La decisión sobre el regreso de los deportistas rusos y bielorrusos dentro del Movimiento Olímpico y el ecosistema deportivo está acarreando problemas en su aplicación. Un atleta puede quedar excluido, competir como neutral o representar oficialmente a su país dependiendo del deporte que practique.
Después de levantar provisionalmente la suspensión del Comité Olímpico Ruso, el COI devolvió a las federaciones internacionales la responsabilidad sobre sus competiciones y sistemas de clasificación. La decisión respeta la autonomía histórica de las federaciones. Cada organismo conoce su calendario, su sistema competitivo y las particularidades de su deporte. El resultado, sin embargo, está fragmentando el camino hacia Los Ángeles 2028.
Atletismo, remo y judo: tres respuestas distintas
Vamos a poner tres ejemplos claros:
World Athletics mantiene la exclusión de deportistas, oficiales y personal de apoyo de Rusia y Bielorrusia en sus competiciones internacionales. Sus atletas siguen fuera del proceso clasificatorio olímpico.
World Rowing permite la participación de deportistas rusos y bielorrusos bajo un estatus neutral. Compiten sin bandera, himno, colores ni símbolos nacionales y deben cumplir condiciones específicas de independencia.
La Federación Internacional de Judo ha recuperado la representación nacional de Rusia. Sus judocas pueden competir con bandera, himno y símbolos oficiales.
Los tres modelos ya conviven dentro del Movimiento Olímpico: exclusión completa, participación neutral y regreso con representación nacional.
El deporte decide menos de lo que debería
Los sistemas de clasificación siempre han sido diferentes. El atletismo utiliza marcas y rankings; otros deportes reparten plazas mediante campeonatos, circuitos o torneos preolímpicos. Esa variedad responde a las características de cada disciplina. La elegibilidad política introduce otra diferencia. Un atleta ruso puede quedar fuera antes de competir, mientras otro del mismo país avanza hacia Los Ángeles bajo su bandera. El deporte practicado determina así la política que se aplica.
LA28 puede reunir a deportistas del mismo país que hayan recorrido caminos completamente distintos. Uno habrá competido con símbolos nacionales, otro como neutral y otro ni siquiera habrá podido iniciar la clasificación.
La responsabilidad está ahora en las federaciones
El COI ha reafirmado la autonomía de las federaciones y ha evitado imponer una única solución desde Lausana. Esa decisión encaja con la estructura del Movimiento Olímpico. La aplicación práctica recae ahora sobre cada federación. Cada organismo puede defender sus razones. El conjunto de esas decisiones está creando varios sistemas políticos para acceder a unos mismos Juegos Olímpicos.
La Carta Olímpica protege la autonomía de las organizaciones deportivas y establece al mismo tiempo principios comunes de igualdad, universalidad y ausencia de discriminación. La situación actual enfrenta esas dos ideas. La autonomía permite que cada federación decida, pero la coherencia olímpica exige que todos los atletas encuentren un marco reconocible y comparable.
El COI puede defender que ha respetado correctamente las competencias de las federaciones y las federaciones pueden argumentar que conocen mejor las necesidades de sus deportes. El sistema resultante sigue ofreciendo respuestas distintas para atletas que aspiran a participar en una misma competición.
La cuestión es que todo esto afecta a la coherencia de los Juegos Olímpicos. Los Ángeles 2028 puede convertirse en la primera edición en la que la vía de acceso de un atleta dependa tanto de su rendimiento como de la política adoptada por la federación que gobierna su deporte. El COI ha descentralizado la aplicación de su política… y las federaciones están descentralizando también la coherencia del sistema.
Sobre THE IN
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