El legado de los Juegos Olímpicos: cómo Tokio 2020 y Montreal 1976 siguen transformando sus ciudades
Juan José Saldaña
julio 24, 2026

Cinco décadas pueden parecer suficientes para que el recuerdo de unos Juegos Olímpicos se convierta en una página más de la historia. Sin embargo, tanto en Tokio como en Montreal ocurre exactamente lo contrario. Las dos ciudades, separadas por medio siglo y por contextos completamente distintos, muestran que el verdadero impacto de albergar el mayor evento deportivo del planeta no termina cuando se apaga el pebetero. Las sedes, los barrios, los programas sociales y la cultura deportiva continúan evolucionando y forman parte de la vida cotidiana de millones de personas.

Mientras Tokio conmemora cinco años desde la inauguración de unos Juegos marcados por la pandemia de COVID-19, Montreal celebra el cincuentenario de la primera cita olímpica organizada en Canadá. Ambas ciudades han aprovechado estas fechas para poner en valor un legado que va mucho más allá de las medallas: infraestructura que sigue siendo utilizada, comunidades que crecieron gracias a los proyectos urbanos, programas de apoyo para nuevas generaciones de atletas y una capacidad organizativa que continúa atrayendo eventos deportivos internacionales.

Instalaciones olímpicas que siguen siendo parte de la vida cotidiana

Uno de los mayores desafíos para cualquier ciudad anfitriona consiste en evitar que las sedes construidas para los Juegos se conviertan en espacios abandonados. Tanto Tokio como Montreal han demostrado que una planificación orientada al largo plazo puede convertir esas instalaciones en activos permanentes para la comunidad.

En Tokio, las 33 sedes permanentes de los Juegos Olímpicos de 2020 continúan en funcionamiento. El Estadio Nacional de Japón ha recibido competencias internacionales como el Campeonato Mundial de Atletismo de 2025, además de partidos de fútbol, rugby y conciertos. El Centro Acuático ofrece espacios para la práctica recreativa y campeonatos nacionales, mientras que el Parque Deportivo Urbano Ariake, creado para el debut olímpico del skateboarding y el BMX freestyle, hoy funciona como un centro deportivo abierto al público con áreas para escalada, baloncesto 3×3 y deportes urbanos. En Montreal, la historia es similar: 21 de las 24 sedes utilizadas en 1976 permanecen activas, desde la emblemática Piscina Olímpica hasta el Biodôme, instalado en el antiguo velódromo, consolidando un legado que ha sabido adaptarse a las necesidades de cada generación.

El desarrollo urbano también forma parte del legado

Los Juegos Olímpicos también dejan huellas fuera de los estadios. La transformación de antiguos espacios destinados a los atletas en barrios plenamente integrados a la ciudad refleja cómo la planificación olímpica puede responder a desafíos urbanos de largo plazo.

La antigua Villa Olímpica de Tokio es uno de los mejores ejemplos. Convertida en Harumi Flag, hoy alberga miles de viviendas, escuelas, áreas verdes, comercios, guarderías y espacios para personas mayores en un moderno distrito costero pensado para recibir a unas 12.000 personas. Además, fue concebido como el primer barrio de Japón alimentado por hidrógeno, aprovechando una tecnología que comenzó a utilizarse durante los propios Juegos. Montreal también mantiene vivo ese concepto de integración urbana. El Parque Olímpico continúa siendo un punto de encuentro para actividades deportivas, culturales y recreativas, mientras que instalaciones como la Cuenca Olímpica y el Centro Claude Robillard siguen siendo fundamentales para el entrenamiento de atletas de alto rendimiento y para el acceso de la comunidad al deporte.

El impacto humano continúa formando nuevas generaciones

Más allá de las obras físicas, el legado más profundo suele encontrarse en las personas. La experiencia organizativa, los programas de desarrollo deportivo y las redes de voluntariado creadas durante los Juegos continúan generando oportunidades años después de la ceremonia de clausura.

En Tokio, cerca de 10.000 voluntarios de los Juegos permanecen activos a través de la Red de Legado de Voluntarios, colaborando en eventos deportivos y culturales. La ciudad también mantiene una estrategia para aumentar la participación deportiva de sus habitantes, que ya alcanza al 67,5 % de la población adulta, mientras impulsa iniciativas inclusivas y programas para jóvenes junto a atletas olímpicos. En Canadá, el Programa de Asistencia al Atleta, nacido tras Montreal 1976, ha destinado más de 512 millones de dólares canadienses para apoyar a más de 15.000 deportistas olímpicos y paralímpicos. Paralelamente, Les Jeux de Montréal ha permitido que más de medio millón de niños tengan su primera experiencia competitiva, demostrando que el legado olímpico también se construye inspirando a las futuras generaciones.

Un legado que sigue proyectando el futuro olímpico

La mejor prueba de que los Juegos Olímpicos dejan una herencia duradera es que las ciudades continúan siendo protagonistas del Movimiento Olímpico décadas después de haber sido anfitrionas. La experiencia organizativa, las instalaciones y el conocimiento acumulado permiten que estos destinos sigan formando parte del calendario internacional.

Tokio será la primera sede de la Serie Q Olímpica rumbo a Los Ángeles 2028, recibiendo competencias de deportes urbanos como skateboarding, BMX freestyle, escalada y baloncesto 3×3 precisamente en escenarios que debutaron durante Tokio 2020. Montreal también volverá al centro del escenario cuando organice una de las paradas de esa misma serie clasificatoria en 2028, utilizando nuevamente el Parque Olímpico para albergar disciplinas como voleibol de playa, BMX freestyle, flag football y skateboarding. Ambas ciudades celebran sus aniversarios con actividades abiertas a la comunidad, iluminaciones, exposiciones, recorridos patrimoniales y encuentros con atletas olímpicos, demostrando que el legado continúa construyéndose cada día a través del deporte y de las personas.