El deporte volvió a situarse como un lenguaje común en medio de una de las crisis humanitarias más persistentes del mundo. En Ginebra, durante la Revisión del Progreso del Foro Mundial sobre los Refugiados, la voz del Movimiento Olímpico se alzó para recordar que la actividad física no es un complemento, sino una herramienta de dignidad y esperanza para millones de personas obligadas a huir de sus hogares.
En ese escenario, Thomas Bach, presidente honorario del Comité Olímpico Internacional y de la Fundación Olímpica para los Refugiados, subrayó la responsabilidad colectiva de reforzar el apoyo a las comunidades desplazadas. Su llamado a honrar el legado de Filippo Grandi, garantizando que el deporte llegue a cada persona refugiada, marcó el tono de un encuentro atravesado por la urgencia, pero también por la convicción de que la colaboración entre el deporte y la acción humanitaria puede generar cambios reales y sostenibles.
De la solidaridad a la acción colectiva
El Foro de este año estuvo cargado de simbolismo. Filippo Grandi, Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, inauguró su último evento oficial tras una década al frente del ACNUR con un mensaje honesto sobre el aumento del desplazamiento forzado y la fragilidad del sector humanitario. Sin embargo, lejos de caer en el desaliento, insistió en que la solidaridad sigue siendo un factor vital, capaz de salvar vidas cuando se traduce en compromisos concretos.
Ese espíritu fue retomado por Bach en la sesión plenaria de clausura, donde destacó la relación entre el ACNUR y el mundo del deporte como una colaboración singular. A lo largo de estos años, esa alianza ha dado forma a hitos como la creación del Equipo Olímpico de Refugiados y la consolidación de la Fundación Olímpica para los Refugiados, demostrando que el deporte puede ofrecer algo más que competencia: puede ofrecer identidad, estructura y una red de apoyo para quienes han perdido casi todo.
Ciudades y comunidades como motores de inclusión
Uno de los anuncios más relevantes del Foro fue el compromiso de la Fundación Olímpica para los Refugiados de destinar 2,25 millones de dólares a una nueva asociación con el Consejo de Migración de Alcaldes. La iniciativa busca apoyar a varias ciudades mediante subvenciones plurianuales, integrando el deporte y la actividad física en los procesos de reasentamiento, con espacios accesibles y programas locales que fortalezcan la cohesión social.
Desde la mirada de los gobiernos locales, el deporte aparece como una herramienta cercana y tangible. Así lo expresó Jamal Haddad, concejal de Ramallah, al destacar la importancia de respaldar acciones lideradas desde las ciudades para la inclusión de las personas refugiadas. En paralelo, voces como la de Masomah Ali Zada, jefa de misión del Equipo Olímpico de Refugiados, recordaron que el impacto del deporte se mide en historias personales de integración y pertenencia, pero también en la necesidad de ir más allá y reconocer su valor dentro de las respuestas humanitarias globales.




