La FIBA 3×3 Europe Cup “más fuerte de la historia” toma el centro de Amberes
Javier Nieto
septiembre 14, 2026

La FIBA 3×3 Europe Cup Crelan 2026 reunió del 11 al 13 de septiembre en Amberes a 24 selecciones nacionales, doce masculinas y doce femeninas, dentro de una instalación construida temporalmente en Groenplaats. Letonia conquistó el título masculino y completó el doblete después de ganar también el Mundial de este año, mientras que Países Bajos revalidó su corona femenina y consiguió su tercer campeonato europeo en cuatro ediciones. Los resultados proporcionaron los campeones, pero la principal lectura institucional apareció en la amplitud del torneo, la incorporación de nuevos países y la capacidad de trasladar una competición continental al centro de una ciudad.

El serbio Strahinja Stojacic definió la cita como “la Europe Cup más fuerte de la historia”. Su valoración surgió después de que Serbia, primera cabeza de serie masculina, compartiera grupo con Suiza, subcampeona mundial en 2025, y la anfitriona Bélgica, antes de encontrarse con la vigente campeona europea, Lituania, en los cuartos de final. “Más jugadores y más países están invirtiendo en baloncesto 3×3, y eso eleva el nivel de la competición año tras año”, explicó. La frase resume una evolución que no se limita al aumento de la calidad individual: cada vez más federaciones cuentan con selecciones capaces de acceder a las eliminatorias, disputar medallas o romper el reparto habitual de posiciones.

Un mapa competitivo más amplio

El podio masculino mostró parte de esa transformación. Letonia recuperó el título europeo nueve años después de su victoria de 2017, Países Bajos consiguió la mejor clasificación de su historia con una plata después de los bronces de 2016 y 2022, y Francia regresó al podio por primera vez desde su segundo puesto de 2019. En la competición femenina, las neerlandesas prolongaron una secuencia formada por los títulos de 2023, 2025 y 2026, pero España alcanzó la final con una selección renovada y Azerbaiyán terminó tercera. La distribución de las medallas entre seis países diferentes permitió a FIBA presentar una competición sin una única estructura nacional dominante en ambos cuadros.

La ampliación también apareció fuera del podio. Estonia disputó por primera vez la Europe Cup masculina y Suecia debutó en la femenina con una victoria sobre Chequia. La selección checa regresó a los cuartos de final después de perderse las ediciones de 2024 y 2025, mientras que Eslovenia participó por primera vez desde 2016 y alcanzó sus primeras semifinales desde 2014. El equipo femenino belga, ausente desde 2021, también volvió al campeonato delante de su público. Estas incorporaciones y regresos amplían la base de federaciones con experiencia continental y permiten que la Europe Cup funcione como algo más que una reunión anual de las potencias ya consolidadas.

Una cancha en el centro de la ciudad

FIBA no instaló la competición en un pabellón convencional, sino en una cancha temporal levantada en Groenplaats, una de las principales plazas del centro de Amberes. Más de 7.000 espectadores asistieron durante las dos primeras jornadas y las localidades de las dos sesiones del día final se agotaron. El escenario permitió llevar a las selecciones nacionales a un espacio integrado en la actividad de la ciudad y situar el juego a pocos metros del público, una característica coherente con una modalidad nacida a partir del baloncesto urbano y disputada sobre media cancha.

El formato también convierte la competición en una propiedad adaptable para organizadores y socios comerciales. El banco belga Crelan ocupó la posición de patrocinador principal dentro de la denominación oficial del campeonato, mientras que Amberes aportó un emplazamiento reconocible sin necesidad de construir una instalación permanente. La combinación de una cancha desmontable, delegaciones formadas por cuatro jugadores y partidos de diez minutos facilita concentrar los cuadros masculino y femenino en tres días y dentro de una misma sede. Para FIBA, ese modelo permite ofrecer competición internacional, presencia de marca y actividad urbana mediante una escala organizativa menor que la de un campeonato convencional de baloncesto de cinco contra cinco.

Dos formas de construir continuidad

Los campeones representaron dos procesos diferentes. Letonia derrotó por 19-10 a Países Bajos en la final masculina y añadió el título continental al Mundial conquistado anteriormente durante la temporada. Kristaps Gluditis, elegido mejor jugador del torneo, terminó con 32 puntos y nueve lanzamientos de dos convertidos. En la final femenina, Países Bajos superó por 16-13 a España y defendió el campeonato conseguido en 2025. Noortje Driessen recibió su segundo premio consecutivo como mejor jugadora después de liderar el torneo con 44 puntos y un valor estadístico de 50,7. La selección le dio continuidad a un núcleo acostumbrado a competir junto tanto en torneos nacionales como en la Women’s Series.

La Europe Cup forma parte de una estructura con la que FIBA conecta el trabajo de las federaciones nacionales con diferentes niveles de competición. Las selecciones absolutas compiten en el Mundial y el campeonato continental; los equipos profesionales disponen del World Tour y la Women’s Series; y las categorías de formación avanzan mediante la Youth Nations League y los Mundiales por edades. Dos días después de la final de Amberes, Wuhan recibirá el Mundial sub-23 con cuarenta selecciones masculinas y femeninas. El calendario enlaza así la competición continental celebrada en el centro de una ciudad europea con el siguiente escalón generacional de un circuito internacional que continúa incorporando países, deportistas y sedes.