Las primeras señales de la era Kirsty Coventry: menos política y más sostenibilidad
Víctor García
junio 23, 2026

La semana institucional que el Comité Olímpico Internacional -COI- está celebrando en Lausana entre el 22 y el 25 de junio no parece destinada, a primera vista, a provocar grandes titulares. La Comisión Ejecutiva se está reuniendo en Olympic House este lunes y martes, antes de que la 146ª Sesión extraordinaria arranque el miércoles por la tarde en el SwissTech Convention Centre y se cierre al mediodía del jueves. Pero el calendario, precisamente por su apariencia técnica, puede decir más sobre la nueva etapa de Kirsty Coventry que cualquier otro discurso.

El COI llega a esta cita con una agenda cargada de informes, actualizaciones del Movimiento Olímpico, avances de ‘Fit for the Future’, trabajo de sus comisiones y reportes de los comités organizadores de los próximos Juegos. Es una arquitectura institucional poco populista para el gran público, pero muy reveladora para federaciones internacionales, comités olímpicos nacionales, ciudades candidatas y gobiernos: la era Coventry empieza a definirse por la gestión, no por las promesas o castillos en el aire.

Lausana mide la nueva etapa

Las primeras decisiones conocidas en este tramo de reuniones apuntan en esa dirección. La aprobación de cambios en el plan de sedes de Alpes Franceses 2030, con el traslado de los deportes de hielo -salvo el patinaje de velocidad- a Lyon y la confirmación de Courchevel y Val d’Isère para el esquí alpino, no es sólo una cuestión logística. Es una señal de continuidad con la Agenda Olímpica 2020 y la Agenda Olímpica 2020+5: menos obras innecesarias, más infraestructuras existentes, más control del coste y menos exposición política para los organizadores.

En un momento en el que organizar unos Juegos Olímpicos es cada vez más caro, más complejo y más sensible ante la opinión pública, reducir el riesgo financiero se ha convertido en una forma de supervivencia institucional. El mensaje no es nuevo, pero sí parece más urgente. Y afecta mucho más allá de los propios Juegos.

‘Fit for the Future’ cambia el tablero

El elemento que puede marcar la semana es ‘Fit for the Future’. La Comisión Ejecutiva ha situado este proceso en el centro de sus trabajos y la Sesión extraordinaria deberá empezar a mostrar hasta dónde quiere llegar el COI. No es sólo una reforma estética, sino que es una nueva metodología para revisar el programa olímpico con una mirada más precisa sobre disciplinas concretas, requisitos de gobernanza, cumplimiento antidopaje, integridad, protección de los deportistas, atractivo global, complejidad operativa, costes y representación de atletas.

Si ese enfoque prospera, las federaciones internacionales tendrán que acostumbrarse a una evaluación más fría y más medible. Ya no bastará con defender tradición, historia o influencia política. El COI parece moverse hacia un escenario en el que cada disciplina deberá justificar qué aporta, cuánto cuesta, cómo se gobierna, qué impacto genera y qué encaje tiene en unos Juegos que no pueden crecer indefinidamente.

La política queda fuera del primer plano

También importa lo que el COI no está colocando en el centro. Los debates sobre elegibilidad de deportistas, políticas de género o el futuro de la participación rusa y bielorrusa siguen abiertos y no desaparecerán. Pero esta semana no parecen funcionar como eje principal de la agenda pública del organismo. La prioridad, al menos de inicio, es otra: estabilidad institucional, reforma del modelo y eficacia operativa.

Esa contención puede ser una decisión política en sí misma. En lugar de abrir la etapa con los asuntos más divisivos del deporte internacional, Coventry parece buscar una base de gestión más sólida antes de afrontar los debates que más polarizan al Movimiento Olímpico. No es esconder algo debajo de la alfombra, es marcar un orden de prioridades.

La reforma del proceso de elección de sedes también apunta en la misma dirección. La posible introducción de una fase de «diálogo estratégico» entre el diálogo continuo y el específico reforzaría la capacidad del COI para ordenar candidaturas, reducir costes, dar más seguridad a gobiernos y aumentar la transparencia en una de las áreas que más desgaste ha generado en los últimos ciclos.

Los ganadores del próximo ciclo olímpico no serán necesariamente quienes tengan más altavoces o mejores contactos, sino quienes sean capaces de demostrar buena gestión, disciplina financiera, transparencia, sostenibilidad y una contribución clara al futuro del deporte. Las primeras decisiones de un liderazgo suelen revelar más que los discursos. Y Lausana puede estar mostrando, sin grandes titulares, hacia dónde quiere caminar el COI.