La ejemplar afición escocesa que toma Boston entre cerveza, gaitas y un lado solidario
Javier Nieto
junio 18, 2026

Una marea escocesa ha tomado Boston durante el Mundial 2026. Kilts (faldas escocesas), gaitas, camisetas de Escocia, saltires (bandera escocesa) y cánticos han acompañado la victoria ante Haití y los días previos al partido contra Marruecos, en una ciudad que ha visto cómo la Tartan Army convertía calles, bares, estadios y hasta estatuas en parte de su viaje mundialista. La espera había durado 28 años y la afición escocesa llegó a Estados Unidos con ganas de vivirlo todo. Algunas estimaciones apuntan incluso a que hasta 40.000 escoceses podían pasar por New England durante esta primera fase del torneo.

El impacto empezó mucho antes del silbato inicial. La Tartan Army funciona estos días como una economía itinerante: solo en un Marriott se reservaron unas 300 habitaciones y algunas estimaciones sitúan el gasto en torno a 2.500 dólares por persona durante la estancia. Hoteles, bares, restaurantes, tiendas, transporte y eventos locales han notado la llegada de miles de aficionados que viajaron para ver a Escocia, pero también para ocupar Boston durante varios días. Cerca de Bunker Hill, la Scottish Football Association rebautizó incluso un pub como Scotland House, un espacio con capacidad para unas 2.000 personas que ha funcionado como una de las bases escocesas en la ciudad.

“Boston se queda sin cerveza”

La escena más repetida llegó en los bares. El Sam Adams Tap Room tuvo que pedir una entrega especial desde la cervecera para atender la demanda de los aficionados escoceses, mientras otros locales también se quedaron sin existencias o tuvieron que reorganizar pedidos. “Llevo más de 30 años en este negocio y nunca había visto algo así”, resumió Billy DeCain, general manager del local, ante Reuters. También describió a los escoceses como una afición “en adrenalina todo el fin de semana” y llegó a preguntarse si dormían o se cansaban, después de verlos de nuevo en marcha al día siguiente a las 11.00.

El White Bull Tavern agotó la Tennent’s, The Dubliner habló de su mejor semana registrada y Hennessy’s Bar comparó el volumen de trabajo con triplicar un Saint Patrick’s Day. Antes del Escocia-Marruecos, los bares ya se preparaban para una segunda oleada de consumo escocés, con distribuidores reponiendo producto y Boston ampliando horarios de bares para responder a la presencia de la Tartan Army. El guiño local también apareció en las camisetas. Algunos aficionados lucieron el lema “Boston T Party”, una broma que mezcla el histórico Boston Tea Party, la protesta de 1773 contra los impuestos británicos al té, con la T de Tennent’s, una de las cervezas más reconocibles de Escocia. En una ciudad marcada por su relato fundacional contra el poder británico, la Tartan Army convirtió la referencia histórica en un chiste de barra, camiseta y Mundial.

Fenway, conos y humor escocés

La afición también llevó su fiesta fuera del fútbol. Unos 5.000 seguidores marcharon desde Evans Way Park hasta Fenway Park para asistir al partido de los Boston Red Sox contra Texas Rangers, con gaitas, kilts, cánticos y camisetas de Escocia entre la cultura deportiva estadounidense. La caminata llegó como una especie de vuelta de honor tras la victoria ante Haití y tomó también Lansdowne Street, donde el béisbol se mezcló durante unas horas con una celebración escocesa que algunos testigos locales describieron como uno de los mejores ambientes vividos fuera de un partido de playoffs. En las gradas también aparecieron camisetas de los Red Sox con nombres de jugadores escoceses, como McTominay.

La otra imagen viral llegó con los conos. Los aficionados trasladaron a Boston una tradición asociada a Glasgow: colocar conos de tráfico en estatuas, como ocurre desde hace décadas con el Duke of Wellington. En la ciudad estadounidense, la broma alcanzó también el monumento a Robert Burns, con un vídeo en el que un aficionado colocaba el cono, besaba la estatua y se disculpaba con un “Sorry Rabbie”. La escena circuló rápido en redes y muchos usuarios estadounidenses recibieron la travesura como parte del humor de la visita.

El lado solidario de la Tartan Army

Entre cerveza, gaitas y cánticos, la Tartan Army también ha dejado un rastro solidario. Los aficionados escoceses han reunido casi 30.000 dólares en donaciones locales, con aportaciones destinadas a una unidad infantil contra el cáncer, proyectos de fútbol para niños con menos recursos y programas para que menores aprendan gaita. Entre las cantidades difundidas figuran 10.000 dólares para una unidad infantil de cáncer, otros 10.000 para fútbol de niños con menos recursos y 6.500 para ayudar a menores a aprender a tocar la gaita. El gesto añadió una capa menos ruidosa, pero muy visible, a la relación entre los visitantes y la ciudad.

La respuesta local ha sido especialmente cálida. Personal de bares, vecinos y medios estadounidenses han elogiado la energía de los escoceses, y la alcaldesa Michelle Wu destacó que los aficionados han sido “increíblemente cálidos”, han apoyado a los negocios locales, han conocido la comunidad y han tratado Boston como “una casa lejos de casa”. Entre los bares sin cerveza y las calles llenas de gaitas, la ciudad parece haber encontrado una afición a la que mirar con simpatía.

Donny Strathie y la siguiente parada

El viaje también dejó una historia triste. Donny Strathie, aficionado de 76 años de Grangemouth, viajó a Boston para ver a Escocia en el Mundial y pudo presenciar la victoria ante Haití, decidida por un gol de John McGinn. Murió en Boston antes del partido ante Marruecos, para el que también tenía entrada, y su familia ha pedido una ovación en el minuto 76 durante el encuentro.

Escocia se medirá a Marruecos en Boston y después viajará a Miami para enfrentarse a Brasil, mientras la Tartan Army prepara nuevas escalas de su Mundial. La primera parada ya dejó hoteles llenos, bares reponiendo cerveza de urgencia, una marcha hacia Fenway Park, conos en estatuas, casi 30.000 dólares en donaciones y una ovación pendiente para Donny Strathie. Wu resumió el ambiente con una invitación que sirve también como despedida provisional: espera que la Tartan Army siga volviendo a Boston.