glasgow reorganizó el formato para hacerlo viable y concentró sus recursos en aquello que podía ofrecer mejor.

Diseñar los Juegos desde las posibilidades de la ciudad

El presupuesto disponible condicionó el tamaño, pero no fue el único criterio. En lugar de establecer primero un número ideal de deportes, deportistas, instalaciones y ceremonias, Glasgow analizó sus alojamientos, transporte, experiencia organizativa, público, comunidades y capacidad operativa. Esa libertad solo resulta posible después de que una candidata demuestre que cumple unos requisitos mínimos de infraestructura, financiación, seguridad, gobernanza y atención a los participantes. Una vez acreditada su capacidad para organizar los Juegos, el objetivo debería ser construir el mejor evento posible para esa ciudad y sus participantes. El director ejecutivo de Glasgow 2026, Phil Batty, defendió que cada edición debe reflejar “la identidad, el carácter, las infraestructuras, las comunidades y las personas” del anfitrión. “Nuestro legado es un modelo que evolucionará y se adaptará a los futuros anfitriones”, explicó.

El Games Reset traslada ese planteamiento a la organización futura de la competición. Su propuesta no consiste únicamente en gastar menos, sino en definir qué pretende aportar cada edición en los ámbitos deportivo, social, cultural, diplomático y económico, y emplear los recursos disponibles para fortalecer esos objetivos. El marco pretende reducir al menos un 60% los costes históricos, priorizar instalaciones y alojamientos existentes, evitar garantías públicas ilimitadas y permitir sedes compartidas entre ciudades, regiones o países. También contempla reajustar el proyecto cuando el presupuesto lo exija, elegir un programa relacionado con la identidad deportiva de la sede y mantener la integración paralímpica. El presidente de Commonwealth Sport, Donald Rukare, definió Glasgow como unos Juegos “más inteligentes, precisos y sostenibles” y como “un puente hacia el futuro”.

Crecer no siempre significa añadir más

La siguiente edición permite entender esa flexibilidad. Ahmedabad, en India, organizará en 2030 entre 15 y 17 deportes y aplicará el modelo a una escala distinta, acorde con sus instalaciones, población y aspiraciones deportivas. Si dispone de los recursos necesarios y esa ampliación mejora la competición, un programa mayor puede ser tan válido como el utilizado en Glasgow. La evolución no debería juzgarse únicamente contando cuántas modalidades se recuperan, sino comprobando si el evento responde a las posibilidades de la sede, conserva su viabilidad y cumple la función para la que existe.

En unos Juegos como los de la Commonwealth, crecer también puede significar ofrecer un escaparate internacional a jóvenes promesas, integrar plenamente el deporte paralímpico o dar visibilidad a países y territorios que encuentran menos oportunidades en otros grandes acontecimientos. También puede consistir en reducir los desplazamientos, llenar las instalaciones, mejorar la atención a los deportistas o acercar la competición a la población local. Glasgow mantuvo seis deportes paralímpicos integrados dentro de su programa, pero dejó fuera modalidades con una larga relación con los Juegos y redujo las oportunidades disponibles para algunas delegaciones. Ese coste obliga a conservar un equilibrio: ajustar la escala no puede vaciar la identidad del evento ni limitar su valor deportivo. El criterio debería ser si el formato elegido permite cumplir mejor su propósito.

Un posible modelo, no una solución universal

Alrededor de cien representantes de anfitriones actuales y potenciales participaron durante los Juegos en el Future Host Observer Programme para estudiar el funcionamiento de esta edición. Batty sostuvo que el nuevo enfoque había permitido a las 74 asociaciones creer que podrían aspirar a organizar los Juegos. La experiencia no demuestra que todas estén preparadas para hacerlo inmediatamente, pero sí amplía las posibilidades al dejar de exigir que cualquier candidata reproduzca el mismo formato.

Quizá no todos los eventos puedan, ni deban, medir su evolución por el número de deportes, atletas, sedes o medallas. Algunos necesitarán ampliar su alcance; otros deberán ajustar su escala para proteger su viabilidad y otros mejorar la experiencia que ofrecen a deportistas, aficionados y ciudades. El valor de Glasgow 2026 reside en haber identificado qué podía organizar bien, haber construido la competición alrededor de esas posibilidades y en su capacidad para ofrecer una competición reconocible, sostenible y adecuada a su público. Quizá el futuro de algunos grandes eventos multideportivos no pasa por seguir creciendo, sino por encontrar su modelo adecuado y reforzar aquello que los hace distintos. Glasgow 2026 puede ser un ejemplo para competiciones que necesitan volver a ser viables sin dejar de ser relevantes.