Las críticas a FIFA por las entradas de personas con discapacidad
Juan José Saldaña
abril 26, 2026

Las políticas de venta de entradas para el Mundial 2026 han puesto a la FIFA en el centro de una controversia que trasciende lo deportivo. Organizaciones, aficionados y defensores de la accesibilidad han calificado su enfoque como “profundamente preocupante”, especialmente por el cambio respecto a ediciones anteriores: por primera vez, los acompañantes de personas con discapacidad deben pagar un valor considerable por sus entradas, un requisito que antes no existía y que hoy marca una barrera adicional para quienes ya enfrentan múltiples dificultades para asistir a un estadio.

El problema no es solo económico, sino también estructural. A medida que avanzan las fases de venta, han surgido denuncias sobre fallas en la asignación de asientos, dificultades para adquirir entradas para cuidadores y una aparente desprotección de los derechos de los aficionados con discapacidad. Investigaciones de The Guardian han evidenciado inconsistencias en el sistema, revelando una experiencia fragmentada y frustrante que contrasta con el discurso inclusivo que rodea al torneo.

Un sistema que dificulta el acceso y la experiencia en el estadio

Para muchos aficionados en silla de ruedas, conseguir una entrada para el partido no garantiza poder asistir en condiciones adecuadas. Uno de los principales obstáculos ha sido la imposibilidad de adquirir entradas para acompañantes, incluso después de haber asegurado un asiento accesible. Casos recogidos por The Guardian muestran a hinchas que han pasado meses intentando completar la compra sin éxito, enfrentándose a sistemas automatizados y respuestas genéricas que no resuelven sus necesidades.

A esto se suma una situación que ha generado especial indignación: asientos destinados a acompañantes que fueron puestos a la venta para el público general sin requerir prueba de discapacidad previa. Esta decisión no solo rompe con la lógica de accesibilidad, sino que también expone a los aficionados a una experiencia incierta, donde ni siquiera se garantiza que el acompañante pueda sentarse junto a la persona que necesita asistencia, debilitando un elemento básico de inclusión dentro del estadio.

El impacto económico y las críticas por retrocesos en inclusión

El aumento de precios ha intensificado el malestar. Según la organización Football Supporters Europe, los aficionados con discapacidad podrían llegar a pagar hasta 38 veces más que en el Mundial de Qatar 2022. Las entradas accesibles, que en ese torneo comenzaban en valores cercanos a los 10 dólares, hoy se mueven en rangos que van desde los 140 hasta los 450 dólares, con cifras aún mayores en el mercado de reventa oficial, donde incluso superan ampliamente a las entradas generales.

Las críticas también apuntan al cobro de estacionamientos accesibles y a la falta de regulación en mercados como el estadounidense, donde la FIFA argumenta limitaciones legales para exigir pruebas de discapacidad o fijar precios máximos. Sin embargo, organizaciones como Level Playing Field han advertido que estos factores no justifican lo que consideran un retroceso en materia de inclusión, señalando que obligar a pagar por acompañantes —una necesidad esencial para muchos— implica, en la práctica, duplicar el costo de asistir a un partido y restringir el acceso a quienes dependen de este apoyo.