El Mundial femenino de baloncesto de la Federación Internacional de Baloncesto -FIBA-, que se celebra del 4 al 13 de septiembre en Berlín, tiene algunas de sus particularidades bajo los pies de las jugadoras y sobre las cabezas de los espectadores. Sus dos sedes, la Berlin Arena y la Max-Schmeling-Halle, cuentan con pistas desmontables de madera que pesan unas 16 toneladas cada una. Una cantidad limitada de fragmentos auténticos se pondrá a la venta después del campeonato. En la segunda de estas instalaciones, la curiosidad se encuentra también en el exterior: su cubierta vegetal se ha mantenido mediante el pastoreo de ovejas, una práctica que incluso ha dado nombre a una reunión del sector de eventos.
Antes de que las jugadoras pudieran entrenarse sobre esas pistas, hubo que ensamblar los 867 paneles que componen cada una. Según FIBA, un equipo de seis personas puede completar la instalación en menos de seis horas, pese al peso del conjunto. No se trata de construir un suelo permanente dentro del pabellón, sino de montar una superficie preparada para trasladarse de una sede a otra. El sistema permite que un recinto dedicado durante el año a conciertos y distintas competiciones disponga temporalmente de una cancha con las características exigidas para un Mundial.
Un Mundial sobre 867 paneles
Las pistas las suministra Junckers, proveedor técnico global de FIBA desde 2021, y están fabricadas con madera maciza de haya europea. El sistema Pro Complete 44 tiene un grosor de 44 milímetros y llega terminado al pabellón, sin necesidad de lijado ni tratamiento superficial después del montaje. La identidad visual del torneo también se prepara antes: los logotipos y los gráficos se imprimen directamente sobre la madera y quedan protegidos por dos capas de barniz deportivo. El mismo sistema de suelo portátil se ha utilizado en los Juegos Olímpicos de París 2024, el Mundial masculino de 2023 y el EuroBasket de 2025.
Cuando termine la competición, desmontar cada pista llevará menos de cuatro horas. Su diseño permite transportarla y volver a instalarla, mientras que la madera admite entre ocho y diez lijados a lo largo de su vida útil para renovar la superficie y prolongar su utilización. En este Mundial, además, una parte del escenario tendrá un destino diferente: FIBA ha anunciado que pondrá a la venta una cantidad limitada de piezas auténticas como recuerdo del campeonato. Los detalles se comunicarán más adelante, pero la propuesta permitirá conservar un fragmento del suelo sobre el que habrán competido las selecciones.
Las ovejas que cuidan el tejado
En la Max-Schmeling-Halle, situada en Prenzlauer Berg, el mantenimiento del edificio ofrece otra imagen poco habitual en un pabellón internacional. Sobre su cubierta crece vegetación, y para mantenerla se han utilizado ovejas que recortan la hierba al pastar. El portal oficial de Berlín documenta esta práctica y la vincula al trabajo del pastor urbano Björn Hagge, cuyo rebaño se desplaza por diferentes zonas verdes de la ciudad y sus alrededores. Los animales cumplen así una función en el cuidado del recinto; no forman parte de la programación del Mundial ni de una actividad preparada para sus aficionados.
Esa peculiaridad ha dado nombre a ‘Night of Sheep’, el encuentro que Velomax, gestora del pabellón y del Velodrom berlinés, organiza sobre el tejado. La quinta edición se celebró el 2 de julio y reunió a más de 200 invitados de la cultura, los negocios, los medios de comunicación y, especialmente, la industria de los eventos. Durante una tarde de música y conversaciones, la cubierta volvió a funcionar como lugar de reunión para profesionales que habitualmente trabajan dentro de los recintos. Las obras visibles en el cercano Friedrich-Ludwig-Jahn-Sportpark añadieron este año una perspectiva sobre la transformación del entorno deportivo del barrio.
La noche en la que faltaron las ovejas
Sin embargo, las protagonistas que daban nombre al encuentro no pudieron asistir. Según explicó Velomax, razones climáticas y logísticas impidieron llevar las ovejas a la edición de julio. La empresa recurrió entonces a una sustitución menos exigente: globos de helio con forma de oveja. La quinta ‘Night of Sheep’ se convirtió así, con ese nombre utilizado por la propia organización, en la primera ‘Night of no Sheep’. La anécdota pertenece a aquella reunión de verano, no al campeonato de baloncesto, y muestra cómo una práctica de mantenimiento ha acabado formando parte de la identidad del pabellón.
Tras aquella cita y la pausa estival, la Max-Schmeling-Halle recibe ahora el Mundial antes de continuar con su temporada de conciertos y competiciones deportivas. El calendario explica la utilidad de una cancha que puede instalarse y retirarse en cuestión de horas, sin quedar ligada permanentemente a un solo recinto. Cuando termine el torneo, los paneles podrán desmontarse para dejar espacio a las siguientes actividades. Algunos fragmentos, además, saldrán del circuito de pabellones y almacenes para convertirse en los recuerdos del campeonato que FIBA ofrecerá a los aficionados.
