The Ocean Race Atlantic: cuando el Atlántico se convierte en una pista de velocidad
Javier Nieto
septiembre 1, 2026

La primera edición de The Ocean Race Atlantic ha comenzado con una particularidad: los seis barcos abandonan Nueva York el 1 de septiembre, pero la competición oficial no empieza hasta el día siguiente. La flota debe navegar primero hasta una línea virtual situada 145 millas náuticas —unos 268 kilómetros— mar adentro. Desde allí, cuatro regatistas y un reportero por embarcación afrontarán aproximadamente 3.000 millas náuticas —más de 5.500 kilómetros— hasta Lorient, en Francia, con las primeras llegadas previstas para el 8 o 9 de septiembre.

Ocho días pueden parecer poco frente a los meses que exige una vuelta al mundo, pero precisamente ahí reside la dificultad. The Ocean Race Atlantic está planteada como un ‘sprint’ oceánico: la corta duración reduce el margen para navegar de forma conservadora, descansar durante más tiempo o recuperar la distancia perdida tras una mala decisión. Los equipos deberán mantener un ritmo elevado prácticamente desde la salida sin superar el límite de resistencia de sus tripulantes y embarcaciones. La prueba fue anunciada originalmente en 2024 con Barcelona como destino, pero Lorient quedó confirmada en abril de 2026 como llegada definitiva. La ciudad bretona alberga las bases de buena parte de la flota IMOCA y constituye uno de los principales centros mundiales de la navegación oceánica.

Ocho días para cruzar un océano

Los barcos pertenecen a la clase International Monohull Open Class Association -IMOCA-, monocascos de 18,28 metros con mástiles que pueden aproximarse a los 29. Sus foils retráctiles generan sustentación, elevan parcialmente el casco sobre el agua y reducen la resistencia, aunque no hacen volar completamente al barco como sucede con otras embarcaciones. En las condiciones adecuadas pueden superar los 30 nudos y recorrer más de 1.000 kilómetros en un solo día. El récord de la clase está en 641 millas náuticas durante 24 horas, una marca que podría verse amenazada si el viento, las olas y la corriente se alinean durante la travesía.

El desafío consiste en saber cuándo utilizar toda esa velocidad. La corriente del Golfo avanza hacia el nordeste y puede aportar varios nudos adicionales, pero no dibuja una trayectoria uniforme: forma curvas, ramificaciones y remolinos que los navegantes deben localizar mediante modelos, imágenes por satélite y mediciones del agua. Su interacción con los frentes y masas de aire del Atlántico Norte también puede levantar un oleaje corto e irregular. A bordo, cada impacto se transmite a la estructura y a los cuerpos de los tripulantes, que trabajan entre ruido, humedad, movimientos bruscos y periodos de sueño fragmentados. Dos de los equipos, Team Malizia y DMG MORI Sailing Team, añadirán otra incógnita al estrenar sus nuevos barcos en competición.

Dos mujeres y dos hombres en cada barco

La regata introduce la primera obligación de igualdad completa en los 53 años de historia de The Ocean Race. Cada equipo debe competir con dos mujeres y dos hombres, además de un ‘on-board reporter’ -OBR- encargado de producir fotografías, vídeos, entrevistas y conexiones desde el océano sin formar parte de los cuatro regatistas. La norma amplía un proceso iniciado en ediciones anteriores: las mujeres representaron el 18% de los participantes en 2014-2015 y alcanzaron el 28% en 2022-2023, cuando cada equipo IMOCA debía embarcar al menos a una. La nueva fórmula garantiza ahora la misma representación y responsabilidad deportiva durante toda la travesía.

La flota está formada por Team Malizia, dirigido por Boris Herrmann; Team Francesca Clapcich Powered by 11th Hour Racing, con Francesca Clapcich; United by the Ocean, encabezado por Paul Meilhat y Mariana Lobato; DMG MORI Sailing Team, de Kojiro Shiraishi; Embrace The Challenge, con Oliver Heer; y el neozelandés MSIG Europe, liderado por Conrad Colman. Los 24 regatistas compiten por el triunfo deportivo, mientras los equipos participan simultáneamente en el ‘Racing for the Ocean Teams Challenge’, que los evalúa mediante 30 criterios relacionados con sus operaciones, impacto climático, construcción de barcos, ciencia, educación, comunicación, inclusión y acceso a la vela.

Seis barcos convertidos en laboratorios

La posición de la línea de salida responde también a un criterio ambiental. Alejarla de la costa norteamericana reduce el riesgo de encuentros con ballenas, mamíferos marinos y otra megafauna presente en esas aguas. Durante la travesía, los seis IMOCA se convertirán además en plataformas de investigación capaces de reunir más de 800.000 mediciones sobre la corriente del Golfo. Cuatro barcos llevan una unidad automática que registra continuamente la temperatura y salinidad de la superficie, el dióxido de carbono y el oxígeno disueltos, y la presión atmosférica. Los otros dos transportan sistemas destinados a recoger muestras de microplásticos. La información será entregada a instituciones científicas como el GEOMAR Helmholtz Centre for Ocean Research Kiel, el Institut français de recherche pour l’exploitation de la mer -Ifremer- y el Centre national de la recherche scientifique -CNRS-.

The Ocean Race Atlantic es nueva, pero procede de una historia iniciada el 8 de septiembre de 1973, cuando 17 embarcaciones partieron de Portsmouth en la primera Whitbread Round the World Race. El mexicano Sayula II, patroneado por Ramón Carlin, ganó aquella vuelta al mundo después de 152 días de navegación. La competición adoptó el nombre Volvo Ocean Race entre 2001 y 2018 antes de convertirse en The Ocean Race. Los actuales barcos con foils debutaron en su vuelta al mundo de 2022-2023 y sustituyeron las largas cubiertas abiertas y las tripulaciones numerosas de las primeras ediciones por cabinas protegidas, equipos reducidos, navegación satelital y embarcaciones concebidas para mantener velocidades antes impensables.

La travesía del Atlántico tampoco carece de precedentes. La Volvo Ocean Race ya disputó en 2006 una etapa de 3.200 millas entre Nueva York y Portsmouth, mientras que en 2018 navegó desde Newport hasta Cardiff. La New York-Vendée llevó además flotas de IMOCA en solitario desde Manhattan hasta Les Sables-d’Olonne en 2016 y 2024. La novedad reside en que The Ocean Race Atlantic convierte por primera vez ese recorrido en una competición independiente, completamente tripulada y no integrada como una etapa de la vuelta al mundo. Para varios equipos será también el ensayo más exigente antes de la siguiente The Ocean Race, que comenzará en Alicante en enero de 2027.