Quién presiona a la AMA: la nueva independencia para evitar más casos como el de Rusia
Víctor García
julio 23, 2026

La Agencia Mundial Antidopaje ha comenzado a revisar uno de los puntos más delicados de su sistema: la capacidad de los gobiernos, los comités olímpicos y las federaciones para influir sobre las organizaciones que controlan a los deportistas de su propio país. La AMA abrió el 16 de julio una consulta para reforzar la independencia operativa de las agencias nacionales a partir de 2027, cuando entrará en vigor el nuevo Código Mundial Antidopaje.

La reforma afecta directamente a quién decide los controles, qué casos se investigan, cómo se gestionan los resultados positivos y quién puede intervenir en esas decisiones. Muchas agencias dependen económicamente de los gobiernos y sus responsables son nombrados mediante procedimientos en los que participa el poder político y, aunque esa relación no demuestra por sí misma una interferencia, sí crea un riesgo de control sobre procedimientos y resultados, algo que crea una diferencia entre países.

Rusia: cuando el Estado controlaba el control

Rusia ha demostrado hasta dónde puede llegar esa interferencia. La investigación encargada por la AMA a Richard McLaren confirmó en 2016 la manipulación institucionalizada del sistema antidopaje ruso. El Ministerio de Deportes, la agencia nacional RUSADA, el laboratorio de Moscú y miembros del Servicio Federal de Seguridad participaron en una estructura destinada a ocultar positivos, cambiar muestras y proteger a determinados deportistas.

El sistema alcanzó su expresión más conocida durante los Juegos Olímpicos de Invierno de Sochi 2014, cuando se sustituyeron muestras a través de una abertura practicada en el laboratorio y se devolvieron frascos aparentemente intactos. Rusia mostró cómo una agencia nacional puede conservar formalmente sus funciones mientras las decisiones reales se toman desde otros niveles del Estado.

China: una investigación nacional de poca confianza

Otro caso reciente como el de China es diferente. Veintitrés nadadores chinos dieron positivo por trimetazidina entre el 1 y el 3 de enero de 2021. La agencia china, CHINADA, concluyó que los deportistas habían sufrido una contaminación ambiental o alimentaria en el hotel en el que estaban concentrados y cerró los expedientes sin declarar infracciones antidopaje. La AMA revisó la documentación, aceptó la explicación y decidió no recurrir las decisiones. La investigación independiente realizada posteriormente por el fiscal suizo Eric Cottier concluyó que la AMA no había favorecido a China y calificó como razonable su decisión de no recurrir.

Sin embargo, el caso dejó en el aire una amarga cuestión de confianza. La explicación inicial, la inspección del hotel y buena parte de las pruebas procedían de la propia agencia china, mientras las restricciones de la pandemia dificultaban una investigación internacional sobre el terreno. Aunque la conclusión fuera jurídicamente defendible, el sistema dependió en gran medida del trabajo realizado por la organización nacional que debía evaluar a los deportistas de su país. Las críticas de otras agencias, especialmente la estadounidense USADA, nacieron de esa falta de comprobación exterior y de la ausencia de publicidad inicial de los positivos.

Preparando los JJOO de Los Ángeles 2028

La intervención de los Estados en el dopaje comenzó hace unas cinco décadas con la República Democrática Alemana, que desarrolló durante décadas un programa sistemático de dopaje forzoso para utilizar los resultados deportivos como instrumento político. La reforma de la AMA busca actuar antes de que aparezca el siguiente gran caso protegiendo la autonomía de quienes ordenan los controles, investigan los positivos y deciden si un deportista debe ser sancionado. Ahora bien, ¿existirá una independencia total?

Las nuevas reglas comenzarán a aplicarse en 2027 y formarán parte del marco antidopaje de los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028. En unos meses, la independencia se medirá por la capacidad para investigar al mejor deportista de su país sin recibir una llamada, una instrucción o una advertencia desde fuera.