El Mundial de 1994 representó el descubrimiento deportivo del fútbol para Estados Unidos. El país carecía entonces de una liga profesional consolidada y su creación fue una de las condiciones establecidas por la Federación Internacional de Fútbol Asociación -FIFA- para concederle el torneo. Aquella edición reunió a 3,59 millones de espectadores en 52 partidos, con una media de 68.991 por encuentro, y dejó como principal legado la Major League Soccer -MLS-, que comenzó a disputarse en 1996 con diez equipos.
El Mundial de 2026 ha supuesto un descubrimiento diferente. El país ya contaba con estadios, patrocinadores, plataformas audiovisuales, grandes inversores y una MLS consolidada, pero la competición le ha abierto los ojos comercialmente ante las posibilidades del fútbol. Los 104 partidos congregaron a 6,81 millones de espectadores, con una media cercana a los 65.500 y una ocupación del 99,7%. La FIFA también había vendido más de 600.000 paquetes de hospitalidad antes de los cuartos de final, mientras el torneo impulsaba los desplazamientos, el consumo y la actividad de las plataformas digitales. El fútbol ocupó durante más de un mes el espacio reservado en el país a sus mayores propiedades deportivas y de entretenimiento.
De la MLS al negocio del Mundial
Gianni Infantino ha interpretado rápidamente ese éxito. La FIFA plantea crear FIFA Forward Enterprise, una sociedad valorada en unos 20.000 millones de dólares que asumiría la gestión comercial de los Mundiales masculino y femenino, el Mundial de Clubes y otras competiciones. La venta de hasta un 20% a inversores privados permitiría captar alrededor de 4.200 millones y explotar todavía más comercialmente el Mundial después de lo observado en Norteamérica. En la iniciativa participan actores estadounidenses como Thrive Eternal, JPMorgan y Greg Maffei, uno de los responsables de la transformación de la Fórmula 1 durante su etapa al frente de Liberty Media.
La MLS también tiene ante sí una nueva oportunidad para aprovechar el impulso. Ha crecido de diez a 30 franquicias, San Diego pagó 500 millones de dólares por incorporarse y cinco clubes están valorados en al menos 1.000 millones. El acuerdo audiovisual firmado con Apple se estimó en 2.500 millones por diez años, mientras la llegada de Leo Messi y otras estrellas ha aumentado la visibilidad internacional de la competición. Sin embargo, convertirse en una de las mejores ligas del mundo continúa siendo un camino extremadamente complicado. Ni siquiera Arabia Saudí, pese a su capacidad económica y la contratación de figuras internacionales, ha conseguido acercarse al nivel de LaLiga, la Premier League, la Serie A o la Bundesliga. Fuera de Europa aparece además el ecosistema de la Copa Libertadores, sostenido por la tradición, el seguimiento y una pasión sudamericana difícilmente alcanzable por la competición norteamericana. Su crecimiento ha sido principalmente comercial y las limitaciones salariales todavía amplían la distancia deportiva: Seattle Sounders, campeón en 2022, es el único representante de la liga que ha conquistado el principal torneo de la Concacaf desde el triunfo de Los Angeles Galaxy en 2000. A los estadounidenses probablemente se les dé mejor explotar la primera vertiente que completar la segunda.
Liberty descubrió el camino con la Fórmula 1
Liberty Media ya comprobó cuánto podía crecer un deporte internacional cuando se incorporaban las herramientas de la industria estadounidense del entretenimiento. El grupo completó en 2017 la adquisición de la Fórmula 1 mediante una operación que valoró el negocio en 8.000 millones de dólares. Desde entonces, abrió la competición a las redes sociales, reforzó las historias de pilotos y escuderías, impulsó ‘Drive to Survive’, desarrolló la hospitalidad premium y amplió de una a tres las carreras celebradas en el mercado estadounidense, con Miami y Las Vegas junto a Austin. En 2025, la F1 facturó 3.900 millones de dólares, reunió a 6,75 millones de personas en los circuitos y aumentó un 21% su audiencia televisiva en directo. La media estadounidense pasó de unos 554.000 espectadores por carrera en 2018 a 1,32 millones en 2025. El nuevo reglamento de 2026 busca abrir otra etapa en la competición deportiva, pero la mayor transformación de Liberty se ha producido alrededor de la pista: en la narración, la distribución y las formas de consumo.

El siguiente ensayo es MotoGP. Liberty completó en julio de 2025 la adquisición del 84% de Dorna Sports, titular de sus derechos comerciales, en una operación que valoró la compañía en alrededor de 4.300 millones de euros. El campeonato parte de una posición diferente: posee una afición muy asentada en España, Italia y varios mercados asiáticos, aunque su implantación estadounidense y su dimensión económica son menores. Según las cifras proforma publicadas por el grupo, MotoGP facturó 573 millones de dólares en 2025, frente a los 3.900 millones de la F1, y recibió 3,66 millones de espectadores en sus circuitos, un 21% más que el año anterior. Los cambios técnicos previstos para 2027 renovarán el producto deportivo, mientras Liberty trabaja sobre los ámbitos en los que ya obtuvo resultados con la F1: contenidos, patrocinadores, hospitalidad, distribución digital y crecimiento en Estados Unidos. Su reto será aplicar esa experiencia respetando las diferencias entre ambos campeonatos.
El difícil desembarco de la NBA en Europa
La National Basketball Association -NBA- intenta trasladar esa capacidad de expansión al baloncesto europeo junto a la Federación Internacional de Baloncesto -FIBA-, aunque se enfrenta a un mercado difícil de reorganizar porque necesita convencer a sus grandes clubes históricos. El proyecto NBA Europa contempla una liga de 16 equipos, con doce plazas permanentes y cuatro accesos por méritos deportivos, y estudia ciudades como Madrid, Barcelona, París, Londres, Berlín, Milán, Atenas o Estambul. Más de 120 posibles inversores mostraron interés durante la primera fase y, posteriormente, más de 20 clubes de fútbol y baloncesto presentaron propuestas, muchas de ellas valoradas entre 500 y 1.000 millones de dólares. Sin embargo, su atractivo deportivo dependerá de la participación de instituciones con décadas de historia en el baloncesto continental. Los grandes mercados urbanos y los clubes de fútbol pueden aportar más músculo económico, pero difícilmente reemplazarían por sí solos el prestigio de los clásicos europeos. Si la NBA consigue incorporarlos o alcanzar un acuerdo con la Euroliga, tendrá un gran producto para explotar; sin ellos, podría encontrarse con una competición valiosa sobre el papel, pero alejada del principal legado deportivo europeo.
Estados Unidos ha demostrado una especial habilidad para detectar aquello que el resto del mundo ya sigue, reorganizarlo como entretenimiento y ampliar su mercado. Lo hizo con la Fórmula 1, quiere repetirlo con MotoGP y busca trasladarlo al baloncesto europeo. El Mundial de 2026 puede haberle mostrado que el fútbol todavía es la mayor oportunidad de todas. Además de continuar el crecimiento de la MLS, el siguiente paso puede consistir en participar económicamente en las grandes competiciones mundiales mediante la inversión directa en sus clubes. El fondo estadounidense Apollo Sports Capital completó en marzo la compra de aproximadamente el 55% del Atlético de Madrid, valorado en torno a 2.500 millones de euros, y su evolución permitirá observar hasta dónde puede impulsar un inversor estadounidense el valor de una institución ya instalada en la élite europea. ¿Hasta dónde puede crecer comercialmente un deporte que ya era el más popular del planeta antes de que Estados Unidos decidiera explotarlo a su manera?
