La prueba de la FIFA: quién controlará la revisión independiente de su gestión
SportsIn
septiembre 24, 2026

La FIFA ha abierto la puerta a una revisión externa e independiente de su funcionamiento institucional. La cuestión más importante es qué sucede después de abrir esa puerta y quién tiene la llave.

Gianni Infantino ha propuesto que el Consejo de la FIFA estudie encargar una revisión externa e independiente del marco de toma de decisiones de la organización para las grandes iniciativas estratégicas, junto con una consulta más amplia sobre cómo se adoptan las decisiones dentro del organismo rector del fútbol mundial. La iniciativa llega después del fracaso de FIFA Forward Enterprise, la propuesta que buscaba inversión privada para las operaciones comerciales de la FIFA y que fue abandonada tras la fuerte oposición de importantes confederaciones por la forma en que se había desarrollado y comunicado el proyecto.

La propuesta es significativa porque la FIFA ya no está debatiendo únicamente sobre un proyecto fallido. Está abriendo potencialmente un debate sobre su propia estructura de poder: las respectivas funciones del presidente, el Bureau, el Consejo, el secretario general y el Congreso; cómo llegan los grandes proyectos estratégicos a la fase de decisión; cuándo se consulta a las federaciones miembro; y qué controles y contrapesos se aplican antes de asumir compromisos de importancia mundial.

Pero la revisión independiente todavía no está en marcha.

Esa distinción quedó más clara el miércoles, cuando la Sport Integrity Global Alliance expuso cinco condiciones que, a su juicio, debe cumplir cualquier revisión creíble: selección independiente de quienes la realicen, un mandato suficientemente amplio, acceso sin restricciones a la información relevante, publicación de las conclusiones y supervisión independiente de su aplicación. SIGA también sostiene que la propuesta FIFA Forward Enterprise debe formar parte del examen como caso de estudio sobre el funcionamiento institucional, aunque advierte expresamente de que no se deben prejuzgar responsabilidades individuales.

Esto lleva la discusión al dilema institucional central que afronta la FIFA. ¿Quién define la independencia de una investigación sobre la institución que la encarga?

La cuestión no es semántica. La FIFA podría encargar una revisión externa y conservar una influencia considerable mediante la selección de quien la realice, las condiciones del encargo, el acceso a los documentos, el alcance de la investigación y el tratamiento de sus recomendaciones. Como alternativa, el Consejo podría establecer un proceso suficientemente independiente y transparente como para permitir conclusiones que la propia FIFA no pueda controlar. La diferencia entre ambos modelos determinará si el ejercicio sirve para tranquilizar sobre el funcionamiento de la institución o someterlo a un examen real.

La presión tampoco procede ya de un único sector del fútbol mundial. Las federaciones alemana, neerlandesa, sueca y galesa han cuestionado públicamente si las propuestas de Infantino van lo suficientemente lejos, aunque sus posiciones y soluciones no son idénticas. El presidente de la federación alemana y miembro del Consejo de la FIFA, Bernd Neuendorf, ha ido más allá al cuestionar abiertamente la credibilidad de Infantino para liderar el proceso de reforma. Estas intervenciones se cruzan inevitablemente con el contexto político previo a las elecciones presidenciales de la FIFA de 2027, pero la cuestión institucional existe con independencia de esa contienda: ¿cómo deberían ser las normas que regulan la concentración y el ejercicio del poder en la FIFA, sea quien sea quien ocupe la presidencia?

Eso podría acabar teniendo más consecuencias que la controversia que desencadenó el debate.

El propio Infantino ha reconocido que existen distintas propuestas. Las grandes decisiones estratégicas podrían requerir un mayor consenso dentro del Bureau; podrían someterse de forma más directa al Consejo; o determinados asuntos podrían quedar reservados, en última instancia, al Congreso y a las 211 federaciones miembro de la FIFA. Cada opción modifica el equilibrio entre eficacia ejecutiva, representación y rendición de cuentas. Cualquier cambio estatutario que surja de ese proceso tendría que pasar finalmente por los mecanismos de aprobación establecidos por la FIFA.

La primera prueba real llegará, por tanto, el 15 de octubre, cuando se reúna el Consejo de la FIFA. La cuestión no será simplemente si sus miembros aprueban las palabras “revisión independiente”. Será si establecen un mecanismo cuya independencia pueda demostrarse: quién designa a los responsables de la revisión, qué pueden investigar, a qué información pueden acceder, si su informe se publicará íntegramente y si la FIFA se compromete de antemano a responder públicamente a sus recomendaciones.

Esos detalles le dirán al fútbol mundial mucho más que el propio anuncio.

La FIFA ya ha reconocido errores en la gestión de la propuesta Forward Enterprise, aunque mantiene que el proceso cumplió su marco normativo. Esa combinación plantea quizá la cuestión institucional más importante de todas: si un proceso estratégico controvertido puede ajustarse a las normas y, aun así, dejar al descubierto debilidades lo suficientemente graves como para provocar peticiones de reforma, ¿el problema son las decisiones o las normas que las hicieron posibles?

El 15 de octubre, la FIFA empezará a dar una respuesta.