Hace apenas unos días, desde SportsIn analizábamos cómo las modificaciones propuestas a la Carta Olímpica parecían reforzar el principio de neutralidad y la independencia del deporte frente a presiones externas. En aquel artículo, ‘Los cambios del COI en la Carta Olímpica para reforzar la neutralidad’, explicábamos que las reformas impulsadas por el COI buscan proteger a los atletas, las competiciones y las instituciones deportivas frente a influencias ajenas al deporte y reforzar la autonomía del Movimiento Olímpico.
Anteriormente, una iniciativa era la primera en poner el foco sobre este debate. Una carta abierta de Astrit Hasani pidió al COI que eliminara la figura de los atletas neutrales y mantuviera una línea de que los atletas debían competir por sus respectivos países, por encima de la política.
Tal vez todas estas ideas fragüen en algo concreto muy pronto ya que la próxima reunión institucional del Comité Olímpico Internacional se celebrará el 24 y 25 de junio. Y, previamente, del 22 al 25 de junio, la Junta Ejecutiva mantendrá diversas reuniones para abordar avances y reformas del movimiento olímpico… Quizás ahí ya se encauce algo.
El origen de la suspensión
Para entender el momento actual conviene recordar por qué fue suspendido el Comité Olímpico Ruso. A diferencia de lo que suele percibirse en el debate público, el COI no suspendió al ROC simplemente por la guerra en Ucrania. La decisión adoptada por la Comisión Ejecutiva en octubre de 2023 estuvo relacionada con la incorporación por parte del Comité Olímpico Ruso de organizaciones deportivas procedentes de las regiones ucranianas ocupadas de Donetsk, Lugansk, Jersón y Zaporiyia.
El COI consideró entonces que esa medida vulneraba la integridad territorial del Comité Olímpico Nacional de Ucrania y, por tanto, suponía una infracción de la Carta Olímpica. Si la suspensión se fundamentó en una violación específica de la Carta Olímpica y no directamente en el conflicto geopolítico, ¿qué ocurre si esa violación deja de existir?
Señales que apuntan a un cambio
Diversas fuentes sostienen que el Comité Olímpico Ruso ha modificado su estructura y eliminado los elementos que provocaron la suspensión original. Paralelamente, el COI ya ha levantado las restricciones aplicadas a Bielorrusia mientras mantiene que el caso ruso continúa bajo análisis jurídico.
Durante décadas, distintos dirigentes olímpicos han defendido que los deportistas y las organizaciones deportivas no deben asumir automáticamente las consecuencias de las decisiones adoptadas por sus gobiernos. La neutralidad política y la autonomía del deporte han sido elementos recurrentes de la narrativa olímpica durante generaciones.
Una fractura dentro del Movimiento Olímpico
Si el COI termina reforzando ese principio mediante cambios en la Carta Olímpica o mediante futuras decisiones institucionales, las consecuencias irán mucho más allá del caso ruso.
Numerosos comités olímpicos nacionales de África, Asia y América Latina llevan años defendiendo una interpretación estricta de la neutralidad y observan con preocupación cualquier aplicación selectiva de criterios políticos dentro del deporte internacional. Para muchos de ellos, la autonomía del Movimiento Olímpico constituye uno de los pilares fundamentales de la gobernanza deportiva.
Sin embargo, la oposición también será considerable. Ucrania previsiblemente mantendrá su rechazo a cualquier proceso que facilite la reincorporación rusa. A esa posición podrían sumarse Polonia, los Estados bálticos y varios países nórdicos, que consideran que el debate no puede separarse de las consecuencias de la guerra y de la necesidad de exigir responsabilidades. Y la propia Unión Europea, sin salir del Viejo Continente. Más allá de ahí, quizás países como EEUU o Australia no vean con buenos ojos estas decisiones.
Esta puede ser una de las divisiones más profundas que ha afrontado el COI en los últimos años. A un lado se sitúa la voluntad de preservar el deporte como espacio neutral e independiente. Al otro, la idea de que determinadas circunstancias geopolíticas requieren respuestas excepcionales.
Mucho más que el regreso de Rusia
Por eso quizás ya no se trata de si Rusia regresará o no al Movimiento Olímpico. La cuestión importante parece ser bajo qué marco jurídico y filosófico podría producirse ese regreso.
Si las señales recientes terminan confirmándose, la gran historia no será únicamente el regreso de Rusia. La gran historia será el posible regreso del propio COI a una doctrina que históricamente ha defendido sobre que el deporte debe permanecer separado de la política siempre que sea posible. Las próximas semanas podrían ofrecer las primeras respuestas sobre si esa vuelve a ser, o no, la dirección elegida por el Movimiento Olímpico.
