El COI quiere un fútbol olímpico más parecido al Mundial de FIFA
Juan José Saldaña
mayo 2, 2026

Los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028 no solo empiezan a tomar forma en el mapa, también en el fondo de su propuesta deportiva. La confirmación de siete sedes para el torneo olímpico de fútbol en Estados Unidos marca un paso importante en la construcción de uno de los eventos más masivos del programa, pero detrás de la distribución territorial y la logística aparece una intención más profunda: redefinir el peso del fútbol dentro del ecosistema olímpico y acercarlo a una escala más ambiciosa, más global y más cercana a la lógica del Mundial.

La decisión no responde únicamente a una cuestión organizativa. Mientras LA28 amplía su despliegue con partidos repartidos entre costas y ciudades estratégicas, el Comité Olímpico Internacional también empieza a perfilar una discusión más estructural sobre el futuro del torneo masculino. La reducción de selecciones, el rediseño competitivo y la postura del COI de acercar esta competencia al estándar simbólico y deportivo de la Copa del Mundo abren una conversación que va mucho más allá del calendario: qué lugar quiere ocupar el fútbol olímpico en la jerarquía real del deporte internacional.

LA28 expande el mapa y rediseña la experiencia del fútbol olímpico

Los Ángeles 2028 apostó por una fórmula amplia y descentralizada para uno de sus torneos más convocantes. El fútbol olímpico tendrá partidos en siete sedes distribuidas por todo Estados Unidos, con una ruta diseñada de este a oeste para reducir traslados y optimizar la progresión competitiva de los equipos. Nueva York, Columbus, Nashville, San Luis, San José y San Diego se suman al Rose Bowl de Pasadena, escenario reservado para las rondas finales y para las dos definiciones por la medalla de oro, programadas para el 28 y 29 de julio de 2028.

La apuesta no solo amplía el alcance territorial del torneo, también multiplica su alcance simbólico. Llevar la fase de grupos y las rondas eliminatorias a distintos puntos del país busca convertir al fútbol en una experiencia olímpica más cercana, más accesible y más presente para el público estadounidense. En paralelo, LA28 marcará un hito dentro del programa con una configuración inédita: el torneo femenino contará con 16 selecciones y superará por primera vez al masculino, que competirá con 12. La decisión no es menor, porque reordena prioridades, altera el relato tradicional del fútbol olímpico y redefine qué competencia ocupará el centro de gravedad en 2028.

El COI busca elevar el peso del torneo masculino

En medio de esta transformación, el Comité Olímpico Internacional dejó clara su ambición: fortalecer el torneo masculino hasta acercarlo, al menos en espíritu, a una Copa del Mundo. Juan Antonio Samaranch Salisachs, vicepresidente del COI, planteó que el objetivo es que la competencia masculina absoluta se parezca “un poco más” al Mundial, una declaración que instala una tensión histórica entre el modelo olímpico y la estructura de poder que FIFA ha construido alrededor de su torneo más importante. La intención del COI no pasa solo por elevar el nivel competitivo, sino por reposicionar el valor simbólico del fútbol masculino dentro de los Juegos.

Ese objetivo, sin embargo, no está exento de resistencia. La postura de Samaranch contrasta con la de Javier Tebas, presidente de LaLiga, quien rechaza cualquier intento de reforzar el torneo masculino bajo el argumento de una sobrecarga cada vez más crítica en el calendario internacional. El debate no es menor: mientras el COI proyecta un fútbol olímpico con mayor peso y legitimidad competitiva, parte del ecosistema profesional teme que ese crecimiento tensione aún más las ligas, los clubes y el descanso de los futbolistas. En ese cruce de intereses, LA28 no solo organizará un torneo más grande; también pondrá a prueba el verdadero margen de expansión del fútbol olímpico moderno.