El plan de Gianni Infantino para vender el fútbol y la Copa del Mundo
Víctor García
julio 29, 2026

Gianni Infantino ha decidido convertir el negocio comercial de la FIFA en una empresa valorada inicialmente en 20.000 millones de dólares. FIFA Forward Enterprise y concentraría los derechos de retransmisión, los patrocinios, la gestión de entradas, las licencias y las operaciones relacionadas con todas las competiciones masculinas, femeninas y juveniles del organismo. La FIFA mantendría el control y vendería participaciones minoritarias de hasta el 20% para recaudar 4.200 millones antes de terminar 2026. No se pone a la venta el Mundial en sentido estricto, pero sí una parte de la maquinaria que transforma la competición en dinero. Infantino cruzaría una línea roja inexplorada hasta ahora a nivel de competición en fútbol.

Infantino persigue disponer ahora del valor que la FIFA espera generar durante las próximas décadas. El dinero serviría para crear un programa extraordinario que permitiría a cada una de las 211 federaciones acceder de forma opcional a 20 millones de dólares y elevaría de ocho a 20 millones la asignación ordinaria del Programa Forward entre 2027 y 2030. La promesa convierte la votación en algo más que un debate sobre la naturaleza del fútbol: cada federación deberá decidir sobre una operación que puede colocar inmediatamente una cantidad millonaria en su propio presupuesto. La FIFA no ha confirmado todavía que la decisión vaya a adoptarse formalmente en un Congreso; su comunicado exige el respaldo de la mayoría de las federaciones y la aprobación de los cambios reglamentarios por parte del Consejo.

El Mundial ya tiene una valoración

La cifra de 20.000 millones no representa todo lo que vale el fútbol ni siquiera todo lo que vale el Mundial. Es la valoración inicial de una sociedad que explotaría comercialmente las competiciones de la FIFA y que nacería después de un ciclo 2023-2026 con más de 15.000 millones de dólares de ingresos, casi el doble que el anterior. El precio equivale a algo más de cinco veces los ingresos anuales medios del ciclo y queda por debajo de los múltiplos bursátiles de negocios como la Fórmula 1 o TKO, propietaria de UFC y WWE. La Copa del Mundo ya tenía precio en cada contrato de televisión, patrocinio y entrada; Infantino pretende ahora poner precio a todo el negocio de una sola vez.

El inversor también necesitará que ese precio aumente. ‘Reuters’ calcula que una participación de 4.200 millones debería alcanzar los 7.300 millones en 2030 para ofrecer una rentabilidad anual del 15%, siempre que no existieran distribuciones de efectivo. FIFA Forward Enterprise tendría que pasar de 20.000 a cerca de 37.000 millones en cuatro años. La FIFA asegura que los accionistas externos carecerán de funciones operativas y que las decisiones deportivas seguirán bajo su control, pero el capital privado entra para obtener beneficios. Ese crecimiento, así es como se vende, puede proceder de mejores contratos, nuevas plataformas y mercados todavía sin explotar; también pretende impulsar más competiciones, más partidos y una explotación todavía mayor de las entradas y la experiencia del aficionado.

Joshua Kushner entra en el fútbol

La sociedad es el nuevo vehículo de capital permanente creado por Joshua Kushner, de 41 años, fundador de Thrive Capital y hermano menor de Jared Kushner, marido de Ivanka Trump -hija de Donald Trump-. Joshua estudió en Harvard, creó Thrive en 2009 y cofundó la aseguradora Oscar Health. Su firma ha invertido en Instagram, Spotify, Slack, Stripe y OpenAI, gestiona alrededor de 25.000 millones de dólares y ha elevado su fortuna personal hasta unos 5.200 millones según Forbes. No está entre las treinta mayores fortunas del mundo, como se ha publicado, y la valoración de 3.600 millones corresponde a una estimación anterior.

Thrive Eternal explica mejor su interés que el árbol genealógico. El vehículo fue creado para mantener durante periodos muy largos participaciones en franquicias e instituciones culturales difíciles de reproducir mediante tecnología. Su primera operación deportiva fue la adquisición de una participación minoritaria en los San Francisco Giants de la MLB. El Mundial encaja perfectamente en esa definición: una marca global, irrepetible, protegida por una estructura institucional y capaz de conservar su escasez durante generaciones. Bob Iger, ex consejero delegado de Disney, participa como asesor de Thrive Eternal; JPMorgan trabaja con la FIFA en la operación, Greg Maffei —antiguo responsable de Liberty Media durante su etapa al frente de la Fórmula 1— actúa como asesor comercial y OpenEconomics busca otros inversores internacionales.

Donald Trump no figura como inversor y Jared Kushner tampoco forma parte del grupo, aunque su presencia aparece por la conexión familiar y por la relación que Infantino ha construido con el presidente estadounidense. La FIFA abrió una oficina en Trump Tower, Infantino concedió a Trump el primer Premio de la Paz de la organización y ambos compartieron el protagonismo durante la entrega del trofeo del Mundial. El presidente estadounidense encontró en el fútbol otro gran escenario internacional; Infantino encontró acceso directo a la Casa Blanca y al Gobierno del principal país organizador. Todo parece algo más que una simple amistad institucional.

El congresista estadounidense Jamie Raskin ha solicitado ahora las comunicaciones entre FIFA, la Administración Trump y los negocios de la familia, además de los documentos sobre Trump Tower y una entrevista transcrita con Infantino. La operación con Thrive llega cuando esa relación ya se encuentra bajo escrutinio político.

UEFA ha convertido el rechazo en una batalla abierta. “El alma y el gobierno del fútbol no son activos con los que comerciar. Ninguno de nosotros es dueño del fútbol. No pertenece a la FIFA para venderlo”, respondió la organización europea a todas estas pretensiones mercantiles. La distancia entre Aleksander Ceferin e Infantino había quedado expuesta con la ausencia del presidente de UEFA en la final y ha pasado ahora al modelo económico que dirigirá el deporte. Infantino ya intentó en 2018 impulsar una operación de 25.000 millones con SoftBank para ampliar el Mundial de Clubes y crear una competición mundial de selecciones; la oposición europea la frenó. Ocho años después dispone de más ingresos, más apoyo entre las federaciones y 20 millones de razones para convencer a cada una.

La discusión supera la defensa sentimental del Mundial. FIFA sostiene que el capital permitirá repartir mejor la riqueza y conservará toda la autoridad deportiva. UEFA advierte de que un inversor puede impedir el voto sobre el calendario y condicionar igualmente su evolución mediante la exigencia de rentabilidad. La parte que no está en contratos aún está en el aire ya que Infantino debe demostrar que el mundo del fútbol acepta que una parte de su competición más importante pertenezca a alguien.