Aerials skiing y high diving, acrobacias en invierno y verano
Javier Nieto
enero 13, 2026

Entre las disciplinas que formarán parte del programa de los Juegos Olímpicos de Invierno de Milano Cortina, el freestyle skiing o aerials skiing destaca por su espectacularidad aérea y por un lenguaje técnico que resulta muy familiar para quienes siguen el high diving. Aunque uno se disputa sobre nieve y el otro sobre agua, ambos deportes comparten una base acrobática común que va mucho más allá de la estética.

En el aerials skiing, los deportistas descienden a gran velocidad por una pendiente para lanzarse desde un trampolín de unos siete metros y medio, encadenando hasta tres saltos mortales y múltiples giros antes de aterrizar sobre una pendiente inclinada. En el high diving, los atletas se lanzan desde plataformas de 20 o 27 metros y ejecutan secuencias similares de giros y volteretas antes de entrar al agua de pie. Dos entornos opuestos, pero una lógica aérea muy parecida.

Similitudes técnicas: dificultad, ejecución y aterrizaje

Las coincidencias entre ambas disciplinas son claras. Tanto en el aerials skiing como en el high diving, el reglamento exige aterrizar sobre los pies, la ejecución se valora mediante sistemas de puntuación que descartan las notas más alta y más baja, y el resultado final se multiplica por el grado de dificultad del ejercicio. Incluso el lenguaje técnico es comparable: códigos complejos en el high diving y términos como “full”, “double full” o “triple full” en aerials para describir las rotaciones.

Esa conexión técnica la resume bien Trace Worthington, doble olímpico en aerials y comentarista habitual de high diving. “Tienes que mantener el core muy firme, necesitas un despegue potente y paciencia en la ejecución. Si sales bien cuadrado del salto o de la plataforma, eso marca todo el ejercicio”, explica. Worthington subraya además la importancia del spotting, la referencia visual que permite al deportista orientarse entre giros para saber dónde está y cuánto margen le queda antes del aterrizaje.

El peso del material y la libertad de movimiento

Más allá de las similitudes, las diferencias técnicas son determinantes. En el high diving, el impulso inicial es limitado: el atleta salta desde la plataforma y el punto más alto del ejercicio suele coincidir con el primer giro, a partir del cual comienza una caída constante. En el aerials skiing, el contexto es completamente distinto. «En aerials entras al salto a unas 40 o 45 millas por hora y sales disparado hacia arriba por una rampa muy inclinada”, explica Worthington. “Si haces un triple mortal hacia atrás, todavía estás subiendo cuando entras en el segundo giro. El punto más alto suele llegar ahí, antes de empezar a caer”. A esa trayectoria vertical se suma además un desplazamiento horizontal que obliga a calcular con precisión la distancia hasta la zona de aterrizaje.

Otra diferencia menos evidente está en el material. Los esquiadores de aerials compiten con botas, esquís, fijaciones, casco y equipación completa, lo que añade una carga extra a cada rotación. “Mover toda esa masa es muy distinto a hacerlo en high diving, donde llevas un bañador y los pies desnudos”, apunta Worthington. Esa diferencia condiciona la velocidad de giro y la capacidad de ajuste en el aire. Desde el otro lado, los propios high divers suelen ver con admiración el impulso que proporciona la rampa de aerials. “Ellos lo perciben como volar”, explica el exolímpico, “como dejarse llevar por la velocidad y el salto, algo que no existe en el diving, donde todo depende del impulso inicial”.

Influencias cruzadas y aprendizaje entre disciplinas

La relación entre ambos deportes no es solo teórica. En los Juegos Olímpicos de Invierno de Salt Lake City, Ales Valenta sorprendió al mundo al ejecutar un ejercicio de tres mortales con cinco giros, una combinación inédita hasta entonces en competición. Para lograrlo, adoptó posiciones de brazos propias del diving, bajo la supervisión de su entrenador Vladimir Aleynik, doble medallista olímpico en saltos.

De cara al futuro, Worthington cree que los aerialistas pueden aprender mucho de la velocidad de giro de los high divers. “El aerials se dirige hacia ejercicios de tres mortales con seis giros. Para sobrevivir a ese salto necesitas una técnica de rotación y una fuerza de core enormes”, señala, citando como referencia a Constantin Popovici, campeón mundial de high diving, por su disciplina física y capacidad de giro.

Perfiles que podrían cruzar de un deporte a otro

En ese cruce de caminos, Worthington identifica perfiles concretos con potencial para adaptarse. “Aidan Heslop tiene una técnica de giro y de spotting muy similar a la de un aerialista”, explica, aunque matiza que su estatura podría ser un hándicap en la nieve. En el caso femenino, destaca a Rhiannan Iffland, por su formación previa en trampolín y su control aéreo.

Al final, la conexión entre aerials skiing y high diving se basa en un respeto mutuo entre disciplinas que comparten el riesgo, la precisión y la acrobacia. “Lo que más les impresiona del otro deporte no es la parte técnica, sino el contexto”, concluye Worthington. “Los aerialistas miran la altura del high diving y piensan que es una locura. Los high divers ven la velocidad de entrada en la nieve y no entienden cómo controlan el despegue. Ambos saben perfectamente qué hacer en el aire. Lo que les asusta es todo lo demás”.

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