Cuando Kirsty Coventry fue elegida décima presidenta del Comité Olímpico Internacional -COI-, una parte del Movimiento Olímpico esperaba continuidad. Había formado parte del sistema durante años, había trabajado dentro de la administración de Thomas Bach y no parecía probable que sus primeros meses estuvieran marcados por una ruptura institucional visible. Sin embargo, sus primeros 100 días han dejado algo más difícil de medir que un cambio de tono: una serie de decisiones que empiezan a modificar algunos de los principios sobre los que se ha construido la gobernanza olímpica de la última década.
No ha sido una revolución anunciada en grandes discursos, sino una transformación más silenciosa, basada en reformas constitucionales, ajustes de gobernanza, cambios en la gestión del programa olímpico y nuevas herramientas de relación con los atletas. Por separado, cada decisión puede parecer técnica. En conjunto, apuntan a un liderazgo menos centrado en preservar la arquitectura heredada y más orientado a adaptar las reglas internas del COI a un entorno político, económico y deportivo cada vez más inestable.
De la estabilidad a la adaptabilidad
La presidencia de Bach se construyó alrededor de una idea central: estabilidad. Olympic Agenda 2020 y, después, Olympic Agenda 2020+5 ofrecieron un marco estratégico coherente para ordenar las grandes decisiones del COI en materia de sedes, sostenibilidad, transformación digital, relación con los atletas, desarrollo comercial y modernización institucional. Bajo Bach, las reformas tendían a reforzar una misma filosofía de gobierno.
Los primeros meses de Coventry sugieren una lógica diferente. La aprobación de la estrategia Fit for the Future no funciona solo como un nuevo lema, sino como una señal de adaptación institucional. El COI no parece limitarse a actualizar prioridades dentro del mismo marco, sino a revisar parte del marco desde el que toma decisiones. Esa diferencia es relevante porque la historia de las instituciones rara vez cambia por una sola votación; cambia cuando varias medidas, aparentemente separadas, empiezan a avanzar en una misma dirección estratégica.
La Carta Olímpica como punto de partida
Una de las decisiones más importantes de la 146ª Sesión del COI fue también una de las menos visibles fuera de los círculos de gobernanza. La Carta Olímpica fue modificada para reforzar la independencia institucional del COI y su compromiso con la neutralidad política. A primera vista, puede parecer un ajuste técnico. En la práctica, fortalece la posición constitucional del organismo ante presiones gubernamentales, conflictos geopolíticos o intentos externos de influir en la toma de decisiones olímpicas.
El debate sobre Rusia y Bielorrusia es el ejemplo más evidente, aunque no el único. Los cambios en la Carta no resuelven por sí mismos esas cuestiones, pero sí redefinen el marco desde el que podrán abordarse en el futuro. La neutralidad política gana así peso como herramienta jurídica e institucional, con efectos que pueden proyectarse también sobre las federaciones internacionales en un contexto de presión creciente.
El programa olímpico y el nuevo poder de las disciplinas
Otra reforma puede tener consecuencias profundas para las federaciones internacionales. A partir de Brisbane 2032, el COI quiere evaluar las disciplinas de forma individual, en lugar de tratar cada deporte como un bloque indivisible. Durante décadas, la inclusión olímpica protegía en gran medida a una federación internacional completa. En el futuro, la relevancia olímpica podría depender cada vez más del valor competitivo, comercial, operativo y global de cada disciplina concreta.
El cambio abre oportunidades, pero también introduce una competencia interna nueva dentro de las propias federaciones. Algunas disciplinas podrán reforzar su posición; otras podrían ver cuestionado su futuro olímpico pese a pertenecer a una federación consolidada. No se trata solo de una reforma del programa, sino de una redistribución del poder estratégico dentro del Movimiento Olímpico. El mensaje es claro: estar dentro del sistema olímpico ya no garantiza el mismo grado de protección para todos.

Los atletas en el centro, también institucionalmente
El nuevo Olympian Grant puede leerse como una medida de apoyo directo a los deportistas. También tiene una lectura política. Al crear una herramienta de relación más directa con los olímpicos, el COI refuerza su capacidad para actuar ante ellos sin depender únicamente de estructuras intermedias. La diferencia es relevante dentro de un ecosistema en el que comités, federaciones y asociaciones compiten por representar la voz del deportista.
Ese movimiento encaja con una presidencia que parece dispuesta a convertir mensajes estratégicos en políticas operativas. Los primeros 100 días no se han limitado a redefinir prioridades, sino que han llevado varias de ellas a fase de implementación. La centralidad del atleta, la autonomía institucional, la adaptación del programa y la neutralidad política no aparecen como piezas aisladas, sino como elementos conectados de una misma orientación de gobierno.
Un liderazgo diferente
Bach acostumbraba a construir consenso antes de presentar reformas. Coventry parece más dispuesta a presentar reformas mientras el consenso termina de evolucionar. Ningún enfoque es necesariamente superior al otro, pero responden a momentos distintos. Uno gestionó la estabilidad del Movimiento Olímpico después de años de crisis, reformas de sedes y necesidad de credibilidad. El otro empieza a gestionar una transición marcada por tensiones geopolíticas, presión comercial, cambios generacionales y necesidad de mayor flexibilidad.
Por eso resulta difícil describir estos primeros meses como simple continuidad. Tampoco sería preciso afirmar que Coventry ha desmontado el modelo heredado de Bach. La evidencia apunta a algo más matizado: una evolución acelerada, construida desde dentro del sistema, pero con capacidad para modificar sus equilibrios. Las enmiendas a la Carta Olímpica, la nueva filosofía del programa, la relación directa con los atletas y el énfasis en la adaptabilidad sugieren que el COI entra en una fase distinta.
La pregunta no es solo si el cambio ha empezado, sino hasta dónde puede llegar. El Movimiento Olímpico rara vez se transforma mediante declaraciones dramáticas. Sus cambios más profundos suelen comenzar con decisiones procedimentales, ajustes constitucionales y nuevas formas de interpretar principios ya existentes. En ese sentido, los primeros 100 días de Kirsty Coventry han alterado más de lo que indicaban los titulares iniciales. Si la historia los recordará como evolución o como revolución silenciosa dependerá de la consistencia con la que estas decisiones sigan desplegándose.
*SportsIn no toma partido: plantea las preguntas que darán forma al deporte del mañana. Observa. Analiza. Pregunta.
