Tadej Pogacar conquistó el domingo su quinto Tour de Francia y entró en el grupo de Jacques Anquetil, Eddy Merckx, Bernard Hinault y Miguel Indurain. Ganó cinco etapas y terminó con 6 minutos y 26 segundos sobre Remco Evenepoel, pero una de las imágenes que mejor explica su victoria llegó cuando ya tenía controlado el maillot amarillo. El mejor ciclista del mundo dedicó los últimos días a proteger el podio de su compañero Isaac del Toro.
El mexicano había trabajado durante toda la carrera para Pogacar y llegó a la última semana en tercera posición, enfermo y con el equipo debilitado. Pogacar cambió entonces su papel. En la penúltima etapa pasó alrededor de una hora y media controlando los ataques que podían poner en peligro a Del Toro y lo acompañó hasta la meta.
“Fue un honor correr para Isaac. Lo hice con gusto y comprendí lo difícil que es trabajar para otro”, explicó después. Los dos cruzaron juntos la línea de llegada e imitaron con los dedos los cuernos de un toro, el gesto que el equipo había convertido en una celebración recurrente durante la carrera.
El líder que descubre el trabajo del gregario
Pogacar había llegado al Tour como el hombre alrededor del que giraba cada decisión del UAE Team Emirates-XRG. La carrera terminó mostrando también al líder asumiendo el trabajo más silencioso. Del Toro cerró su primera participación con el tercer puesto y reconoció que había tratado de ocultar sus problemas físicos para seguir ayudando al equipo.
“Tadej ha demostrado lo buen amigo que es”, afirmó el mexicano. Pogacar le devolvió una parte del esfuerzo que había recibido durante tres semanas y protegió la posición de un compañero de 22 años al que ya ha señalado como uno de los corredores capaces de liderar al equipo en el futuro.
Ese gesto también reflejó la situación real del UAE en la última semana. Adam Yates sufrió problemas estomacales, Tim Wellens estuvo cerca de llegar fuera de control y Brandon McNulty abandonó en la etapa 18 por una afección de garganta. Florian Vermeersch arrastraba además una lesión y Del Toro competía enfermo.
Desde fuera, Pogacar parecía dominar el Tour sin dificultades. Dentro del equipo, la carrera se sostenía entre corredores debilitados, cambios de estrategia y tratamientos diarios para evitar que la enfermedad alcanzara al maillot amarillo. La superioridad del esloveno ocultó buena parte del esfuerzo necesario para mantener la estructura en pie.
El trabajo que precede a cada ataque
La victoria de Pogacar en Alpe d’Huez volvió a presentarse como una exhibición individual, pero el movimiento comenzó mucho antes de su ataque. Wellens, Vermeersch y Nils Politt controlaron la primera parte de la etapa. Felix Großschartner redujo después el grupo de favoritos y Yates esperó por delante para tirar durante dos kilómetros.
Pogacar completó el trabajo con una persecución de once kilómetros, ganó la etapa y firmó el ascenso más rápido registrado en Alpe d’Huez, con 35 minutos y 26 segundos. El ataque llevó su nombre, aunque la construcción de la victoria había pasado por buena parte del equipo.
McNulty tampoco se marchó después de abandonar. Se quedó en Francia y apareció en París para celebrar el triunfo junto a sus compañeros. Ya no podía completar la última etapa sobre la bicicleta, pero volvió a colocarse al lado del líder cuando llegó el momento de levantar el trofeo.
Pogacar dedicó después la victoria a su familia, sus amigos y el equipo. “Sin ellos no estaría aquí cinco veces”, afirmó. También explicó que su evolución está relacionada con una mejor gestión del estado de ánimo y de las emociones, después de haber terminado el Tour anterior agotado y con molestias en una rodilla.
El quinto Tour quedará asociado a sus cinco victorias de etapa, a los 26 triunfos parciales que ya acumula y a su entrada en el grupo de los fantásticos. Esta edición dejó además una imagen menos habitual: Pogacar defendiendo el podio de un compañero y descubriendo desde el maillot amarillo la dificultad de correr para otro. Un líder sin fisuras y que da ejemplo.
