La FIFA y la International Football Association Board -IFAB- avanzan en un paquete de medidas deportivas, disciplinarias y económicas para el Mundial de 2026, que se disputará en Estados Unidos, Canadá y México. El nuevo marco incluye una amnistía adicional de tarjetas amarillas, posibles tarjetas rojas por cubrirse la boca en situaciones de confrontación o abandonar el campo en protesta, un aumento de más de 100 millones de dólares en la distribución económica para las selecciones y negociaciones para una exención fiscal en territorio estadounidense.
El torneo será el primero con 48 selecciones y 104 partidos, frente al formato anterior de 32 equipos y 64 encuentros. Esa ampliación añade una ronda eliminatoria, más desplazamientos, más costes logísticos y una mayor exposición disciplinaria para los futbolistas, lo que ha llevado a FIFA a mover varias piezas antes de una edición que también aspira a ser la más lucrativa de su historia.
Nuevas reglas para proteger el espectáculo y ordenar la conducta
La primera modificación prevista afecta a las tarjetas amarillas acumuladas. FIFA introducirá que todas las amonestaciones se limpien al final de la fase de grupos y de nuevo después de los cuartos de final, cuando en ediciones anteriores solo se borraban tras esa última ronda. La medida parece que busca reducir el riesgo de que futbolistas se pierdan partidos decisivos por acumulación en un Mundial más largo, especialmente con la incorporación de los dieciseisavos de final.
La decisión favorece el espectáculo al aumentar las posibilidades de que jugadores importantes estén disponibles en los cruces de mayor impacto, pero también mantiene un criterio de igualdad competitiva porque se aplicaría bajo las mismas condiciones para todas las selecciones. Más delicada será la aplicación de las nuevas tarjetas rojas aprobadas por IFAB: a discreción del organizador, podrán ser expulsados los jugadores que se cubran la boca en una confrontación con un rival o que abandonen el terreno de juego en protesta por una decisión arbitral, así como los oficiales que inciten a sus futbolistas a salir del campo.
El origen de las sanciones y los límites que deberá aclarar FIFA
La norma sobre cubrirse la boca responde a un problema que el fútbol lleva tiempo arrastrando: comentarios ofensivos, insultos o expresiones discriminatorias que algunos jugadores tratan de ocultar de cámaras, árbitros y rivales. El caso reciente entre Vinícius Júnior y Gianluca Prestianni, posteriormente sancionado por UEFA por conducta homófoba, ha situado el gesto en el centro del debate disciplinario. En ese sentido, el Mundial puede servir como prueba de alto nivel para valorar si esta regulación debe extenderse después a otras ligas y competiciones internacionales.
La sanción por abandonar el campo en protesta tiene como antecedente la polémica final de la Copa Africana de Naciones de 2026, en la que jugadores de Senegal dejaron el terreno de juego tras una decisión arbitral, antes de que el resultado fuera adjudicado a Marruecos por la Confederation of African Football -CAF- y recurrido por Senegal ante el Court of Arbitration for Sport -CAS-. FIFA deberá explicar y acotar bien la norma, porque no todos los abandonos responden al mismo contexto: no es lo mismo salir como protesta contra una decisión arbitral que abandonar el campo tras sufrir cánticos racistas o abusos graves si el futbolista considera que no está siendo protegido.

Más dinero para competir en el Mundial más caro
El bloque económico también será central en el Mundial de 2026. FIFA ha aprobado un aumento de la distribución económica para las 48 selecciones hasta 871 millones de dólares, con una base garantizada de 12,5 millones para cada federación. El incremento incluye dinero de preparación, recompensa mínima por clasificación, subsidios para costes de delegación y mayores asignaciones de entradas, en un torneo que exigirá más personal, más viajes, más logística y más gasto operativo.
La medida tiene una lógica evidente: que una selección se clasifique para el Mundial y termine perdiendo dinero en la competición más importante del fútbol de selecciones no tendría sentido, especialmente para federaciones con menos recursos. A esa línea se suma la negociación de FIFA con el Tesoro estadounidense, con participación del grupo de trabajo del Mundial vinculado a Donald Trump, para que las federaciones puedan solicitar una exención de impuestos federales en Estados Unidos, aunque esa vía no sería automática ni eliminaría necesariamente tasas estatales o locales. La combinación de más premios, ayudas de participación y alivio fiscal expone una tensión de fondo: FIFA proyecta ingresos récord, en especial por entradas y hospitalidad, pero el fútbol no debería reducirse a una operación de negocio en una competición que sigue presentándose como la máxima expresión deportiva global.
