Cuando FIFA anunció que el Mundial de 2026 tendría dos pausas obligatorias de hidratación de tres minutos cada una en todos los partidos, la explicación parecía razonable sólo en algunos casos. Estados Unidos, México y Canadá albergan ciudades donde las temperaturas pueden alcanzar niveles muy elevados durante el verano y nadie discute que la salud de los futbolistas debe ser una prioridad. Pero hacerlo porque sí en todos los partidos… Huele mal para el aficionado.
La realidad del torneo está mostrando que FIFA no ha establecido estas pausas para los encuentros disputados bajo condiciones extremas. Las ha convertido en obligatorias para los 104 partidos del campeonato, independientemente de la temperatura, de la ciudad o incluso del estadio en el que se juegue. Con lo cual hay una pausa publicitaria asegurada entre medias de los dos tiempos, y con la certeza de que pocos fans se alejarán de la televisión durante esos tres minutos.
El ejemplo de España y Cabo Verde
Quizás el mejor ejemplo sea el partido entre España y Cabo Verde disputado este lunes en Atlanta. El encuentro se jugó en el Mercedes-Benz Stadium, un estadio cubierto y completamente climatizado. Los futbolistas no estaban compitiendo bajo el sol ni expuestos a las altas temperaturas exteriores propias de Georgia durante estas fechas. Aun así, el partido tuvo exactamente las mismas dos pausas obligatorias de tres minutos que otros encuentros disputados en escenarios más exigentes desde el punto de vista climático.
Es difícil sostener que los jugadores necesitaban dos interrupciones reglamentarias para hidratarse en un entorno controlado y acondicionado específicamente para el deporte de alto rendimiento. Esto, altera la competición normal tal y como se concebía. Hay un tiempo muerto extra, además de que las televisiones dispusieron de dos nuevas ventanas perfectamente programadas para introducir publicidad o contenidos patrocinados.
De la excepción a la norma universal
Las pausas de hidratación nacieron precisamente para situaciones excepcionales. Durante años se aplicaron únicamente cuando las temperaturas superaban los 32º, un umbral que se consideraba de riesgo para la salud de los deportistas. Ahora, lo que genera dudas es transformar esa excepción en una obligación universal.
Y aquí aparece el elemento que hace difícil no ser escéptico. Las pausas benefician enormemente a las retransmisiones televisivas. Dividir cada parte en dos segmentos crea nuevas oportunidades para insertar publicidad, realizar conexiones comerciales, introducir análisis tácticos o aumentar el inventario publicitario disponible para las cadenas. Todo ello sin necesidad de ampliar oficialmente la duración del encuentro.
Nada de esto demuestra que FIFA haya implantado la medida por motivos comerciales, pero sí provoca que la justificación deportiva pierda fuerza cuando las pausas se aplican exactamente igual en partidos donde las condiciones climáticas no parecen exigir ninguna intervención extraordinaria.
El fútbol europeo no parece comprar la idea
Quizás por eso no sorprende demasiado que UEFA haya decidido no seguir este camino de forma permanente. No porque niegue la importancia de la hidratación o de la protección de los deportistas, sino porque históricamente las pausas se han utilizado cuando las condiciones realmente las justificaban. Convertirlas en una obligación fija para cualquier partido es un planteamiento muy diferente.
Si nos centramos únicamente en televisión y media rights, las estimaciones actuales sitúan los ingresos de FIFA en unos 4.000 millones de dólares. Eso supone un incremento aproximado de un 30% respecto a Qatar 2022. Aunque los ingresos totales van a ser récord, el incremento no se explica únicamente porque las televisiones estén pagando muchísimo más por cada partido. El torneo pasa de 64 encuentros en Qatar a 104 en 2026, un aumento del 62,5%.
