Cortina d’Ampezzo revive su historia olímpica para construir el modelo de 2026
Juan José Saldaña
enero 28, 2026

Setenta años después de haber sido anfitriona de los Juegos Olímpicos de Invierno, Cortina d’Ampezzo vuelve a ocupar un lugar central en la narrativa olímpica. El reciente paso del relevo de la antorcha de Milano Cortina 2026 por sus calles y la inauguración de un cartel conmemorativo de 1956 no solo evocaron recuerdos, sino que activaron una memoria colectiva que hoy guía decisiones concretas. La ciudad de las Dolomitas no mira su pasado con nostalgia, sino como una hoja de ruta para proyectar el futuro.

Milano Cortina 2026 se construye, en buena medida, sobre esa experiencia. El modelo organizativo prioriza el uso de infraestructuras existentes y pone en el centro la creación de valor duradero para las comunidades alpinas. En un entorno montañoso que enfrenta transformaciones climáticas, económicas y sociales, el legado olímpico deja de ser un recuerdo arquitectónico y se convierte en una herramienta viva para planificar con sentido de permanencia.

Un legado que sigue en uso y define las decisiones actuales

En Cortina, los vestigios de 1956 no son piezas de museo. El Estadio Olímpico de Hielo continúa integrado en la vida cotidiana y las pistas de Tofane siguen siendo escenario de competiciones de élite. Cerca del 70 % de las instalaciones permanentes construidas para aquellos Juegos todavía están en funcionamiento, acogiendo pruebas de la Copa del Mundo de la FIS y campeonatos internacionales. Varias de ellas volverán a ser protagonistas en 2026, confirmando que la inversión de hace siete décadas fue pensada con una mirada inusualmente larga.

Esa lógica se replica hoy con mayor escala. Con el 85 % de las sedes de competición ya existentes, los organizadores de Milano Cortina 2026 están aprovechando recintos que forman parte natural del paisaje alpino. En Cortina, el Estadio Olímpico de Hielo recibirá el curling y el curling en silla de ruedas, mientras que Tofane albergará el esquí alpino y el paraalpino. Incluso el histórico Centro de Deslizamiento Eugenio Monti, completamente remodelado, volverá a recibir el bobsleigh, skeleton y luge, reforzando un vínculo que ha marcado la identidad deportiva de la ciudad durante generaciones.

Innovación, conexión y comunidad en una nueva realidad de montaña

Cortina 1956 fue también un laboratorio de innovación. Allí se introdujeron avances en el cronometraje con mediciones a la centésima de segundo y se implementaron por primera vez puertas de salida con señales ópticas en el esquí alpino, sistemas que luego se convirtieron en estándar olímpico. Fueron, además, los primeros Juegos de Invierno transmitidos en directo por televisión en varios países europeos, transformando un evento remoto en una experiencia compartida en millones de hogares y proyectando la imagen de este pequeño valle al mundo.

Hoy, ese espíritu innovador se traslada a la forma en que los Juegos dialogan con la comunidad. En 1956 no se construyó una Villa Olímpica: los atletas se alojaron en hoteles y casas familiares, utilizando la capacidad existente. Para 2026, seis Villas Olímpicas se adaptarán a sus entornos combinando nuevas construcciones con infraestructuras ya disponibles. En Cortina, una ciudad alpina temporal acogerá a 1.400 residentes con los picos de Pomagagnon y Tofane como telón de fondo, mientras se modernizan redes eléctricas, servicios sanitarios como el Hospital Codivilla y se refuerza el perfil de la ciudad como destino de bienestar en una región que enfrenta inviernos más cortos y una economía estacional cada vez más exigente.

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