Tadej Pogacar acababa de terminar la primera etapa de La Vuelta cuando la influencer Erola Jons (más de 6 millones de seguidores en sus redes sociales) se acercó a él con un micrófono de la propia organización de La Vuelta, le llamó «Pogachitar«, le preguntó «¿por qué hiperventilas cada vez que me ves?» y «¿me llevas a dar una vuelta?«. La escena, difundida después en redes sociales, provocó las críticas de periodistas por el trato al ciclista y abrió una polémica que ha acompañado a La Vuelta durante las últimas horas. Se habla más de eso que de cualquier tema deportivo.
Jons no es periodista ni llegó allí por casualidad. Es una creadora de contenido española con 3,2 millones de seguidores en Instagram y 2,9 en TikTok que se hizo especialmente conocida a partir de 2023 por vídeos de bromas, provocaciones e interacciones con desconocidos. También ha creado contenido relacionado con Fórmula 1 y MotoGP y ha participado en algún programa de la televisión española. La Vuelta decidió incorporarla en esta edición para generar contenido propio y conectar con una audiencia diferente a la que tradicionalmente sigue el ciclismo.
El micrófono de La Vuelta
Con su curriculum, está claro que Erola Jons no se coló en una zona reservada ni apareció con la cámara de su teléfono delante de Pogacar buscando un vídeo viral. La Vuelta la eligió, le dio acceso a sus protagonistas y puso en sus manos un micrófono con la imagen de la competición.
La periodista de Eurosport Laura Meseguer fue especialmente crítica después de ver las imágenes. «Nadie tiene que soportar que se le trate como objeto, ni mujeres ni hombres», señaló. Carlos de Andrés respaldó posteriormente sus palabras durante la retransmisión de TVE (cadena pública española). La discusión terminó derivando aparentemente hacia el terreno de periodistas contra influencers. Aunque, en este caso, sería una conclusión superficial ya que aquí se cuestiona si se ha traspasado -con el poder que otorga un micrófono de La Vuelta- la línea roja del respeto y, en este caso, también la carga sexista en esta ‘broma’.
Esto parece algo más que una escena irreverente. ¿A cuántos jóvenes seguidores está ‘influyendo’ Erola Jons con esta broma? Recordemos que no hay edad mínima para poder abrirse una red social y una niña o niño no tiene por qué entender el contexto de estos comentarios. Desde luego, no es la educación que se le quiere dar a una pequeña o pequeño. No sabemos si La Vuelta está preocupada o no del crecimiento en valores de las nuevas generaciones, pero ya puestos… que haga una broma sobre el dopaje. Total, es sólo una broma… Lo entenderán igual que quien haya sufrido acoso sexual y vea estas bromas.
Los valores de los seguidores de La Vuelta
Seguro que esto no estaba en los planes y es el riesgo al que se somete una propiedad cuando ficha a un creador, con un lenguaje más atrevido y cuyo objetivo -normalmente- es el de lograr un alto número de visualizaciones y ser viral, dando igual la calidad del propio contenido. La Vuelta conocía, o tenía la obligación de conocer, el contenido de Erola Jons. Sus bromas, sus provocaciones y ese tipo de interacciones no las ha iniciado con Pogacar. Son parte vital de la fórmula con la que ha conseguido más de 6 millones de seguidores. Desde fuera, este caso parece más una paletada de La Vuelta para aprovechar la presencia de Pogacar en la ronda española que algo profesional o cualitativo.
Además de este punto de vista, también está el de la propia periodista de Eurosport Laura Meseguer. Muchas mujeres han necesitado años para conquistar espacios dentro del periodismo deportivo, un lugar tradicionalmente masculino y conseguir ser valoradas exclusivamente por su trabajo y conocimiento, no por un rasgo físico. Entender que determinados códigos pueden suponer un retroceso en la mentalidad no significa rechazar a los influencers ni defender que el deporte deba seguir comunicándose como hace veinte años, pero sí debería de dotar de madurez a las redes sociales para no convertirse en la casposa televisión de los años 90.
La Vuelta quiso modernizar su lenguaje y llegar a público diferente. La intención tiene sentido y lo ha logrado, pero elegir nuevos canales implica también elegir bien quién los representa y qué códigos funcionan en cada espacio. Utilizar a Pogacar para esto, no parece lo más acertado.
