Robert Moreno explicó en el podcast ‘Offsiders’ una situación que permite mirar más allá del escaparate económico del fútbol profesional. Tras la etapa de Luis Enrique en la Roma, el técnico recordó que sus primeros sueldos “decentes” llegaron en el club italiano y que, cuando el cuerpo técnico quedó a la espera de una nueva oferta, la pausa empezó a tener impacto directo en su economía familiar: “Me quedaba hasta septiembre de dinero para pagar la hipoteca”.
La escena tiene valor porque no ocurre en un deporte periférico, sino en el ecosistema que más se asocia al dinero. Para un primer entrenador consolidado, detenerse, esperar una oferta o rechazar un proyecto puede formar parte de la gestión de su carrera; para parte de su cuerpo técnico, esa misma pausa puede convertirse en una interrupción laboral. La diferencia no está solo en el nivel deportivo, sino en la posición económica que cada profesional ocupa dentro de la estructura.
La segunda línea del alto rendimiento deportivo
El deporte de élite no funciona como una categoría económica homogénea. En un mismo entorno conviven estrellas con contratos millonarios, primeros entrenadores con capacidad de elección, ayudantes con salarios regulados, analistas vinculados a proyectos concretos, preparadores físicos, fisios, readaptadores, técnicos federativos y entrenadores personales dependientes de becas, resultados o convocatorias. La élite, vista desde dentro, tiene jerarquías laborales muy marcadas.
La Liga ACB ofrece un ejemplo claro de esa diferencia interna. La documentación de la Asociación Española de Entrenadores de Baloncesto -AEEB- recogía como referencia un salario mínimo de 36.000 euros para el primer ayudante y 32.000 euros para el resto de ayudantes, cantidades que muestran una estructura regulada, pero no una posición de seguridad económica comparable al imaginario del deporte profesional. Con una familia, una hipoteca y una carrera condicionada por la continuidad del proyecto deportivo, esos importes no son nada holgados como para asumir un año sin contrato.
Entrenadores personales y especialistas lejos del escaparate
La gimnasia permite observar esa distancia entre prestigio técnico y mercado económico. Cecile Canqueteau-Landi, entrenadora vinculada a Simone Biles y nombrada co-head coach de Georgia Gymnastics, pasó a percibir 340.000 dólares anuales, mientras Ryan Roberts quedó en 265.000 dólares. Son cifras altas para la gimnasia universitaria, pero relevantes por su excepcionalidad: proceden de una entrenadora asociada a una de las figuras más dominantes de la historia de su disciplina y a una estructura de la NCAA, no de una norma general. La propia USA Gymnastics sitúa el pago de entrenadores con experiencia a tiempo completo entre 30.000 y 80.000 dólares, con niveles de entrada de 10 a 20 dólares por hora.
La misma lógica aparece en otras disciplinas olímpicas. En Reino Unido, entrenadores de atletismo vinculados a medallistas de París 2024 afrontaron recortes de financiación de hasta el 60%, con estipendios que podían bajar de 40.000 a 15.000 libras anuales, pese a que el equipo británico logró diez medallas en los Juegos. En Irlanda, la Irish Judo Association publicó una vacante de National High-Performance Coach a media jornada para trabajar en el programa olímpico de 2028, el circuito de la International Judo Federation -IJF-, campeonatos europeos y mundiales, clasificación olímpica y concentraciones internacionales, con un salario de 25.000 euros anuales condicionado a la continuidad de la financiación de Sport Ireland.

Becas, ayudas y programas federativos en el ciclo olímpico
En otros mercados, incluso los puestos ligados al rendimiento internacional se mueven en escalas alejadas de los grandes contratos del deporte espectáculo. Stanford University publicó una vacante de assistant Olympics sports performance coach con un rango previsto de 65.000 a 70.000 dólares anuales, mientras que en natación universitaria estadounidense, SwimSwam informó de un salario base de 120.000 dólares para Erik Posegay como associate head coach de University of Texas, uno de los puestos auxiliares mejor remunerados del país en su disciplina. En Canadá, el programa federal de apoyo al deporte limita con carácter general la contribución pública a puestos de entrenadores a 115.000 dólares canadienses a tiempo completo, con un máximo de 150.000 para perfiles recomendados por Own the Podium.
El deporte paralímpico español muestra con claridad cómo una parte del alto rendimiento se sostiene mediante ayudas, servicios y programas institucionales, más que mediante salarios ordinarios. El Plan ADOP incluye apoyo económico para deportistas, deportistas de apoyo y entrenadores, además de programas de ayuda directa a federaciones, relevo generacional y difusión social. En 2026, el Comité Paralímpico Español -CPE- situó las ayudas para técnicos entre 300 y 1.150 euros mensuales, dentro de un programa que contará con 191 deportistas y técnicos beneficiarios.
