Más allá de la maternidad: la otra brecha del deporte femenino
Javier Nieto
abril 2, 2026

El nuevo movimiento anunciado en Reino Unido afecta a un terreno muy concreto: la revisión de las coberturas de seguro para deportistas mujeres en cuestiones como embarazo, anticoncepción, menopausia, Red-S y otras condiciones que afectan a las mujeres. La iniciativa forma parte de la aplicación de las recomendaciones de la revisión independiente de Karen Carney sobre el fútbol femenino y ha llevado a la Women’s Football Taskforce a encargar a Loughborough University un trabajo con aseguradoras y corredores especializados para corregir exclusiones y puntos ciegos en las pólizas. Entre los pasos ya citados figura el de Aon, que ha ampliado sus pólizas de accidente personal para incluir como estándar el aborto espontáneo derivado de un accidente deportivo, mientras otros actores del sector revisan sus productos para deportistas.

Ese avance, sin embargo, no describe por sí solo el mapa real de protección construido hasta ahora. Lo más desarrollado en los últimos años no ha sido una cobertura amplia y homogénea sobre salud femenina específica, sino un bloque mucho más reconocible de medidas centradas en maternidad, permiso parental, estabilidad contractual, retorno a la competición y apoyo logístico al cuidado de hijos. El propio estudio publicado en British Journal of Sports Medicine detectó políticas en 20 federaciones internacionales y concluyó que menos de la mitad de las federaciones internacionales tenían medidas específicas para deportistas embarazadas, en posparto o con hijos, con una implantación muy desigual según deporte y tipo de apoyo.

El avance más visible

Buena parte de los casos más sólidos han ido por esa vía. FIFA ha ampliado desde 2020 su marco regulatorio para incluir maternidad, adopción, permisos familiares, lactancia, salud menstrual, reglas especiales de inscripción y apoyo a jugadoras de selecciones y sus familias, mientras que en Inglaterra la FA y la PFA pactaron una mejora de maternidad, enfermedad e incapacidad de larga duración para las jugadoras de la Women’s Super League y la Women’s Championship. En rugby, la RFU y la RPA aprobaron en 2023 una política para las internacionales inglesas con 26 semanas de baja por maternidad a salario completo, posibilidad de pasar a funciones seguras durante el embarazo, extensión contractual mínima de 12 meses si hay renegociación durante ese periodo y cobertura de viaje y alojamiento para bebé y acompañante en concentraciones y competiciones.

El mismo patrón aparece en otros entornos con medidas más materiales que médicas. AC Milan anunció en 2024 una política que garantiza renovación automática de contrato por un año en las mismas condiciones si el embarazo coincide con la última temporada del vínculo, además de asistencia con cuidado infantil y gastos de desplazamiento para hijo y acompañante. En Australia, Cricket Australia y la Australian Cricketers’ Association implantaron un permiso parental remunerado de hasta 12 meses, extensión contractual para quienes toman la baja y cobertura de vuelos y alojamiento para hijo y cuidador en el regreso a la competición. La lógica común en todos esos casos no es todavía una cobertura integral de la salud femenina, sino una protección más clara del empleo, la carrera y la vuelta al alto rendimiento.

Más apoyo, pero desigual

Ese desarrollo también forma parte de la WNBA y la WNBPA, quienes cerraron en 2020 un convenio que incluyó salario íntegro durante la baja por maternidad, una ayuda anual de 5.000 dólares para cuidado infantil, apartamentos de dos habitaciones para jugadoras con hijos, espacios para lactancia y hasta 60.000 dólares de reembolso para adopción, gestación subrogada, criopreservación de ovocitos o tratamientos de fertilidad. Medidas que han pedido mejorar en este nuevo convenio para 2026. En tenis, la WTA añadió en 2025 una regla de protección de ranking para jugadoras que se sometan a procedimientos de preservación de fertilidad, como congelación de óvulos o embriones, ampliando un paquete previo de apoyo familiar y maternidad.

Aun así, la expansión de medidas no ha eliminado la desigualdad de base entre disciplinas ni ha generado un estándar común. La guía lanzada por FIFPRO en 2024 sobre embarazo y retorno al juego tras el parto nació precisamente de esa falta de conocimiento compartido en el fútbol profesional y de la variación en cómo los clubes acompañan a las jugadoras durante el embarazo y el posparto. El trabajo del British Journal of Sports Medicine describe algo parecido a escala internacional: entre las federaciones con políticas detectadas, lo más frecuente sigue siendo la congelación de ranking, puntos o cupos, mientras que los apoyos más amplios son mucho menos habituales.

La cuenta pendiente

Ahí es donde el nuevo frente del seguro resulta más significativo. El paquete impulsado en Reino Unido pone el foco en embarazo, anticoncepción, menopausia, Red-S y otras condiciones que afectan de forma desproporcionada a las deportistas, una agenda mucho menos consolidada que la de la maternidad o la protección contractual. En paralelo, el proyecto europeo Active and Equal, impulsado por el Consejo de Europa y la Unión Europea, se ha presentado en 2026 con el objetivo de situar la salud femenina en el centro del deporte, elaborar el primer mapeo paneuropeo de barreras fisiológicas, psicológicas y sociales y romper el silencio sobre cuestiones como menstruación y menopausia.

Ese contraste también aparece en los vacíos que identifica la literatura académica. La revisión del British Journal of Sports Medicine halló siete de ocho grandes tipos de apoyo posibles, pero no encontró políticas específicas de cuidado infantil en las federaciones internacionales analizadas, y señaló además que solo dos organizaciones, UCI y FIFA, contemplaban compensación económica durante el tiempo fuera de la competición, mientras que FIFA era la única con una previsión explícita sobre espacios de lactancia en ese universo revisado. El mismo estudio advierte de que muchos marcos actuales siguen cargando sobre médicos, entrenadores y propias deportistas la toma de decisiones en ausencia de guías más homogéneas y más amplias.