Las futbolistas afganas podrán volver a competir en partidos y torneos oficiales de la FIFA después de que el organismo haya aprobado una reforma excepcional para permitir su inscripción como selección nacional sin depender de la Federación de Fútbol de Afganistán. La medida permitirá que las jugadoras afganas en el exilio, incluidas las integrantes de Afghan Women United, puedan competir como representantes de Afganistán en torneos FIFA, en coordinación con la Confederación Asiática de Fútbol -AFC-.
La decisión soluciona un conflicto que el fútbol internacional tenía pendiente desde 2021. Las futbolistas afganas habían quedado atrapadas entre una realidad política que les impedía jugar dentro del país y una estructura federativa que exigía el aval de una federación nacional incapaz de reconocerlas. Tras el regreso de los talibanes al poder en agosto de 2021, la selección femenina afgana, creada en 2007, dejó de competir oficialmente y muchas jugadoras tuvieron que huir a países como Australia, Portugal, Albania, Reino Unido o Estados Unidos. FIFA devuelve ahora identidad deportiva a un grupo de jugadoras que habían perdido selección, calendario y reconocimiento oficial, aunque la solución llega después de varios ciclos competitivos ya cerrados.
FIFA corrige una laguna reglamentaria
La modificación aprobada por el Consejo de la FIFA permite al organismo, en consulta con la confederación correspondiente, establecer o aprobar la inscripción de una selección nacional o representativa cuando una federación miembro no pueda hacerlo. En la práctica, FIFA crea una vía excepcional para que las jugadoras no queden excluidas de la competición internacional por circunstancias ajenas a su voluntad, en línea con sus principios de universalidad, inclusión y no discriminación.
El cambio se apoya en la Strategy for Action for Afghan Women’s Football, aprobada por FIFA en mayo de 2025, y en la creación de Afghan Women United, un equipo formado por futbolistas afganas refugiadas y repartidas por distintos países. Esa estructura ofrecía oportunidades de juego, selección y preparación, pero no equivalía todavía a una plena reincorporación como selección nacional en competiciones oficiales. FIFA liderará ahora los pasos administrativos, operativos y deportivos necesarios, con apoyo humano, técnico y financiero, y mantendrá paquetes de apoyo para las jugadoras durante una fase de transición de hasta dos años.
Identidad, dignidad y una reparación pendiente
Para las futbolistas afganas, el regreso no es solo competitivo. Representar a Afganistán vuelve a ser una cuestión de identidad, dignidad y pertenencia después de años jugando como refugiadas, como invitadas o bajo estructuras provisionales. Khalida Popal, excapitana y una de las principales voces de la campaña, resumió el alcance de la decisión al afirmar que representar al país es “una cuestión de identidad, dignidad y esperanza”.
La medida también ha sido recibida como un precedente en la protección de los derechos de las deportistas en situaciones excepcionales. Nadia Nadim, nacida en Afganistán e internacional con Dinamarca, destacó que la decisión reconoce a las futbolistas afganas “no como víctimas de sus circunstancias, sino como jugadoras de élite con derecho a competir, ser vistas y ser respetadas”. Andrea Florence, directora ejecutiva de la Sport & Rights Alliance, subrayó que la reforma demuestra que los organismos deportivos pueden adaptar sus normas para proteger los derechos humanos cuando las circunstancias lo exigen.
Lo que se perdió y lo que vuelve a abrirse
La reforma también expone la tardanza de FIFA ante una exclusión que chocaba con el discurso actual del deporte internacional. Es una gran avance, pero llega después de años de presión de jugadoras, activistas y organizaciones de derechos humanos. Durante casi cinco años, las futbolistas afganas quedaron fuera del sistema competitivo internacional porque la normativa trasladaba, de hecho, el bloqueo talibán al fútbol global. Esa demora resulta especialmente incómoda para una FIFA que ha situado el crecimiento del fútbol femenino, la inclusión y la no discriminación como parte central de su discurso institucional.
El coste deportivo ya es evidente. Afganistán no podrá disputar la clasificación para el Mundial femenino de 2027 en Brasil, y el equipo ha perdido años de competición oficial, desarrollo, ranking, rodaje internacional, financiación y visibilidad. La Sport & Rights Alliance ya había denunciado que la selección quedó fuera del sorteo de los clasificatorios de la Copa Asiática femenina de la AFC 2026, competición que alimentaba el camino hacia el Mundial de 2027, lo que significaba el segundo ciclo mundialista condicionado por la exclusión desde el regreso de los talibanes.
La nueva vía reglamentaria sí puede permitir a las futbolistas afganas competir en futuros torneos FIFA y mantiene abierta la posibilidad de participar en el proceso clasificatorio para los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028. El reto inmediato será convertir la decisión en una estructura estable, segura y competitiva, con calendario, financiación, cuerpo técnico y reconocimiento deportivo. Andrea Florence resumió el alcance político de la medida al afirmar que “ningún gobierno debería tener poder para borrar a las mujeres de la vida pública”.

Identidad, dignidad y una reparación pendiente