Marta Canella regresó de Amberes con una medalla de plata después de que España alcanzara la final de la FIBA 3×3 Europe Cup. La selección formada por Canella, Txell Alarcón, Gracia Alonso de Armiño y Helena Oma superó a Bélgica y Azerbaiyán en las eliminatorias antes de perder por 16-13 frente a Países Bajos. Un lanzamiento de dos puntos a una pierna de la gallega resultó decisivo en la semifinal. El resultado proporcionó a España su cuarto podio europeo consecutivo y a Canella otra medalla continental cinco años después de ganar el torneo de 2021.
La jugadora de 31 años enlazará ahora el final de la temporada de 3×3 con el comienzo de la Liga Femenina Endesa junto a su nuevo equipo, Meins Avenida. Entre ambos momentos existe una trayectoria iniciada en una canasta instalada en el garaje familiar, interrumpida cuando dos médicos le dijeron que posiblemente no volvería a hacer deporte y reconstruida mientras estudiaba, trabajaba como analista de datos y utilizaba sus vacaciones para competir con la selección. Canella necesitó varios años para vivir únicamente del baloncesto, pero antes tuvo que aprender a practicarlo con dos rodillas que podían haber terminado prematuramente con su carrera.
La canasta que terminó destrozada
Canella comenzó a jugar gracias a Xosé Luis, su profesor de Educación Física en tercero de Primaria, quien la animó a acudir a unos entrenamientos del Airexa de Nigrán. Su padre había practicado baloncesto y colocó una canasta en el garaje de la casa familiar. Durante un tiempo compaginó este deporte con el fútbol, hasta que eligió definitivamente la pista. “¡Quería pasarme el día jugando al baloncesto!”, explicó años después. La instalación doméstica resistió buena parte de aquella formación inicial, aunque no llegó intacta a su edad adulta: “Está muy destrozada. La machaqué mucho”.
Su progresión la condujo a la cantera del Celta y, el 29 de octubre de 2011, a debutar en la máxima categoría frente a Basket Zaragoza. Tenía 16 años y ocho meses y disputó casi 27 minutos debido a las lesiones de dos bases del primer equipo. “Estaba como un flan”, recordaría. Cuatro años después ganó con España el Europeo sub-20 de Lanzarote. Había entrado en la convocatoria a causa de las bajas de otras jugadoras y comunicó desde el principio sus problemas físicos. Inicialmente no tenía garantizada una plaza, pero terminó consiguiéndola durante la preparación. Aquella medalla precedió al momento en el que su relación con el baloncesto dejó de depender únicamente de su rendimiento.
Dos diagnósticos a los 21 años
A los 21 años le detectaron una condromalacia de grado cuatro en ambas rodillas, una pérdida grave de cartílago que, en su caso, no disponía de una solución quirúrgica compatible con las exigencias de una deportista. Dos médicos le dijeron que no volvería a jugar y que quizá ni siquiera podría practicar deporte. Canella no decidió inmediatamente continuar ni rechazó los diagnósticos. Buscó información, escuchó otras opiniones y acudió a profesionales habituados a tratar a deportistas. Algunos coincidieron en que regresar sería complicado y doloroso, pero consideraban que todavía resultaba posible. “Solo pensé en la retirada hasta que tuve la información suficiente para saber que sí podría seguir jugando”, contó a ‘Cronómetro de Récords’.

La lesión le exigió reconocer cuánto podía pedirle a su cuerpo en cada entrenamiento y partido. “Es como un tira y afloja con tu cuerpo. Me ha tocado esto y no tiene solución”, explicaba. Las molestias aparecían especialmente después de competir; durante los encuentros, la adrenalina le permitía olvidarlas. Como el diagnóstico llegó al comienzo de su vida adulta, terminó incorporándolo a su normalidad: “Ojalá no lo tuviera y seguramente sería mucho más fácil, pero para mí es lo normal”. Un Erasmus en Bélgica le proporcionó después un paréntesis cuando se encontraba saturada por la lesión. Rechazó la posibilidad de jugar allí para centrarse en la experiencia académica y personal. “Te curte y te exige buscarte la vida. Me impulsó a volver a jugar al baloncesto con muchas más ganas”.
Las vacaciones también eran baloncesto
El Aros León le ofreció el entorno para volver a sentirse jugadora y la ayudó a conocer mejor sus límites físicos. Canella continuó compitiendo mientras completaba el grado en Administración y Dirección de Empresas -ADE- y posteriormente un máster en Business Intelligence. Los estudios condicionaron algunas de sus decisiones deportivas: rechazó oportunidades en la máxima categoría para permanecer en lugares donde podía mantener ambas actividades. Después fichó por el Barça CBS y añadió una tercera ocupación. Trabajaba como analista de datos para una multinacional de ocho de la mañana a cinco y media de la tarde y se marchaba a entrenarse al terminar su jornada. Cuando comenzó a recibir convocatorias del equipo español de 3×3, empleó parte de sus vacaciones laborales para acudir a concentraciones y torneos.
Esa combinación produjo en 2021 su primer título europeo absoluto, en una pista instalada junto a la Torre Eiffel de París. “El 3×3 se disfruta mucho y de una manera muy inmediata”, explicó entonces a ‘La Voz de Galicia’. Un año más tarde, después de contribuir al ascenso del Barça a la máxima categoría, dejó su empleo para dedicarse por primera vez completamente al deporte. La decisión no respondía a una mejora económica: “Salarialmente no compensa. El baloncesto es un proyecto a corto plazo. Lo otro es para el resto de tu vida”, reconoció a ‘Relevo’. Tras cuatro temporadas en Barcelona y tres en Spar Girona, donde compitió también en la Euroliga, Meins Avenida la incorporó para el curso 2026/27 por su capacidad para desempeñar varias posiciones. La plata de Amberes abre esa nueva etapa después de cumplir el objetivo que ella misma se había marcado al comenzar el renovado ciclo del 3×3 español: regresar a una gran competición y luchar nuevamente por las medallas. “Esta plata dice mucho del trabajo que hay detrás del baloncesto 3×3 español”, afirmó.
