La crítica al calendario del Mundial de clubes femenino de fútbol
Juan José Saldaña
enero 21, 2026

La primera Copa Mundial Femenina de Clubes, llamada a marcar un antes y un después en el fútbol femenino, aún no comienza y ya se ha convertido en un foco de tensión. El anuncio de la FIFA de fijar el torneo entre el 5 y el 30 de enero de 2028 encendió las alarmas en Inglaterra, donde la Superliga Femenina (WSL) advirtió que el impacto del calendario podría ser “catastrófico para las competiciones nacionales” y para la salud integral del ecosistema del fútbol femenino.

Lejos de rechazar la creación de nuevos torneos, la WSL ha puesto el acento en el momento elegido. La liga considera que la ventana de enero irrumpe de manera directa en su temporada regular y altera un equilibrio ya frágil entre exigencia competitiva, recuperación física y visibilidad del producto. En ese contexto, el debate no gira solo en torno a fechas, sino al modelo de crecimiento que se quiere construir para el fútbol femenino a nivel global.

Un calendario que tensiona a clubes y jugadoras

Desde la WSL han sido claros en su postura. Un portavoz de la liga aseguró que existe una oposición firme a las fechas propuestas y que el argumento ha sido presentado “enérgicamente” ante la FIFA. La preocupación no es menor: la disputa del Mundial de Clubes en enero afectaría directamente a cinco jornadas del campeonato inglés, en un período que tradicionalmente incluye un receso invernal necesario para la recuperación de las futbolistas.

Aunque la liga evita hablar de boicot o de retirar a los equipos ingleses del torneo, sí reconoce que clubes y jugadoras comparten el malestar. El mensaje es matizado, pero firme: no se oponen al crecimiento del calendario internacional, siempre que ese crecimiento no se produzca a costa de las ligas domésticas, que siguen siendo el pilar deportivo y económico del fútbol femenino en Europa.

La alternativa del verano y un escenario aún incierto

Como respuesta, la WSL ha solicitado que la competición se traslade al verano del hemisferio norte, una ventana que consideran más compatible con los calendarios nacionales. La liga insiste en que no busca impedir la participación de sus clubes miembros, sino encontrar un punto de equilibrio que permita potenciar el torneo sin generar un desgaste estructural. A ello se suma la falta de definiciones clave: aún no se conocen las vías de clasificación por confederación ni la sede del campeonato.

En paralelo, el debate se amplía al plano geopolítico. Jill Ellis, directora ejecutiva de fútbol de la FIFA, se mostró abierta a que el torneo se dispute en Oriente Medio y abordó las críticas en torno a la posible elección de Qatar, llamando a evitar “tirar piedras en casas de cristal” al hablar de derechos y legislaciones. Mientras tanto, las conversaciones con el país árabe avanzan, según reveló la prensa británica, en un contexto donde cada decisión refuerza la sensación de que el Mundial de Clubes Femenino nace bajo una presión que va mucho más allá del terreno de juego.

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