El COI estudia reintroducir controles de verificación de sexo en los Juegos Olímpicos
Juan José Saldaña
diciembre 31, 2025

El deporte olímpico vuelve a situarse frente a una de sus discusiones más delicadas, una que combina ciencia, identidad, derechos y equidad competitiva. El Comité Olímpico Internacional (COI) avanza hacia un posible regreso de los controles de verificación de sexo en el deporte femenino, una práctica abandonada hace más de tres décadas y que hoy reaparece bajo un nuevo argumento: evitar el sufrimiento humano y proteger la categoría femenina en el alto rendimiento.

La propuesta, que podría anunciarse a comienzos de 2026 y aplicarse después de los Juegos Olímpicos de Invierno de Milano-Cortina, supone un cambio profundo en el marco normativo vigente. Impulsada por la presidenta del COI, Kirsty Coventry, la iniciativa plantea la introducción de pruebas genéticas para todas las mujeres que aspiren a competir en futuros Juegos, en un contexto marcado por la presión mediática, el avance de criterios científicos y la creciente fragmentación de reglas entre federaciones internacionales.

El regreso de una práctica abandonada

La discusión tomó forma concreta tras los últimos Juegos Olímpicos, cuando algunas victorias de alto impacto mediático reabrieron el debate sobre los criterios de elegibilidad en la categoría femenina. Casos como el de la boxeadora argelina Imane Khelif volvieron a poner en primer plano una pregunta que el movimiento olímpico llevaba años intentando gestionar sin respuestas definitivas. A partir de ese escenario, el COI creó una comisión de estudio para revisar la evidencia científica disponible.

Esa comisión fue presidida por Jane Thornton, nueva responsable médica del COI y exremera olímpica canadiense, quien presentó recientemente en Lausana un informe centrado en las ventajas físicas asociadas a la pubertad masculina. Según fuentes citadas por la prensa británica, las conclusiones sostienen que ciertos beneficios estructurales y fisiológicos persisten incluso tras la supresión de testosterona, lo que refuerza la idea de que los actuales límites hormonales no bastan para garantizar igualdad competitiva.

Un cambio de paradigma con impacto humano

El camino que evalúa el COI no surge en el vacío. En 2025, World Athletics ya dio un paso similar al exigir en los Mundiales de Tokio un test PCR para detectar el gen SRY del cromosoma Y, dejando fuera de la categoría femenina a quienes no superaran la prueba. La posible adopción de un criterio comparable a nivel olímpico marcaría el fin del modelo descentralizado, en el que cada federación internacional definía sus propias reglas bajo un marco general recomendado por el COI.

Ese giro también implicaría abandonar definitivamente el sistema basado en la reducción de testosterona, una exigencia que en el pasado obligó a mujeres trans y atletas con diferencias en el desarrollo sexual (DSD) a someterse a tratamientos médicos con consecuencias físicas y psicológicas significativas. Para muchas deportistas, ese proceso supuso el deterioro de su salud o la renuncia a la élite competitiva, una realidad que hoy vuelve al centro del debate mientras el COI busca unificar criterios en un terreno profundamente frágil.

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