El futuro de LIV Golf atraviesa uno de sus momentos más delicados desde su irrupción en el golf profesional. El circuito, creado para desafiar el dominio del PGA Tour y transformar el negocio del deporte con un modelo de grandes inversiones y premios millonarios, enfrenta ahora dudas importantes sobre la continuidad de su financiamiento. Las informaciones que apuntan a un eventual recorte en el respaldo económico saudí han instalado interrogantes sobre la viabilidad del proyecto en el mediano y largo plazo.
La preocupación surge porque gran parte de la estructura de LIV se ha sostenido gracias a los recursos del Fondo de Inversión Pública, organismo que ha financiado desde los contratos de los jugadores hasta la expansión internacional del circuito. En medio de ese escenario, el director ejecutivo de la liga, Scott O’Neil, ha intentado transmitir calma, insistiendo en que la organización tiene un plan para seguir creciendo y que se preparan cambios estructurales que podrían reforzar el modelo de negocio.
Un circuito que depende de una inversión multimillonaria
Desde su creación, LIV habría recibido cerca de 6.000 millones de dólares por parte del PIF, una cifra que le permitió consolidarse rápidamente como una alternativa real dentro del golf profesional. Gracias a esos recursos, la liga pudo captar figuras de primer nivel, organizar eventos en distintos continentes y construir una identidad propia con un formato más corto, equipos fijos y una fuerte apuesta por el espectáculo. Sin embargo, el enorme gasto que requiere sostener esa operación también ha dejado en evidencia que el proyecto todavía está lejos de alcanzar equilibrio financiero.
Solo en premios, LIV tiene comprometidos cerca de 470 millones de dólares para esta temporada, mientras que a comienzos de año recibió una nueva inyección de 266 millones autorizada por Yasir al Rumayyan. Parte importante de esos recursos se destina a contratos de grandes nombres como Jon Rahm y Bryson DeChambeau, quienes se han convertido en los principales rostros del circuito. El propio O’Neil reconoció hace algunos meses que la rentabilidad de LIV podría tardar entre cinco y diez años, debido al alto costo que implica sostener su actual nivel de operaciones.
La expansión global y las estrellas como claves de supervivencia
Pese a las dudas, LIV continúa apostando por un crecimiento agresivo a nivel internacional. Actualmente organiza catorce torneos en diez países de cinco continentes y ya confirmó algunas de sus sedes para la próxima temporada, incluyendo Riad, Hong Kong, Adelaida y eventos en Sudáfrica. La liga también busca ganar terreno en mercados estratégicos como China, Japón e India, con la idea de ampliar su alcance más allá del público estadounidense.
En paralelo, la organización intenta fortalecer su área comercial mediante alianzas con empresas como HSBC, Aramco, Roshn Group, Salesforce y Rolex, acuerdos que han generado cerca de 500 millones de dólares en ingresos. Aun así, uno de los mayores desafíos para el futuro inmediato será asegurar la continuidad de sus principales figuras, especialmente DeChambeau, cuyo contrato finaliza al cierre de la temporada y cuya permanencia es vista como fundamental para mantener la visibilidad y el atractivo comercial de la liga.
