El negocio de vestir al Mundial: de Adidas al nuevo pulso con Nike y Puma
Javier Nieto
junio 7, 2026

El Mundial de 2026 será también una competición de marcas. Adidas vestirá a 14 selecciones, Nike a 12 y Puma a 11, por lo que las tres grandes compañías concentrarán 37 de los 48 países participantes, el 77% del torneo. La ampliación del campeonato abre un escaparate comercial inédito: más equipos, más camisetas, más mercados, más tiendas y más campañas en una cita que durante un mes convierte cada equipación en una pieza de consumo global.

La camiseta mundialista ya no es solo uniforme de juego. Es producto de rendimiento, objeto de moda, recuerdo del torneo y símbolo nacional. Por eso algunas marcas han reforzado el peso de la nostalgia en sus diseños. Adidas, por ejemplo, ha recuperado guiños retro en varias equipaciones de 2026, con referencias visuales al pasado de selecciones como Alemania, Argentina o México, una línea que conecta con hinchas que no compran únicamente una camiseta para ver un partido, sino una pieza asociada a memoria, identidad y archivo futbolístico.

Del uniforme deportivo al producto global

En los primeros Mundiales, la camiseta era sobre todo una prenda nacional. Tenía valor deportivo e identitario, pero no la dimensión comercial que adquiriría con la televisión, la profesionalización del fútbol, la expansión del retail y la entrada visible de los fabricantes técnicos. Ese cambio se fue construyendo de manera progresiva y Adidas fue uno de los grandes actores de esa transformación. La marca alemana vinculó su historia al Mundial a través de balones, botas, selecciones campeonas y equipaciones icónicas. En Italia 1990, cuando el torneo todavía reunía a 24 selecciones, Adidas vistió a 15 equipos. Cuatro años después, en Estados Unidos 1994, también con 24 participantes, seguía liderando con 10 selecciones, aunque el mercado ya empezaba a fragmentarse y el Mundial entraba con fuerza en una cultura deportiva más comercial, televisiva y global.

La llegada de Nike cambió el tono de la competencia. A finales de los noventa, con Brasil como gran activo y con campañas que mezclaban música, estrellas, estilo y espectáculo, la marca estadounidense entendió que el Mundial también se jugaba en los anuncios, las botas, los jugadores franquicia y la cultura popular. Francia 1998, ya con 32 selecciones, marcó una nueva etapa: más equipos, más marcas y más capacidad de convertir la camiseta en parte del relato del torneo.

En Corea y Japón 2002, también con 32 selecciones, Adidas mantuvo una presencia muy fuerte, con 10 equipos, mientras Nike ya aparecía como el gran rival global y Puma conservaba un espacio relevante. Desde entonces, el reparto ha oscilado, pero la lógica quedó fijada: Adidas aportaba tradición mundialista y archivo; Nike, agresividad comercial, campañas y estrellas; Puma, una alternativa histórica con capacidad para crecer cuando el mercado se abría.

De la concentración al Mundial de 48 selecciones

La evolución reciente confirma esa concentración entre grandes marcas, aunque con cambios de liderazgo según cada edición. En Brasil 2014, con 32 selecciones, Nike vistió a 10 equipos, Adidas a nueve y Puma a ocho, mientras otras marcas ocuparon espacios más pequeños. En Rusia 2018, también con 32 equipos, Adidas volvió a liderar con 12 selecciones y Nike vistió a 10. En Qatar 2022, Nike pasó al frente con 13 selecciones, frente a siete de Adidas y seis de Puma, en un torneo que reunió a nueve fabricantes.

El salto de 2026 modifica la escala. Con 48 selecciones, Adidas recupera el primer puesto con 14 equipos, Nike mantiene una presencia muy fuerte con 12 y Puma emerge como el gran ganador silencioso al pasar de seis selecciones en Qatar a 11. No tiene el mismo archivo mundialista de Adidas ni la misma cartera mediática de Nike, pero el nuevo formato le ofrece más presencia y más oportunidades en mercados que antes no siempre entraban en el escaparate del Mundial.

Uno de los símbolos del cambio comercial será Alemania. El Mundial de 2026 será su último gran torneo vestida por Adidas antes de que entre en vigor el acuerdo con Nike a partir de 2027. La ruptura pone fin a más de siete décadas de relación entre la selección alemana y la marca fundada por Adi Dassler, una asociación que acompañó a la ‘Mannschaft’ en la conquista de sus cuatro títulos mundiales y que convirtió sus camisetas en parte de la memoria visual del fútbol internacional.

Estrellas, marcas pequeñas y nuevos mercados

A esa batalla por selecciones se suma la guerra de los nombres propios. Lionel Messi y Cristiano Ronaldo pueden disputar su último Mundial, Kylian Mbappé y Erling Haaland llegan como referentes de la generación actual y Lamine Yamal representa la irrupción de un activo comercial nuevo y de enorme proyección. Junto a ellos, figuras como Jude Bellingham, Vinicius Junior, Pedri, Jamal Musiala o Florian Wirtz alimentan campañas que ya no dependen solo de la camiseta nacional, sino de botas, redes sociales, anuncios, videojuegos, moda y contenido global.

La ampliación también da visibilidad a fabricantes alternativos. Marcas como Kelme, Reebok, Kappa, Umbro, Marathon, Jako, Saeta, 7Saber, Majid o Tempo encuentran en el Mundial una ventana difícil de replicar. La evolución comercial del torneo se resume ahí: Adidas, Nike y Puma siguen controlando la mayor parte del escaparate, pero el Mundial de 48 selecciones permite que una marca pequeña también tenga minutos en la pasarela más vista del fútbol. La Copa del Mundo ya no solo corona a una selección; también muestra quién viste, quién vende y quién consigue convertir una camiseta en memoria colectiva.