La selección masculina de Grecia llevaba décadas instalada entre las mejores del waterpolo sin haber ocupado nunca el primer lugar. Había disputado cinco finales internacionales absolutas y las había perdido todas. La sexta terminó con un gol de Stylianos Argyropoulos a doce segundos del final y con el primer gran título mundial de su historia.
Grecia derrotó a Hungría por 15-14 en la final de la Copa del Mundo disputada en Sídney. Dominó casi todo el partido, llegó al último cuarto con ventaja y se colocó 14-11, pero Hungría empató a falta de 45 segundos. Después de un tiempo muerto, Argyropoulos recibió el balón y marcó el gol que rompió una espera de casi treinta años.
Sus 5 derrotas en finales
La primera oportunidad había llegado en la Copa del Mundo de 1997, celebrada en Atenas, donde perdió la final ante Estados Unidos. Después llegaron la plata de los Juegos Mediterráneos de Tarragona 2018, la derrota ante Serbia en la final olímpica de Tokio 2020, el Mundial de Fukuoka 2023 perdido frente a Hungría en los penaltis y la Copa del Mundo de 2025, en la que España se impuso por 16-14.
Thodoris Vlachos había dirigido al equipo en las cuatro últimas. El seleccionador asumió el cargo en 2014 y fue construyendo una generación capaz de conseguir medallas olímpicas y mundiales, pero siempre se detenía en el último partido. La derrota de 2025 terminó siendo la antesala del título: un año después, Grecia regresó a la misma final y cambió la plata por el oro.
Tres victorias por un solo gol
El recorrido en Sídney tampoco permitió relajarse. Grecia superó a Montenegro por 14-13 en cuartos de final, resistió ante Italia por 10-9 en semifinales y volvió a ganar por la mínima frente a Hungría. Tres eliminatorias, tres victorias por un gol y una forma directa de demostrar que el equipo había aprendido a competir en los momentos que antes le alejaban del título.
Dimitrios Skoumpakis marcó cinco goles en la final y Panagiotis Tzortzatos realizó diez paradas. Argyropoulos, autor del lanzamiento decisivo, fue elegido mejor jugador del torneo, mientras que Tzortzatos recibió el premio al mejor portero. Grecia había llegado a Sídney buscando su primer oro y salió con los dos principales reconocimientos individuales.
El triunfo no convierte en inútiles las cinco finales anteriores. Tokio, Fukuoka y Podgorica formaron al equipo que supo conservar la calma cuando Hungría empató a menos de un minuto para el final. Grecia necesitó perder cinco veces para aprender a ganar la sexta.
