Si estas reformas son acertadas hoy, ¿qué fallaba ayer?
Víctor García
junio 26, 2026

La 146ª Sesión del COI ha aprobado una reforma que va mucho más allá de una modificación técnica de la Carta Olímpica. No se trata solo de ajustar palabras, procedimientos o criterios, sino de cambiar la forma en la que el Movimiento Olímpico quiere mirar al futuro con más flexibilidad y un programa olímpico más dinámico. Una evaluación por disciplinas y no solo por deportes. También una nueva lectura de la neutralidad política y una filosofía de que busca adaptarse a un mundo más inestable, más exigente y mucho menos previsible que el de hace una década.

Sobre el papel, todo parece lógico. El COI necesita proteger la viabilidad de los Juegos, controlar su tamaño, reducir cargas innecesarias, responder a nuevas realidades geopolíticas y ofrecer a los organizadores un modelo más manejable. Nadie discute que el Movimiento Olímpico debe evolucionar. Lo ha hecho siempre. Pero toda reforma importante deja una pregunta: ¿qué es lo que ayer fallaba?

El apoyo de Juan Antonio Samaranch

Juan Antonio Samaranch ha defendido públicamente estas reformas y las ha presentado como una adaptación necesaria para proteger la independencia y el futuro del Movimiento Olímpico. Su argumento tiene sentido porque el deporte internacional ya no vive en un escenario estable. Las guerras, las sanciones, los boicots, la presión política, los intereses comerciales, las nuevas audiencias y la dificultad creciente para organizar grandes eventos obligan al COI a moverse con más rapidez.

La duda surge al tratar de entender qué significa ese cambio respecto al modelo anterior. Samaranch no llega a esta discusión desde fuera ya que fue vicepresidente del COI y miembro de la Comisión Ejecutiva durante años clave de la presidencia de Thomas Bach. Formó parte, por tanto, del núcleo institucional que sostuvo, desarrolló y defendió el modelo de gobernanza que ahora empieza a transformarse. Ese modelo se construyó durante años y se presentó como moderno, útil y suficiente para guiar al Movimiento Olímpico en una etapa compleja. Entonces, ¿quiere decir eso que el modelo anterior ya no servía del todo?

Evolución o rectificación

Puede haber una explicación sencilla. Las instituciones evolucionan y lo que ayer funcionaba puede necesitar ajustes hoy. También puede haber otra lectura pensando que, tal vez, algunas apuestas del modelo anterior habían quedado caducas o inservibles. Tal vez la flexibilidad prometida no era suficiente y la neutralidad política necesitaba una mayor solidez. Quizás el programa olímpico, tal y como estaba diseñado, no ofrecía ya las respuestas que el COI necesitaba para los próximos ciclos.

La diferencia entre una cosa y otra importa por una cuestión de confianza institucional. Las Federaciones Internacionales, los Comités Olímpicos Nacionales, los atletas, los patrocinadores y los organizadores no solo necesitan saber qué reglas se aprueban. También necesitan entender por qué se cambian, qué problema resuelven y qué parte del modelo anterior ha dejado de considerarse suficiente. Gobernar no es solo cambiar, sino explicar el cambio.

Primer gran momento de Kirsty Coventry

La reforma llega, además, bajo la presidencia de Kirsty Coventry, quien también formó parte de la Comisión Ejecutiva del COI durante la etapa de Bach. No es una presidenta que venga de fuera del sistema para romper con todo lo anterior. Es una presidenta nacida dentro del propio Movimiento Olímpico, formada en sus estructuras y elegida para conducirlo hacia una nueva etapa. Entonces, ¿estamos ante la continuación natural de la agenda anterior o ante una corrección profunda presentada con lenguaje de continuidad? Las dos respuestas pueden convivir. El COI puede estar intentando proteger lo que considera esencial y, al mismo tiempo, corregir lo que entiende que ya no funciona.

Otra mirada es la que apunta a que cada nuevo presidente necesita marcar una dirección. Cada nueva etapa necesita encontrar su propio lenguaje y Coventry ha empezado la suya con un mensaje claro: el Movimiento Olímpico debe ser más flexible, más rápido y más ágil para decidir. Eso sí, alguien debe pagar el precio que tendrá esa flexibilidad.

Disciplinas por encima de los deportes

Uno de los cambios más relevantes es el paso hacia una evaluación más centrada en disciplinas. No todas las disciplinas tienen el mismo coste, el mismo atractivo, la misma complejidad operativa o el mismo valor estratégico para unos Juegos Olímpicos. Evaluarlas de forma individual puede permitir decisiones más finas y evitar debates demasiado rígidos. Pero esa lógica también cambia el equilibrio dentro de las Federaciones Internacionales.

Hasta ahora, muchas disciplinas se sentían protegidas por el paraguas de su deporte. A partir de ahora, podrían empezar a sentirse examinadas por separado. Eso puede impulsar la innovación, obligar a mejorar productos deportivos y abrir espacio a disciplinas emergentes. Y también puede generar una competencia interna mucho más dura.

Si una disciplina tiene más audiencia, más interés comercial o encaja mejor con las necesidades de una ciudad organizadora, ¿recibirá más recursos? ¿Qué ocurrirá con las disciplinas menos televisivas, menos conocidas o más caras de organizar? ¿Podrán planificar a largo plazo o vivirán pendientes de cada evaluación olímpica? ¿Acabará cada federación organizando su estrategia interna en función de qué disciplina tiene más opciones de sobrevivir dentro del programa?

El reconocimiento olímpico

La otra gran cuestión es el valor real del reconocimiento olímpico. Durante décadas, formar parte del entorno olímpico ha sido mucho más que una etiqueta: credibilidad, acceso a gobiernos, herramienta para atraer patrocinadores, promesa para los atletas, base para que federaciones y comités nacionales pudieran planificar con cierta estabilidad…

Pero si la presencia en el programa olímpico se vuelve más dinámica, el significado práctico de ese reconocimiento también cambia. ¿Qué garantiza exactamente estar reconocido por el COI? ¿Pertenecer a la familia olímpica? ¿Tener una opción de entrar en los Juegos? ¿Conservar una plaza solo mientras los criterios acompañen? ¿Vivir en una evaluación permanente? Son dudas que las Federaciones Internacionales comienzan a tener horas después de este cambio de rumbo en el COI.

Brisbane 2032, primer gran examen

Estas reformas no deben medirse por titulares o el lenguaje de modernización, eficiencia o futuro. La verdadera medida llegará en los próximos años, cuando las Federaciones Internacionales tengan que decidir dónde invierten, cuando los Comités Olímpicos Nacionales tengan que priorizar disciplinas, cuando los atletas tengan que elegir caminos y cuando Brisbane 2032 empiece a funcionar como el primer gran examen de esta nueva filosofía. El éxito no estará únicamente en haber cambiado. Estará en haber anticipado las consecuencias del cambio.

El COI tiene derecho a reformarse y el Movimiento Olímpico también tiene derecho a preguntar qué significa exactamente esa reforma. IN se pregunta: si las reformas de hoy representan el futuro de la gobernanza olímpica… ¿qué elementos del modelo de gobernanza de ayer se consideran ahora insuficientes? La respuesta definirá mucho más que Brisbane 2032. Puede definir la próxima generación del Movimiento Olímpico.

*SportsIn no toma partido: plantea las preguntas que darán forma al deporte del mañana. Observa. Analiza. Pregunta.