Entradas récord y veto a influencers: las novedades de Wimbledon 2027
Juan José Saldaña
septiembre 9, 2026

Wimbledon llegará a su edición de 2027 con dos decisiones que reflejan la manera en que uno de los torneos más tradicionales del deporte busca adaptarse a un escenario cada vez más cambiante. Por un lado, las entradas para sus finales alcanzarán por primera vez las 400 libras, estableciendo el precio más alto de su historia. Por otro, el campeonato británico mantendrá su histórica distancia respecto a los influencers y creadores de contenido, una postura que cobra especial relevancia después de las situaciones vividas durante el reciente Abierto de Estados Unidos.

Ambas decisiones hablan de un torneo que protege con especial cuidado su identidad. Mientras el aumento de los precios responde al valor y la demanda que rodean a uno de los eventos deportivos más prestigiosos del calendario internacional, la negativa a acreditar a creadores de contenido reafirma la importancia que el All England Club concede a la experiencia dentro de sus instalaciones. En Wimbledon, la tradición no solo está presente en la vestimenta blanca o en el césped de sus pistas, sino también en la forma en que el público accede, vive y observa el tenis.

Las entradas más caras en la historia de Wimbledon

La apertura del tradicional sorteo de entradas permitió conocer los precios que tendrán las finales de Wimbledon 2027. Los tickets para los partidos decisivos, tanto en el cuadro masculino como en el femenino, costarán 400 libras, equivalentes a unos 465 euros, lo que supone un incremento del 14 % respecto a la edición anterior y marca un récord absoluto para el torneo. La organización, sin embargo, considera que las tarifas siguen siendo «muy competitivas» si se tiene en cuenta la dimensión internacional y el prestigio de una competición considerada una de las grandes joyas del deporte británico.

El acceso a Wimbledon continúa, además, respondiendo a un modelo muy diferente al de otros grandes acontecimientos deportivos. Los aficionados pueden conseguir sus entradas mediante los abonos que se comercializan cada cinco años y garantizan acceso a una pista determinada durante ese periodo, a través del sorteo o formando parte de la tradicional cola en los alrededores del All England Club. Este sistema convierte la obtención de una entrada en una experiencia que va más allá de una simple compra y mantiene viva una de las costumbres más reconocibles del torneo, incluso en un contexto en el que asistir a las finales será más caro que nunca.

Wimbledon mantiene su distancia con los influencers

La otra gran novedad tiene relación con la manera en que Wimbledon entiende el comportamiento dentro de sus instalaciones. Según medios británicos, el torneo no tiene previsto acreditar a influencers ni creadores de contenido, manteniendo una política que contrasta con la adoptada por el Abierto de Estados Unidos. En Nueva York, la organización amplió significativamente este tipo de acreditaciones con el objetivo de llegar a nuevas audiencias, pero la presencia de cerca de un centenar de creadores también provocó críticas y situaciones incómodas durante algunos encuentros.

Uno de los episodios más comentados se produjo durante un partido de la cuatro veces campeona de Grand Slam Naomi Osaka, cuando un grupo de influencers utilizó un aro de luz desde la grada, generando distracciones para las jugadoras y obligando al juez de silla a intervenir en varias ocasiones. Osaka cuestionó esta conducta, mientras Coco Gauff defendió la necesidad de respetar las normas de etiqueta del tenis. En Wimbledon, las propias reglas del All England Club ya limitan este tipo de prácticas: no está permitido acceder a los partidos con objetos como aros de luz y el personal acreditado tiene prohibido grabar vídeo en gran parte de las instalaciones, una forma de preservar una atmósfera en la que el protagonismo continúa reservado para lo que ocurre dentro de la pista.